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02/10/2015 06:59 CEST | Actualizado 01/10/2016 11:12 CEST

'En la azotea', donde Yasmina Reza se encuentra con Kevin Smith

yasminaLo que me lleva esta vez al Lara es En la azotea, escrita y dirigida por la también actriz, Marta Aledo. En esta obra, el conflicto se desata por la llegada de una buena oportunidad laboral a uno de los miembros de un grupo de tres amigos que planeaban abrir una tienda de cómics. ¿Qué hacer? ¿Abandonar a los amigos por el bienestar personal o permanecer y estrellarse con ellos?

Foto cedida por el Teatro Lara

En el post anterior hablaba de la actual movida madrileña teatral, y hoy les voy a llevar a otro de sus epicentros. Al Teatro Lara. Un viejo teatro que con sus dos salas, la principal y la off, programa cada día de la semana al menos dos espectáculos diferentes, de tal forma que uno se podría pasar una semana (o más) sin salir del mismo. Esta frenética actividad ha permitido que por sus salas hayan pasado todo tipo de obras, aunque el género que reina es la comedia, una comedia renovada más cercana a los gustos actuales. Actividad que se ha visto recompensada con un público muy amplio y de edad media más joven que la habitual en otros teatros. Público que forma delante de esta sala esas largas colas que ya se han vuelto típicas en la Corredera Baja de San Pablo. No importa que la obra se haya programado por la mañana, por la tarde o por la noche, que si uno se sienta en los bares de enfrente o pasa por allí, se encontrará la cola. Y sí, en todos esos horarios se puede ver algo en este teatro.

Lo que me lleva esta vez al Lara es En la azotea, escrita y dirigida por la también actriz, Marta Aledo. Llego sin expectativas, excepto una reseña o un breve que leí en alguna parte y que estimuló mi interés. La escenografía es mínima. Una mesa y unas sillas, un sillón, alrededor de los cuales sus tres protagonistas se convocarán durante la obra para jugar a juegos de rol. Reuniones de amigotes frikis, definición que les encaja por su aspecto de chicos de barrio y su afición a dichos juegos y a los cómics. Remedos del siglo XXI y a la española de los clerks pringaos de la famosa película de Kevin Smith. Y si en esta película su máxima aspiración era ser dependientes de un videoclub, el mayor triunfo social para un adolescente de barrio de los noventa, en la obra de teatro que nos ocupa, la máxima aspiración es ser dependientes y encargados de una tienda de comics. Negocio ruinoso, en el que se pretenden embarcar dos de los tres protagonistas.

El conflicto se desata por la llegada de una oportunidad laboral, en forma de un buen trabajo -un trabajo que va más allá del menos mileurismo rampante- a uno de los que piensan abrir la tienda de cómics. ¿Abandonar al amigo por el bienestar personal o permanecer y estrellarse con él y comprometer tu futuro? Un conflicto que, como en Arte, de Yasmina Reza, permite hablar de la amistad y, a pesar del drama, colocar sus notas de humor, de esas que permiten sobrellevar la vida y las heridas, un humor que hay que retener para cuando llega el drama.

El acierto es que ni en la escritura, ni en la puesta en escena se toma partido por ninguno de ellos, ni por las decisiones tomadas, en la mejor tradición de la famosa autora de teatro que se ha citado anteriormente. Las posturas de todos, sus formas de ser, de reaccionar, sus cambios de humor, de percepción, son servidos en escena para que sea el público el que tome su decisión sobre lo que está bien, lo que es bueno. Un debate que seguirán en la calle, fuera del teatro, aunque tímidamente, pues lo que se diga hablará mucho de cada uno de nosotros. De alguna manera, nos desnudará y nos hará visibles. Tal vez, de una forma en la que no quisiéramos ser vistos por ser políticamente incorrecta, por ser, incluso siendo la nuestra, la que nos presenta con aristas y no de una pieza. La que presenta nuestra fragilidad y debilidad como seres humanos. Incluidos nuestros miedos, esos que las circunstancias actuales, llenas de riesgos, están azuzando.

Como tampoco son de una pieza sus personajes. Unos personajes que son personas gracias a los tres jóvenes actores que los encarnan y a los que no me resisto a nombrar, pues habrá que seguirlos: Iñaki Ardanaz, Antonio Galeano y Nacho Redondo. Capaces de ser esos chicos de barrio y hacernos pensar que no estamos en el teatro, sino en el salón de la casa que comparten, en una gran ciudad cualquiera, en un barrio de aluvión, asistiendo a sus reuniones, a sus partidas reales sobre el tablero de un juego de rol y sobre el tablero, más real y cierto, de la vida. Una vida hecha de decisiones, de nuestras propias decisiones y responsabilidades. Tomadas en habitáculos pequeños y no en las azoteas a las que uno sube a ver el cielo y las estrellas, donde uno sube a soñar y a relajarse o relajar tensiones. Y donde ahora los jóvenes pasan los lunes al sol.

SOMOS LO QUE HACEMOS