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31/10/2018 13:53 CET | Actualizado 01/11/2018 00:02 CET

Villamierda

Agencia EFE
El excomisario José Manuel Villarejo.

Las interminables entregas de las escuchas con micrófono oculto del comisario Villarejo, aventadas con clara intencionalidad y aparente complicidad, han sido como levantar la tapa de una alcantarilla. Se ha expandido un insoportable olor a mierda, como el que es habitual en las cercanías de las chapuceras plantas de depuración de aguas residuales. Sólo que en este caso no se depura nada: la opinión pública asiste atónita a un espectáculo indecente.

Un policía que ocupó puestos de la máxima confianza, y cuyos trapicheos eran conocidos desde hace años, o decenios, hace públicas sus hazañas a modo de confesiones grabadas ilegalmente, que no solo prueban las sospechas, sino que desnudan su verdadera condición de funcionario indigno y felón. Otra conclusión: ¿Cómo es posible que personas a las que por su alto cargo se les supone inteligencia, experiencia y prudencia, caigan como conejillos de indias en la pegajosa red de atrapatontos y corruptelas de este comisario- empresario? Y una derivada: ¿Cómo es posible que los gobiernos, que han estado al tanto de sus trapisondas no las hayan cortado en cuanto tuvieron indicios de ello? Lo dice la ley: el funcionario público que tuviere indicio de la comisión de un delito ha de acudir inmediatamente a ponerlo en conocimiento de la Fiscalía o del juzgado; y, por supuesto, con carácter preventivo procede una severa cuarentena de los susodichos.

El 'caso Cospedal' es muy representativo de la falta de escrúpulos de las dos partes: la del policía corrupto y la de políticos que traspasan la línea. No es lo mismo pillar en una tertulia de amigos, con el infiltrado armado de grabadora, que lleva como una prótesis camuflada, a una locuaz jueza, años más tarde ministra de Justicia, que se traga el anzuelo hasta la empuñadura de la caña, que el que la secretaria general del PP llame al comisario para obtener información policial y judicial sobre las investigaciones de la trama Gürtel. Y que sea el marido de la misma el que haga de intermediario, o comadrona y, dando pruebas de la verdadera intencionalidad ilegal del hecho, disponga un coche con cristales tintados y una entrada segura por el garaje de Génova 13 (el 13 es tenido como número de mala suerte) en horas en las que no habrá incómodos testigos. Villarejo y De Cosdedal, pues, convertidos en cómplices, sólo que uno es el zorro y otra la gallina.

El embalse de mierda acumulada por las escuchas de años, por el método de tirar de la lengua a estúpidos engreídos no para de crecer, y ya se han abierto las compuertas de desagüe

Pero desde una parte, influyente, de la cúpula policial y de Interior –probablemente también con el conocimiento de la Presidencia del Gobierno- se le han perdonado, o ignorado, que es otra fórmula, sus pecados, o se ha ejercitado lo de 'el enemigo de mi enemigo es mi amigo', desconociendo las leyes elementales que rigen la conciencia de los traidores: la primera, no tienen conciencia; segundo, no tienen amigos; tercero, no tienen honor... y así sucesivamente.

Pero hay excepciones, como publicaba El País el domingo 30 de septiembre de este 2018. "La cúpula policial del PP durante el mandato de Jorge Fernández Díaz (cuyas sucesivas destituciones de mandos hasta encontrar cargos serviles están bien reflejadas en la prensa de la época) al frente del Ministerio del Interior archivó de un plumazo en abril de 2015 un extenso informe del departamento de Asuntos Internos de la Policía en el que se denunciaban los negocios privados y supuestamente ilícitos del entonces comisario José Manuel Villarejo. Para ello se sirvió de otro informe, muy breve y elaborado sin hacer la más mínima indagación, encargado por el entonces Director Adjunto Operativo (DAO) de la Policía Eugenio Pino, íntimo amigo de Villarejo. Rubén López, el inspector que descubrió la trama, y que fue después apartado del caso y enviado a un puesto de inferior rango, acaba de presentar una querella contra la antigua cúpula de Interior".

Sorprende cómo en estos tiempos que corren, cuando las escuchas telefónicas legales, es decir, autorizadas por los jueces, son habituales, políticos con escamas y colmillos retorcidos, habituados al tiburoneo, las zancadillas y las conspiraciones, no hayan reparado en que con este tipo de personajes propensos a 'hacer favores' extralegales nada es confidencial y todo tiene un precio, al contado o ya dirá el futuro.

