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12/12/2018 12:40 CET | Actualizado 12/12/2018 12:42 CET

El Ártico sufre un alarmante deshielo en 2018, el segundo año más cálido desde 1900

Los últimos cinco años han sido los más calurosos jamás registrados.

AFP Contributor via Getty Images

El calentamiento global está subiendo la temperatura del Ártico a un ritmo récord, reduciendo el hielo en la región e impulsando importantes cambios ambientales en todo el planeta, según ha advertido una agencia gubernamental estadounidense.

El año 2018 es el segundo más cálido en el Ártico desde que comenzó a llevarse un registro en 1900, según un informe de la Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés), que advirtió que el calentamiento ha alimentado "profundos cambios" en el ecosistema.

La agencia ha informado de que solo 2016 fue históricamente más cálido que 2018, el cual marcó en el Ártico 1,7 °C más que el promedio de las últimas tres décadas, con un calentamiento dos veces más rápido que el promedio mundial.

Los años más calurosos jamás registrados

La tendencia es clara: los últimos cinco años han sido los más calurosos jamás registrados, según la NOAA, que coordinó este informe de referencia escrito por más de 80 científicos de 12 países.

"La multiplicación de récords y casi récords de temperatura desde 2014 no tiene precedentes en la historia de los registros", ha advertido la agencia.

En el océano Ártico, el hielo se forma de septiembre a marzo, pero ese lapso se reduce inexorablemente con el paso de los años. El hielo es menos espeso, más joven y cubre menos océano. El hielo viejo, es decir, con más de cuatro años, se ha reducido en un 95% en los últimos 33 años.

Es un círculo vicioso: el hielo más joven es más frágil y se derrite a principios de la primavera boreal. Y menos hielo significa menos reflexión solar: el océano absorbe más energía y se calienta un poco más. Los últimos 12 años han sido los de más débil cobertura de hielo.

La aceleración del deshielo en Groenlandia se ha estabilizado

Por ejemplo, nunca ha habido tan poco hielo invernal en el Mar de Bering entre Rusia y Alaska como en 2017-2018. Por lo general, el invierno más fuerte llega en febrero, pero este año el hielo se derritió ese mes. Sólo quedaba una cuarta parte de lo normal.

El fenómeno del calentamiento global en esta zona del Ártico probablemente ha causado el deshielo prematuro de verano en los mares de Beaufort y Chukchi.

A la inversa, la aceleración del deshielo de la cubierta glaciar de Groenlandia se ha estabilizado, según la NOAA.

La agencia estadounidense tiene datos considerables. Sus satélites viajan 28 veces al día sobre el Ártico y proporcionan las lecturas más precisas sobre el hielo y los océanos. También se basa en una red de científicos, sensores y boyas.

Según esta oficina, los seis ríos de Eurasia que desembocaban en el Océano Ártico derramaron un 25% más de agua el verano boreal pasado en comparación con los años 80. Estos cambios climáticos tienen un efecto dramático en el ecosistema.

"El calentamiento continuo de la atmósfera y el océano árticos está causando grandes cambios en el sistema ambiental, en formas predecibles y sorprendentes", resumió la agencia.

Las poblaciones de caribúes y renos salvajes de la tundra han disminuido desde mediados de los años 90.

Solo dos de las 22 manadas monitorizadas no disminuyeron. Cinco perdieron más del 90% de sus miembros en la región de Alaska y Canadá y 'no muestran signos de recuperación'.

'Algunas manadas tienen poblaciones en el nivel más bajo jamás registrado', advierte la agencia. La mayoría están clasificadas oficialmente como raras o en peligro de extinción.

La causa probable es el alargamiento del verano y sus males para los animales, bien equipados para el invierno pero no para la estación cálida por los parásitos, pulgas, enfermedades.

Por el contrario, el calentamiento ayuda a las algas rojas tóxicas (plancton microscópico o algas más grandes) a conquistar nuevos territorios al penetrar en las aguas cada vez menos frías del Ártico, donde los peces y los mariscos pueden envenenarse.

'Los datos recopilados en la última década muestran claramente que existen múltiples especies de algas tóxicas en la cadena alimentaria del Ártico en niveles peligrosos y es muy probable que este problema persista y empeore en el futuro', según la NOAA.