INTERNACIONAL
05/10/2018 13:26 CEST | Actualizado 05/10/2018 13:26 CEST

Nadia Murad, de esclava sexual del Estado Islámico a Nobel de la Paz

Ha sobrevivido a los peores horrores y se ha convertido en un icono de los yazidíes.

EFE

Con tan solo 25 años, Nadia Murad, que recibió este viernes el premio Nobel de la Paz junto al ginecólogo congoleño Denis Mukwege, ha sobrevivido a los peores horrores infligidos por el Estado Islámico a su pueblo, los yazidíes de Irak, y se ha convertido en un icono de esta comunidad amenazada.

Esta joven iraquí de rostro pálido y voz aterciopelada podría haber tenido una vida apacible en su pueblo natal, Kosho, cerca del bastión yazidí de Sinjar, una zona montañosa entre Irak y Siria. Pero el rápido ascenso del grupo yihadista Estado Islámico (EI) en 2014 cambió su destino.

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Nadia Murad, cerca de Sinjar, Irak el 1 de junio de 2017

Un día de agosto, en camionetas con la bandera negra, asaltaron, mataron a los hombres, a los más jóvenes los convirtieron en niños soldados y sentenciaron a miles de mujeres a trabajos forzados y esclavitud sexual.

Incluso hoy, Nadia Murad --al igual que su amiga Lamiya Aji Bashar, con la que ganó el Premio Sájarov del Parlamento Europeo en 2016-- repite sin cesar que más de 3.000 yazidíes siguen desaparecidas y que probablemente siguen aún en cautiverio.

AFP
Nadia Murad y Lamia Haji Bashar, al recoger el Premio Sajarov en el Parlamento Europeo

Los yihadistas quisieron "robarnos nuestro honor pero perdieron su honor", había afirmado ante los eurodiputados Murad, quien fue nombrada embajadora de buena voluntad de la ONU y lucha en favor de la protección de las víctimas del tráfico de personas.

Además de sufrir torturas y violaciones, Murad tuvo que renunciar a su fe yazidí, una religión ancestral despreciada por el EI, practicada por medio millón de personas en el Kurdistán iraquí. "Lo primero que hicieron fue forzarnos a convertirnos al islam. Después hicieron lo que quisieron", relató Nadia a la agencia AFP en 2016.

Al igual que miles de otras yazidíes, a Nadia Murad la casaron por la fuerza con un yihadista que la golpeó, como contó en un conmovedor discurso ante el Consejo de Seguridad de la ONU en Nueva York. "Incapaz de soportar tanta violación y violencia", según sus propias palabras, logró huir gracias a la ayuda de una familia musulmana de Mosul.

Con documentos de identidad falsos, llegó al Kurdistán iraquí, a unas pocas decenas de kilómetros al este de Mosul, donde se unió a las miles de personas desplazadas en campos. Allí, después de enterarse de la muerte de seis de sus hermanos y de su madre, contactó a una organización que ayuda a yazidíes para que la ayudaran a encontrar a su hermana en Alemania. Es en este país, donde todavía vive, donde se convirtió en portavoz de su pueblo, que contaba con 550.000 miembros en Irak antes de 2014. Hoy, casi 100.000 de ellos han abandonado el país y otros han sido desplazados al Kurdistán.

REUTERS

Desde Alemania intenta que se reconozca que las persecuciones cometidas en 2014 fueron un genocidio. Para eso, los yazidíes tienen una importante aliada: Amal Clooney, la abogada y activista de derechos humanos libanesa-británica, que escribió el prólogo del libro de Nadia Murad, Yo seré la última:Historia de mi cautiverio y mi lucha contra el Estado Islámico.

AFP

Hace exactamente un año, después de su apelación, el Consejo de Seguridad de la ONU se comprometió a ayudar a Irak a reunir pruebas de los crímenes.

La lucha de Nadia Murad también le ha reservado sorpresas personales. El 20 de agosto, la joven anunció en Twitter su compromiso con otro activista yazidí, Abid Shamdeen. "La lucha por nuestra gente nos ha unido y continuaremos este viaje juntos", escribió en la red social.

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