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28/11/2018 07:12 CET | Actualizado 28/11/2018 07:12 CET

Cambiarse legalmente la edad y otras provocaciones de la derecha

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Emile Ratelband, el holandés que quiere cambiar su edad.

Un holandés de 69 años quiere cambiarse legalmente la edad porque se siente de 49. Todos hemos leído esa noticia. A mí me pareció tremendamente sospechosa... por eso os traigo ahora una entrevista con la académica holandesa Sarah Bracke, experta en estudios de género. Sus palabras pueden arrojar mucha luz sobre esta supuesta reivindicación. No se confundan: es una burda provocación de la derecha. Veamos los motivos.

ANDRÉS LOMEÑA: Un holandés ha solicitado cambiarse de edad de forma legal porque dice sentirse veinte años más joven. Parece una broma, pero creo que es algo peor que una broma. Este ciudadano está intentando desacreditar los derechos de las personas transgénero, los estudios de género y la teoría queer. ¿Qué respondería usted para aclarar esta controversia?

SARAH BRACKE: No te falta razón al sospechar que esto no es la broma que finge ser. Emile Ratelband no es un simple "ciudadano holandés"; él tuvo su papel dentro del partido político Leefbaar Nederland, que es la misma agrupación donde comenzó su trayectoria el político holandés Pim Fortuyn [asesinado en 2002], conocido por ser el protagonista del aumento del populismo de derecha en Holanda. Ratelband no ha podido consumar la carrera política que profetizó para sí mismo: su candidatura para liderar Leefbaar Nederland en 2003 no consiguió el apoyo suficiente, y el proyecto de crear su propio partido fracasó. Desde entonces ha sido un emprendedor algo excéntrico y un gurú del "positivismo", pero sus perspectivas políticas nunca desaparecen, como tampoco lo hace su impulso por llamar la atención. Así que esta acción legal no es simplemente la de un ciudadano divirtiéndose con la sinrazón de nuestro tiempo, todo esto está estrechamente relacionado con el universo populista que ha crecido en varios lugares desde hace un tiempo.

También tienes razón al señalar que el objetivo de esta supuesta broma no son solo los derechos de las personas transgénero. Se desprestigia toda una manera de pensar acerca del género, la sexualidad y la realidad social en su conjunto. Desde el constructivismo social exploramos cómo se crean y consolidan las realidades sociales, y cómo se ejerce el poder. Esos análisis han sido cruciales para generar formas sofisticadas y fiables de entender los diferentes problemas, cada vez más complejos, y los diversos modos de vivir. Pero hacen algo más: si entendemos cómo se materializan los mundos sociales, también adquirimos conocimientos sobre cómo podrían organizarse. Esto choca frontalmente con la economía política neoliberal, con su lema bien arraigado de que no hay alternativas. Parte de los ataques a las perspectivas socioconstructivistas provienen del dogma neoliberal: esto va, en otras palabras, de cercenar las posibilidades de concebir el mundo de otra forma.

A.L.: Me pregunto si los medios de comunicación están transmitiendo, ya sea consciente o inconscientemente, un mensaje de profundo escepticismo y odio hacia el movimiento LGTB.

S.B.: Los medios de comunicación y los medios sociales tienen un papel crucial a la hora de construir y extender el discurso del odio y los hechos alternativos. Hay muchos ejemplos de campañas bien orquestadas contra las minorías sexuales o las personas transgénero. Por ejemplo, se filtró un proyecto de ley de la administración Trump para definir el género en términos legales como una cualidad inmodificable de la persona basada en los genitales con los que nace. Y una parte de los medios se inscribe en esas campañas, es decir, son parte de esas campañas. Pero no nos enfrentamos solo a esos ataques deliberados, también hay una amplia confusión e ignorancia cuando tratamos asuntos como el "género" o la "libertad de expresión".

Para muchas personas, la idea de que el sexo no es binario es despreciada como ideología, y nunca se entiende como un reflejo exacto del conocimiento científico disponible sobre el sexo y el género. Y la libertad de expresión se entiende cada vez más como una carte blanche para cualquier tipo de discurso, concretamente el discurso de odio. Lo que se propaga en estos contextos es una relativización de las ideas y del conocimiento, como si ya no hubiera estándares científicos y éticos para distinguir entre las diferentes reivindicaciones de las personas. Esta cualidad de la postverdad de nuestros tiempos tiene su propia infraestructura y modo de producción: en lo que se refiere a los medios, hemos presenciado, hasta cierto punto, el reemplazo del periodismo de investigación por noticias rápidas y populares que atraen los clics, las compras o las visitas, sin que haya incentivos para dotar de contexto y reflexión a las historias complejas. La broma sobre cambiarse legalmente la edad es una pequeña noticia ideal para esta denuncia: es una noticia trivial, se presenta como una broma, las conexiones políticas y su verdadero significado no se exploran y contribuye a socavar y despreciar las vidas de las personas transgénero, ridiculizando aquello que hace esas vidas posibles y soportables.

