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01/03/2016 14:02 CET | Actualizado 01/03/2016 16:17 CET

Cuatro provincias injustamente olvidadas que debes conocer ya

Son las 'cenicientas' de nuestra geografías, esas que los "guiris" ni saben pronunciar porque, probablemente, no han oído nunca hablar de ellas. Pero lo peor es que también hay mucha gente de toda España que no han ido a alguna de ellas ni de paso. Podríamos nombrar más, pero de momento hemos elegido estas cuatro por justicia poética. Si las conoces sabes de lo que hablamos, si no, no sabes lo que te estás perdiendo.

HUELVA

La capital. Huelva tiene un lugar en la Historia como una de las ciudades más antiguas de Occidente, pero también por su vinculación con América, al encontrarse junto a los llamados Lugares Colombinos, en los que se gestaron los viajes de Colón al Nuevo Mundo. Hoy, Huelva tiene un perfil moderno y comercial, aunque alberga lugares de interés de otras épocas como la Catedral de la Merced, la Iglesia de la Milagrosa, el Palacio de Mora Claros o, sobre todo, el Barrio Reina Victoria (o Barrio Obrero), construido por los ingleses a principios del siglo XX.

Es obligatorio pasear por la Plaza de Las Monjas o la calle Concepción, disfrutar con las vistas de las Marismas del Odiel desde el Conquero, abrir el apetito con la extraordinaria exhibición de pescado y marisco fresco del nuevo Mercado del Carmen, o pasear por el Paseo de la Ría, donde se encuentran dos emblemas de la capital, el Muelle del Tinto, de 1873, por el que se embarcaban los minerales llegados desde Riotinto, y el Monumento a la Fe Descubridora (1929), de la escultora norteamericana Gertrude Vanderbilt Whitney.

Un pueblo imperdible. Poco antes de que el Guadiana desemboque en el Atlántico pasa junto a Sanlúcar de Guadiana, una sorpresa para todo el que lo visita, sobre todo para los que aman el sosiego. Un pequeño entramado de casas blancas y calles empinadas custodiado por un viejo castillo. En la orilla aguarda un barquero dispuesto a cruzarte al otro lado, donde espera Alcoutim, ya en Portugal.

Un paisaje espectacular. La biodiversidad de Doñana o la belleza de salvaje de algunas playas son indiscutibles, pero, por extraordinario, el paisaje marciano del Río Tinto (sobre todo en las inmediaciones de Minas de Riotinto) con sus colores imposibles: el tinto del agua, el rojo de la tierra, son difíciles de olvidar.

Una foto obligatoria. En plena Sierra de Aracena, y rodeada de bosques, se encuentra un pueblo de postal, Alájar, con sus paredes blancas y sus calles empedradas. Para verlo y tomar una panorámica desde arriba, sube a la Peña Arias Montano, declarada Bien de Interés Cultural. Merece la pena.

Un selfie. Visita el Muelle de las Carabelas y hazte una foto en cualquiera de las réplicas de las embarcaciones con las que Colón y su troupe llegaron, por error, a América.

Un plato. Habas con chocos. Es el plato típico, sobre todo, de la capital. Se trata de un sencillo guiso donde la legumbre comparte protagonismo con una especie de cefalópodo similar a la sepia y muy típica de aquí.


PALENCIA

La capital. No llega a los 80.000 habitantes, y ese es uno de sus grandes encantos, ya que Palencia es una ciudad perfecta para caminar (o pedalear). Tiene río (el Carrión), numerosas zonas verdes, vestigios arquitectónicos y tabernas para llenar el estómago con fundamento. En un recorrido básico no pueden faltar La Catedral de San Antolín (s. XIV-XVI), una joya a la que llaman la Bella Desconocida; el Palacio de la Diputación; la Iglesia de San Miguel, donde dice la leyenda que se casó el Cid Campeador con Doña Jimena; el Hospital de San Lázaro; la iglesia de San Pablo; la Ermita Románica de San Juan Bautista o la preciosa Plaza de Abastos. También son recomendables las visitas al Museo de Arte Contemporáneo Díaz Caneja y, por ubicación y contenido, el Museo del Agua. Y, cómo no, dejarse llevar por la Calle Mayor hasta los Cuatro Cantones, merodear por Don Sancho o la Cestilla, sentarse un rato en la Plaza Mayor, etc.

Un pueblo imperdible. En la comarca de Tierra de Campos se encuentra Ampudia, viejísima población que aún guarda el sabor de su antiguo esplendor, ya que incluso llegó a ser sede episcopal. El Castillo, del siglo XV, y la Colegiata de San Miguel (s. XVI) custodian un entramado medieval digno de visitar.

Un paisaje espectacular. El monumento natural de Las Tuerces, al norte de la provincia, es un capricho geológico, que se ha ido formando a lo largo de millones de años por efecto de las aguas del río Pisuerga, que se abren paso en una zona de páramos calizos, dando lugar al espectacular cañon de La Horadada. Un laberinto de puentes y arcos naturales, pequeños cañones, callejones, grutas...

