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07/04/2016 07:11 CEST | Actualizado 07/04/2016 07:12 CEST

Hay que acabar con el sexismo en el tenis

serena williams angryQue si "se benefician del éxito de los hombres", que si "las hormonas y esas cosas"... El número uno del mundo, Djokovic, gana el doble que la número uno del mundo, Serena Williams. Aunque, en comparación con otros deportes -como el golf, donde el premio para los hombres es cinco veces superior al de las mujeres-, el tenis es un paraíso feminista.

DON EMMERT via Getty Images
FLUSHING MEADOWS, UNITED STATES: Serena Williams of the US complains about a call during her match against Jennifer Capriati 07 September, 2004 at the US Open Tennis Tournament in Flushing Meadows, NY. Capriati won, 2-6, 6-4, 6-4. AFP PHOTO/DON EMMERT (Photo credit should read DON EMMERT/AFP/Getty Images)

Hace aproximadamente un mes, dos hombres con cargos importantes en el mundo del tenis trataron de hacer retroceder unas cuantas décadas a las jugadoras de tenis. Primero, el antiguo campeón Raymond Moore declaró en el torneo Indian Wells que las estrellas de tenis femeninas "se benefician del éxito de los hombres" y que "deberían arrodillarse cada noche y dar las gracias a Dios por el nacimiento de Roger Federer y Rafa Nadal porque son ellos quienes han llevado el peso de este deporte".

Tras estas declaraciones, presentó su dimisión como presidente ejecutivo del torneo.

Poco después, Novak Djokovic, el número uno del mundo de la ATP, comentó después de ganar el torneo Indian Wells que los jugadores deberían ganar más que sus compañeras porque los partidos en los que participan hombres tienen más espectadores. Pero, que nadie se alarme, Djokovic respeta a las mujeres atletas, que tienen que enfrentarse a más dificultades como "las hormonas y esas cosas". Ha pedido disculpas en su página de Facebook "a quienes haya sentado mal" (la típica disculpa que en el fondo no lo es) y ha afirmado en una rueda de prensa que está "a favor de la igualdad en el deporte".

Independientemente del contexto, estas declaraciones misóginas son ofensivas. Pero son especialmente preocupantes porque el tenis es uno de los pocos deportes progresistas en lo relativo a la igualdad de género.

En los cuatro torneos de tenis principales, las mujeres ganan la misma cantidad de dinero por los premios que los hombres. La lucha por la igualdad se remonta a 1973, cuando la ex número uno del mundo Billie Jean King luchó por la igualdad de salarios en el Open de Estados Unidos. En 2007, Venus Williams ayudó a conseguir la igualdad salarial en Wimbledon, el último Grand Slam en el que había una diferencia de sueldos.

La situación salarial en el mundo del tenis sigue estando lejos de ser perfecta: en los torneos femeninos, los premios siguen siendo inferiores que en los masculinos y el número uno del mundo, Djokovic, sigue ganando el doble que la número uno del mundo, Serena Williams. Pero, en comparación con otros deportes -como el golf profesional, donde el importe del premio de los hombres es más de cinco veces superior al de las mujeres- el tenis es un paraíso feminista.

La mayoría de los hombres son más fuertes que las mujeres, pero, afortunadamente, casi todos los deportes no consisten en levantar rocas gigantes mientras se gruñe.

Muchos hombres dirán que, como el deporte es entretenimiento, a los jugadores se les debería pagar en función del número de espectadores que atraen. Si las mujeres recibieran las mismas oportunidades de entrenamiento o de atraer patrocinadores y cobertura mediática, ese argumento sería más convincente. Pero como las deportistas no tienen las mismas oportunidades, es imposible calcular lo popular que sería el deporte femenino si se le diera un trato masculino.

Si dejamos de lado estas desventajas, el tenis femenino tiene un seguimiento más que respetable. En 2015, las entradas para el Open de Estados Unidos femenino se agotaron antes que las del masculino, y en 2013 y en 2014, las finales en las que competían mujeres tuvieron más audiencia que las de los hombres.

Sin embargo, es posible que, como opinan muchos aficionados a los deportes en los que compiten hombres, las mujeres merezcan ganar menos dinero porque son peores atletas. La mayoría de los hombres son más fuertes que las mujeres, pero, afortunadamente, casi todos los deportes no consisten en levantar rocas gigantes mientras se gruñe. Ser un buen atleta también requiere habilidad, agilidad, liderazgo y fuerza mental. El tenis femenino se ha vuelto tan popular porque, en vez de los remates y los aces que caracterizan los partidos entre hombres, las mujeres compiten en partidos largos que ponen los nervios de punta, lo que se traduce en un contenido televisivo mucho más irresistible.

El verdadero origen de cualquier justificación que exija volver a las diferencias salariales es el sexismo. Si se necesitan pruebas, basta con fijarse en cómo hablan públicamente los hombres sobre las atletas. Como Serena Williams es negra y fuerte, su cuerpo se considera una amenaza y no una ventaja. Un periodista escribió que Williams "parecía uno de esos monster trucks que destrozan coches Volkswagen en los estadios". Como la estrella del tenis canadiense Eugenie Bouchard es esbelta y rubia, un periodista le pidió que diera vueltas haciendo ondear la falda después de ganar un partido en el Open de Australia el pasado enero.

43 años después de que Billie Jean King consiguiera la igualdad salarial en el Open de Estados Unidos, las mujeres siguen sin recibir un trato equitativo. Es una lástima que los atletas masculinos utilicen una lógica tan retorcida para acabar con los derechos de las mujeres en vez de celebrar la posición progresista de su deporte en lo relativo a la igualdad de género.

Esta columna también se ha publicado en el periódico canadiense 'Ottawa Citizen'.

Este post fue publicado con anterioridad en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Irene de Andrés Armenteros.

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