Cada cierto tiempo la realidad supera a la ficción; esas películas francesas o americanas sobre los servicios secretos, que a veces parecen salidas de una mente enferma, no son delirios de una mente enferma. Las cloacas suelen destupirse además por policías chapuceros, a los que aparte de ser poco fiables e incompetentes en lo que no sea el engaño y el timo, les atonta la posibilidad de hacer caja o bien sisando fondos reservados o bien haciendo chantajes. La historia reciente de España tiene varios casos abracadabrantes e increíblemente reales: recordemos a Amedo... o, ya puestos, al sinvergüenza de Luis Roldán, que engañó a todos y llegó a ser director general de Guardia Civil en el Gobierno socialista. O a Paesa, el 'muerto' que resucitó.

Se trata, claramente, de un intento de golpe al Estado fríamente calculado. Las diferencias con el golpe de Estado fallido de los separatistas catalanes no son tan grandes

El embalse de mierda acumulada por las escuchas de años, por el método de tirar de la lengua a estúpidos engreídos – asombrosa la 'amable' charla de Villarejo en Londres con Corina, la comisionista y pilladora de oportunidades y amiga íntima, por decirlo así, del Rey Juan Carlos, con el ex presidente de Telefónica Juan Villalonga, el amiguito de pupitre de Aznar, haciendo de amigable celestina, no se sabe aún claramente ni por qué ni para qué- o de escuchar los favores que se le pedían, no para de crecer, y ya se han abierto las compuertas de desagüe. Muchos años dan para mucho tiempo de intoxicación y amedrentamiento.

Se trata, claramente, de un intento de golpe al Estado fríamente calculado. Las diferencias con el golpe de Estado fallido de los separatistas catalanes no son tan grandes a fin de cuentas: fue cuando la corrupción del 3% cruzó la raya cuando Convergencia lanzó el gran chorro de tinta de calamar gigante y Artur Mas aprovechó el capital acumulado durante décadas de adoctrinamiento que, como diría el profesor Lázaro Carreter, era una fábrica de producción masiva de 'humanoides catatónicos', para lanzar el 'procés'.

Probablemente ha creído Villarejo que 'eso' es posible cuando las escuchas son de dominio público y afectan a tantos de tantas instituciones que deberían estar sensatamente aterrorizados de que se descubran sus vergüenzas. Pero olvida que cuando hay muchos que sienten en sus nucas el aliento del cazador convierten en presa a su perseguidor. Con todos los desafíos que tiene el Estado en distintos frentes – el separatismo catalán y sus estrategias de intoxicación es solo uno de ellos, la corrupción sistémica es otro, la conjunción 'republicana' de antisistemas añade confusión y riesgo por su lado- no puede permitirse sucumbir a las exigencias de un redomado embaucador, que trata de escapar escalando por una alambrada llena de invisibles concertinas.

El juez Grande Marlaska no debe de esperar a los acontecimientos y vaivenes políticos (y económicos) que se avecinan para sanear las instituciones policiales, establecer un 'cordón sanitario' e implantar un férreo aislamiento a los sospechosos de participar en el guion.

Miren por donde Villarejo puede provocar sin querer un efecto secundario positivo: convencer a Sánchez, Rivera y Casado de que el futuro pasa por volver a mirar hacia atrás y entender por qué salió bien la Transición

Y el Gobierno, y los partidos constitucionalistas deben reaccionar con rapidez porque es este ambiente de degradación y fango programado, y soplado desde los extremos, el que está siendo aprovechado para desacreditar a la monarquía, que es un paso imprescindible para desestabilizar al Estado desde las concepciones revolucionarias, por lo general disfrazadas porque España no es Venezuela ni el tercer mundo.

El señuelo de una república milagrosa y paradisíaca dentro de una retórica populista practicada con maestría por cínicos profesionales y estudiosos de la hipocresía y la doblez, marca el camino hacia el caos si no se señaliza y alambra a tiempo el 'derriscadero'. Hoy todos los trastornados y extremistas de Europa se alían. 'Trastornados, despechados y embaucados del mundo, uníos', sería el mensaje transversal que está sustituyendo al 'proletarios de todos los países, uníos' del Manifiesto Comunista de Marx y Engels.

Miren por donde Villarejo puede provocar sin querer un efecto secundario positivo: convencer a Sánchez, Rivera y Casado, antes de que éste se divorcie del todo con la realidad y desaprenda las lecciones aprendidas al martillazo limpio de los tribunales, de que el futuro pasa por volver a mirar hacia atrás y entender por qué salió bien la Transición.

Mientras tanto, 'Villamierda'.

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