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06/01/2019 11:12 CET | Actualizado 06/01/2019 11:12 CET

Marionetas, ¿para qué os quiero?

Pepei Díaz Clemente
Escena de La casa del abuelo de la compañía La Rous

Los títeres, las marionetas, siempre se han relacionado con el teatro infantil o, como se dice ahora, teatro familiar. Tal vez por eso, el Festival MadriOnetas del Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa, con su extensión a la vanguardista Sala Padrillo, se ha programado en estas fiestas navideñas. Fiestas en las que los padres, no se sabe si por desesperación o por qué, se abalanzan al teatro (y casi cualquier cosa) buscando entretenimiento y diversión para los más pequeños, antes de dejar que se vuelvan locos y les vuelvan locos en casa.

Aquellos que se hayan acercado a dicho festival se habrán encontrado, es cierto, con espectáculos infantiles o familiares. No serán los únicos. También los ha habido para más mayores, es decir, adolescentes, y adultos. Espectáculos de calidad. Una calidad avalada por premios, habitualmente los de la feria Fetén de teatro para niños y niñas de Gijón, cuya edición de 2019 se celebrará en breve. Y que también avalan los años que algunos de estos espectáculos llevan girando.

De la abundancia de obras que apenas han estado uno o dos días, la que más tres, esta crónica, por tiempo y por plazos de entrega, solo puede dedicarse a 3 de los 14 espectáculos y 50 funciones programadas. Obras que por su pequeño formato y por ese ninguneo crítico al que es sometido el teatro familiar raramente se comenta. Un teatro que se queda fuera de la presión de ser visto con un ojo crítico, lo que limita la visibilidad del mismo y el debate más allá del ámbito de sus profesionales.

Trailer de Alicia y las ciudades invisibles de Onírica Mecánica.

En esta cala crítica realizada en el festival, Alicia y las ciudades invisibles de la compañía Onírica Mecánica prometía, por su video promocional, mucho más de lo que se ve en escena. Tal vez, el montaje está condicionado por la dificultad para rellenar la gran boca de la sala grande de este teatro y mantener la continuidad del espectáculo. Lugar en el que además cuesta hacer un oscuro absoluto que permita apreciar la relectura también oscura pero que a la vez es luminosa de Alicia en el país de las maravillasde Lewis Carroll. Una relectura en la que llaman la atención sus marionetas hechas con las contemporáneas ubicuas pantallas planas (magníficamente usadas para la reina de corazones y en la escena del eco) o su imaginación para hacer ver de nuevo el té del Sombrerero Loco sin caer en tópicos. Imaginación ante la que los más pequeños responden espontáneamente (gritan "¡Sí, sí!" cuando el conejo duda en servir el té) o haciendo preguntas a los adultos que les acompañan. Mostrando que lo que se ve no solo les entretiene sino que les interesa.

Trailer de De las manos de Teatro La Fauna y La Tartana Teatro.

La sorpresa llega sin duda con el espectáculo deDe las manos. Obra de Lafauna y La Tartana Teatro que recurre a la poesía y a la sensibilidad para contar la distópica historia de los residentes de un sanatorio mental. Espectáculo adulto y para adultos en el que la melancólica suciedad institucional, su grisura, su sistemático abandono en aras de cubrir la necesidad de una malentendida enfermedad, se llena, gracias a las marionetas, a los títeres, de humanidad. Esa necesidad humana de encontrar belleza hasta en lo más sórdido. Ese impulso que brilla en la oscuridad de la pequeña sala, gracias a que su equipo artístico sabe a dónde quiere llegar y qué quiere contar. Ellos hacen algo pequeño desde la modestia del titiritero, pero lo saben convertir en algo grande.

Trailer de la Casa del abuelo de La Rous.

Como grande, o más que grande, es La casa del abuelo, un espectáculo de títeres y objetos que lleva la friolera de más de 10 años girando por todo el mundo y triunfando. Espectáculo familiar que aborda el tema de la muerte de los mayores, de los abuelos. Esos abuelos omnipresentes que un día dejan de estar físicamente, se van, y no sabemos dónde, cuyo recuerdo viene, por ejemplo, por un simple puchero de patatas con costillas que ya no se van a comer. Sí, un tema triste que la compañía La Rous convierten en una comedia sin recurrir al enredo, ni a lo escatológico. Sino convocando la impetuosa alegría de vivir de los niños y sus risas que se contagian a toda la sala. Y a la sorpresa de convertir un escritorio en un parque de juegos, en una suerte de casa de muñecas que todos los niños, y todos a los que les queda esa pizquita de niño necesaria para la vida, querrían tener en casa para jugar, para vivir jugando.

Para eso se necesitan las madriOnetas. Para que los niños, como niños, y los mayores, animados por ese espíritu infantil que todavía les queda, puedan seguir jugando en el escenario de sus vidas. Y con el juego ir creciendo, haciéndose mayores sensibles y sensitivos a lo pequeño, a lo mínimo, a los objetos y los objetivos cercanos. A los pequeños sueños que apenas se materializan moviendo una mano.

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