Una foto obligatoria. La provincia de Palencia es la zona más rica en monumentos románicos de Europa, así que cuál de ellos se merece más la foto es algo tan subjetivo que lo dejamos a tu elección.

Un selfie. Con el Cristo del Otero, que domina la capital palentina, y ya de paso, podemos sacar una panorámica de la ciudad.

Un plato. Sopa de Chichurro, por su particularidad, sencillez y sabor. Se trata de un guiso a base de morcilla, panceta y pan.


OURENSE

La capital.Ourense es una ciudad pegada a un río. Y a un puente, porque el puente romano que comunica las dos orillas del Miño es su mayor seña de identidad. Lo más destacable se encuentra en la Ciudad Vieja, como la Plaza Mayor, centro de la vida social y comercial, con el Ayuntamiento y el antiguo Palacio Episcopal, hoy Museo Arqueológico Provincial (s. XII). Desde esta plaza se puede pasear por el casco antiguo para descubrir bellas iglesias como las de Santa María Madre, Santo Domingo o Santa Eufemia, además de la Catedral de San Martiño (s. XII). Todo el centro histórico es una grata sorpresa para el turista novato, pero destacan edificios como el Palacio de Oca-Valladares, una casona renacentista, coquetas plazas como la de la Magdalena o la Plaza del Trigo o las célebres Burgas o fuentes termales, manantiales de los que brotan aguas a una temperatura de entre 64ºC y 68 °C.

Un pueblo imperdible.Allariz es como un cuento. Y no solo porque haya sido declarado Conjunto Histórico Artístico, gracias a una monumentalidad y una historia envidiables, sino también por el lugar donde se enclava, un hermosísimo paisaje fluvial creado por el curso alto del río Arnoia.

Un paisaje espectacular. La maravillosa Ribeira Sacra da para mucho. Además del espectáculo de los cañones y las terrazas naturales, está salpicada por un gran número de monasterios e iglesias medievales muy bien conservadas. Un escenario magnífico lleno de tesoros.

Una foto obligatoria. No puedes dejar de visitar el Cañón del Sil, formado por paredes graníticas que en algunos tramos superan los 600 metros de caída vertical. Desde algunos miradores es imposible hacer una mala foto.

Un selfie. Si el hórreo es la construcción más típica de la región, en A Merca puede hacerte una foto con hasta 36 “canastros” (como se llaman por aquí). Es la mayor concentración de este tipo de estructuras en toda Galicia.

Un plato. Lacón con grelos, un clásico que no defrauda. Ya saben, lacón de cerdo lechón, grelos, patatas y chorizos. Cuanto más tiempo y más amor, mucho mejor.


ALBACETE

La capital. La ciudad más poblada de Castilla-La Mancha, Albacete, con algo más de 170.000 habitantes, tiene en su ADN la tranquilidad de la tierra, a la vez que el ajetreo de las grandes ciudades. En general, es una ciudad cómoda, donde no hay grandes distancias pero sí grandes espacios, y casi todo queda a mano. Entre sus atractivos turísticos se encuentra la Catedral de San Juan Bautista. También destacan el Antiguo Convento de la Encarnación, hoy centro cultural; la Posada del Rosario, donde se encuentra la oficina de turismo; el Gran Hotel; la plaza de toros, que sirvió de modelo para la de Las Ventas, en Madrid; o el emblemático Pasaje Lodares, una histórica galería comercial situada entre las calles Tinte y Mayor.

También tiene algunos museos interesantes como el Arqueológico Provincial, el del Niño o el de la Cuchillería. Entre la plaza del Altozano y la de la Catedral se concentra el mayor bullicio. Y en la zona de la calle de Tejares se concentra el tapeo. Y para dar un paseo tranquilo, el parque Abelardo Sánchez, pulmón verde de la ciudad.

Un pueblo imperdible. Declarado conjunto histórico-artístico en 1982, la localidad de Alcalá de Júcar también se conoce como "la joya de la corona" manchega. Aires medievales en sus calles, un entorno natural (la Hoz del Júcar) fantástico y una gastronomía de 10.

Un paisaje espectacular. El pantano de Arroyo Frío, en el corazón de la sierra albaceteña, una laguna artificial con aguas turquesas que invitan al baño.

Una foto obligatoria. Uno de los secretos a voces de la provincia de Albacete es el paraje del nacimiento del río Mundo, entre Vianos y Riopar, que acoge un paisaje kárstico de gran belleza por la erosión que provoca el paso del agua. La cascada del nacimiento es la foto más buscada, aunque su caudal varía mucho según la época del año en la que se visite.

Un selfie. La localidad de Ayna, calificada como la Suiza Manchega por la belleza de sus paisajes, fue el escenario de Amanece, que no es poco (1989). Hay una ruta con lugares de la película donde podemos recrearnos con el recuerdo de esa gran obra.

Un plato. Claro que las migas y las gachas están a la orden del día, pero esta vez nos quedamos con el Atascaburras, un plato muy típico hecho a base de patatas, bacalao, huevo cocido y nueces. Rico y contundente.

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