ECONOMÍA
23/07/2018 01:31 CEST | Actualizado 23/07/2018 01:31 CEST

Una jornada laboral de cuatro días: el experimento de gran éxito de una empresa neozelandesa

Aumentaron la productividad y la puntualidad y se redujeron el absentismo y el estrés.

GTRES

¿Te imaginas tener un puente cada fin de semana? Eso es lo que ha puesto en marcha una empresa neozelandesa especializada en testamentos y fideicomisos. Desde que Perpetual Guardian redujo la jornada laboral un día sin tocar los sueldos, sus empleados aumentaron su productividad y creatividad.

Las ocho horas menos de trabajo no se notaron en el negocio durante los dos meses, marzo y abril, que duró el experimento. Los 240 trabajadores de la compañía acudieron al trabajo de lunes a jueves y tuvieron tres días de asueto.

Además de rendir más en la oficina, y de declararse más felices, fueron más puntuales y tomaron descansos más cortos. El absentismo laboral también se redujo. Los resultados han sido tan positivos que el Consejo de Administración planea convertir el experimento en realidad.

Perpetual Guardian contó con la Universidad Tecnológica de Auckland para estudiar los datos antes y después del experimento de reducción de jornada de 40 a 32 horas. Al finalizar la prueba, los empleados aseguraban tener mejor equilibrio entre su vida laboral y personal y su estrés se redujo ocho puntos.

"Hemos visto un aumento en el compromiso y la satisfacción del personal por el trabajo que desempeñan al mismo tiempo que no hemos apreciado una caída en la productividad", ha señalado el director ejecutivo de Perpetual Guardian, Andrew Barnes.

Los trabajadores diseñaron prácticas para mantener la productividad

Para hacer el mismo trabajo en menos horas, el personal diseñó varias iniciativas para ser más eficiente y productivo, como la automatización de procesos manuales o la reducción del uso de Internet que no estuviese relacionado con el trabajo, además de celebrar reuniones de 20 minutos en lugar de dos horas.

Barnes considera que la reducción de la jornada laboral sin que afecte al sueldo puede ayudar a eliminar la desigualdad entre hombre y mujeres en el ámbito laboral. Propone que los negocios se centren en la productividad de sus trabajadores y no en las horas trabajadas.

Este sistema permitiría premiar, y no penalizar, a quien cumple objetivos y realiza su trabajo en menos tiempo. Solventaría también la falta de tiempo personal y facilitaría la realización de ejercicio físico, mejorando la salud, a la vez que fomentaría el consumo, pilar del funcionamiento del capitalismo.

Como obstáculos para implementar esta iniciativa, el ejecutivo neozelandés pone en el punto de mira las leyes de su país, que se basan todavía en el número de días y horas trabajadas para, por ejemplo, regular los días de vacaciones.

Experimentos anteriores en Suecia, Francia y Alemania

No es la primera vez que se ponen en práctica medidas similares. Un tribunal de Gotemburgo (Suecia) redujo la jornada laboral a seis horas en 2015, manteniendo el mismo sueldo. Los resultados fueron muy similares a los registrador en Perpetual Guardian, aunque a los dos años las presiones del centro-derecha y los empresarios acabaron con el experimento, alegando que era demasiado caro.

En el año 2000, Francia implantó la semana laboral de 35 horas. Cuando las empresas empezaron a quejarse de que eran menos competitivas y la contratación más cara, comenzaron a hacerse excepciones hasta que finalmente ha quedado en nada.

En febrero, uno de los mayores sindicatos de Alemania consiguió que los obreros del sector metalúrgico del estado de Baden-Württemberg (sudeste del país) pudieran acogerse a la jornada de 28 horas, siempre con la puerta abierta a regresar a la de 35 cuando quisieran.

IG Metall no consiguió que la reducción de jornada no se reflejara en el sueldo pero ha vuelto a poner sobre la mesa este asunto, que refleja un cambio de mentalidad: ¿cuántos estarían dispuestos a trabajar menos horas sin peligro de perder el empleo, aunque eso significara ganar algo menos?

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