Si hablamos de fragilidad, la que me parece que se ha hecho cada vez más visible es la de los hombres blancos, es decir, la fragilidad de aquellos que ven amenazados sus privilegios...

A.L.: Me gustaría no perder el tiempo con gurús como Jordan Peterson, pero mucha gente aplaude sus ideas. ¿Por qué está teniendo tanto éxito?

S.B.: La base de seguidores de Peterson es, en buena medida, la llamada "machosfera". Creo que Peterson sabe hablar a jóvenes, en su mayoría blancos, que sienten que han perdido privilegios en este mundo. Hay un núcleo de verdad en todo esto: la supremacía blanca y el patriarcado como sistemas de poder sistemáticos han sido cuestionados y desafiados. Aún estamos muy lejos de una redistribución real del poder o de los recursos, ya que aún vivimos en tiempos de grandes desigualdades. No obstante, el sentimiento de pérdida (de privilegios) prevalece, y Peterson sabe cómo llegar a esas emociones, y también cómo responder a nivel afectivo a la promesa de que esos sentimientos serán rehabilitados. Peterson es consciente de que esa restauración afectiva tiene como premisa deshumanizar a otros (sobre todo a mujeres y personas transgénero), pero le da igual. Prefiere congraciarse con el dolor de esos hombres blancos cuyos destinos defiende. He ahí el momento literal en el que empieza a llorar en algunas de sus apariciones públicas, sin tener en cuenta el destino de quienes mueren (mujeres, principalmente) a manos de una pequeña parte radicalizada de sus seguidores.

A.L.: La derecha política ha criticado a la llamada generación copo de nieve por tener la piel demasiado fina. ¿Nos ofendemos con demasiada facilidad?

S.B.: ¡Eso sí que es una broma! Muchos de esos intelectuales no toleran la crítica: Peterson ha demandado a una colega porque no le gustó la crítica que hizo de su libro. Desde sus propios estándares morales, eso sí que debería ser considerado como de copo de nieve.

Esa expresión se usa para infravalorar un tipo de fragilidad que se considera desmesurada. Se utiliza concretamente para deslegitimar a quienes están comprometidos con la inclusión y la justicia social. Si hablamos de fragilidad, la que me parece que se ha hecho cada vez más visible es la de los hombres blancos, es decir, la fragilidad de aquellos que ven amenazados sus privilegios y reaccionan a la defensiva, a menudo con violencia. En suma, esa etiqueta es más bien una cortina de humo.

Creo que es importante encontrar y valorar las comunidades donde uno puede desarrollar el pensamiento crítico y enriquecer esa idea de comunidad.

A.L.: Betsy Cairo ha dicho que ya no se considera feminista, sino igualitarista. Jessa Crispin tampoco se considera feminista según su manifiesto feminista. ¿Puede arrojar un poco de luz a esta situación esquizofrénica?

S.B.: Creo que hay que hacer algunas distinciones importantes entre los diversos tipos de declaración de "yo ya no soy feminista". Algunas de esas afirmaciones tienen que ver con criticar todo el feminismo, mientras que otras reflejan ciertas posturas críticas hacia el feminismo, una cierta autocrítica, si así lo prefieres. Dibujar esa línea no siempre es fácil, ya que es una zona gris. Cairo, como bióloga, está muy comprometida con mostrar que el sexo no es binario, y su compromiso le hace cuestionar el feminismo, como si este nos atara al código binario. Esa no es mi forma de entender el feminismo. Al contrario, yo creo que el feminismo nos ha permitido deshacer las dicotomías, pero puedo entender lo que le preocupa a Cairo.

Por su parte, Crispin tiene críticas muy legítimas sobre el feminismo liberal. No olvidemos que el pensamiento feminista negro siempre tuvo críticas elaboradas y legítimas sobre el blanco. Muchas feministas negras han seguido situándose dentro de la tradición feminista, mientras que otras rechazan la etiqueta y la propia tradición, y se han llamado a sí mismas "mujeristas". Así que no creo que vivamos en una permanente esquizofrenia, solo creo que esto nos lleva a la pregunta por la crítica, a pensar en las posibilidades de (re)apropiación y a saber dónde se ubica una misma.

A.L.: Afortunadamente, hay algunas buenas noticias. Vi el monólogo Nanette en Netflix y creo que es una verdadera obra maestra. ¿Tiene alguna recomendación para los lectores del Huff?

S.B.: La verdad es que Nanette es brillante. Últimamente he estado escuchando la poesía de Andrea Gibson. El tema sobre la masacre de Orlando es hermoso.

A.L.: Le agradezco sus palabras. Han sido verdaderamente esclarecedoras.

S.B.: Creo que es importante encontrar y valorar las comunidades donde uno puede desarrollar el pensamiento crítico y enriquecer esa idea de comunidad; ahí es donde se puede deshacer el dogma de que no hay alternativas, resistiéndonos a unas normas asfixiantes y letales, y posibilitando mundos diferentes al actual.

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