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19/04/2018 07:34 CEST | Actualizado 19/04/2018 07:37 CEST

Cervezas trapenses, placer monacal

MARTÍN VARELA SANTOS

En el vasto mundo de la cerveza, existe una categoría llamada trapense. Estas cervezas están vinculadas a la Asociación Internacional Trapense -nos referiremos a ella como AIT en adelante-. Veinte abadías de la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia componen esta asociación. Los religiosos de dicha orden viven en base a la regla de San Benito: "Ora et labora". Además de rezar, los monjes elaboran productos como cerveza, vino y queso entre otros.

Solo once marcas de cerveza exhiben el sello hexagonal de "Authentic Trappist Product". Seis de ellas son de Bélgica (Achel, Chimay, Orval, Rochefort, Westvleteren y Westmalle). Las restantes se dividen entre Holanda (La Trappe y Zundert), Austria (Engelszell), Italia (Tre Fontane) y Estados Unidos (Spencer).

Para lograr el certificado de auténtico producto trapense, la cerveza tiene que cumplir una serie de condiciones. Debe fabricarse dentro de la abadía. No es necesario que los monjes produzcan la cerveza, pero sí que supervisen el proceso. Aunque el monasterio ha de ser propietario de la cervecería, obtener beneficios no es el objetivo de los monjes trapenses. Destinan las ganancias a su propia subsistencia, al mantenimiento de la abadía y a obras de caridad.

Sin embargo, no todas las cervezas de abadía poseen este certificado; ni siquiera todas las que pertenecen a la AIT. Es el caso de la francesa Mont des Cats, elaborada en la abadía de Notre-Dame de Scourmont, en Chimay (Bélgica). También sucede en España. En 2014, se unió a la asociación el monasterio de San Pedro de Cardeña (Burgos), conocido por dar sepultura a los restos del Cid Campeador. En 2016, el monasterio comenzó el proyecto de elaborar su propia cerveza trapense. El proceso para conseguir el certificado dura dos años.

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No obstante, tanto Cardeña como Mont des Cats incumplen, a día de hoy, uno de los requisitos para obtener el sello. La fabricación de ambas cervezas se desarrolla fuera de sus correspondientes abadías. Esto no les impide etiquetarse como trapenses, dado que no necesitan logotipo para lucir su denominación de origen. El sello hexagonal funciona como un certificado de que la cerveza cumple todas las condiciones que hemos mencionado antes.

Mientras que algunas cervezas trapenses son fáciles de encontrar y podemos verlas hasta en supermercado, otras presentan un sobrecoste. La cerveza 'Westvleteren' ejemplifica esta práctica. El tercio de la cerveza belga, que no viste etiqueta, supera los 10€ en España.

En realidad, los monjes de Sint-Sixtusabdij de Westvleteren solo venden su cerveza a particulares. Para comprar una caja de 24 tercios, el máximo permitido cada sesenta días, hemos de reservar por teléfono, indicar la matrícula del vehículo con el que las recogeremos y desplazarnos hasta la abadía. Por desgracia, los especuladores las revenden por hasta un 1.000% de su precio original.

¿Significa todo esto que las cervezas con certificado de auténtico producto trapense son mejores que otras cervezas? No, el sello solo implica que se han elaborado conforme a la norma. La próxima vez que salga a la compra, deténgase en las estanterías de cerveza. Puede que se lleve una grata sorpresa.

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