ECONOMÍA
28/02/2020 12:10 CET | Actualizado 21/05/2020 12:36 CEST

Apoyando la revolución ecológica: crece la inversión española en la industria de las renovables

Con la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa, el “impuesto al sol” fue finalmente derogado.

En 2015, el gobierno de Mariano Rajoy decidió crear el “impuesto al sol”, nombre común que recibió una nueva tasa que los titulares de los contratos de autoconsumo eléctrico se vieron obligados a pagar. Enmarcada en su plan de medidas de austeridad, el impuesto suponía, a la práctica, que también debían afrontar el gravamen los propietarios de placas solares que utilizaban la energía generada para su consumo propio. La medida resultó siendo un fracaso.

Con la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa, el “impuesto al sol” fue finalmente derogado. La nueva administración socialista no solo reconocía el derecho al autoconsumo de energía eléctrica libre de costes, sino que además permitía el autoconsumo compartido. Este cambio en la normativa supone un punto de inflexión para las energías renovables en España, una industria que cada vez se está ganando más el favor de la sociedad. Un sector  aún más atractivo para los inversores, a través de plataformas de trading como eToro, dónde es posible comprar una gran variedad de acciones de este mercado, con la facilidad de acceso que ofrece el hecho de poder invertir tan solo 200 euros.

La XXI Conferencia sobre Cambio Climático de 2015 resultó en el famoso Acuerdo de París, que establece las medidas que cada país debe adoptar para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y así contribuir a la desaceleración del calentamiento global. Como estado miembro de la Unión Europea, España también se comprometió a aplicar el acuerdo, y de hecho ya ha adoptado varias medidas que lo convierten en referente mundial de lo que debería hacerse.

 En el pasado mes de junio, cinco organizaciones ambientales de España presentaron un informe con las diez medidas sobre transición ecológica que Pedro Sánchez debía imponer como presidente del gobierno. En dicho documento se exigía un proyecto de Ley de Cambio Climático, el cierre definitivo de las centrales nucleares del país, decir no al fracking y otras prospecciones petrolíferas en el mar, crear más fiscalidad verde y apoyar el uso de energías renovables.

 Sánchez prometió la Transición Ecológica en sus varios programas electorales de estas pasadas elecciones que ayudarían a España a llegar a 2050 habiendo abandonado por completo el uso de la energía eléctrica y su sustitución por las renovables. La ministra en funciones responsable de dicha transición, Teresa Ribera, así lo aseguró hace unas semanas, cuando también anunció que su objetivo para entonces es llegar también a alcanzar la neutralidad climática.   

A mediados de este año, el gobierno socialista presentó a Bruselas su Plan Nacional Integrado de Energía y Clima. En él se trazaba el programa que se debe seguir para que, en 2030, el 74% de las energías usadas en España procedan de fuentes renovables. De cumplirse ese objetivo, se doblaría el porcentaje que representan hoy (38%). La Unión Europea aprobó el borrador, y de hecho fue el único de los 28 Estados miembro en recibir el visto bueno con una clasificación de 52,4 sobre 100.

Pero para conseguir un país libre de energías no renovables se necesitan más hechos que palabras. En este sentido, el gobierno español ya se ha puesto manos a la obra con medidas que favorecen el uso, el desarrollo y la inversión en energías verdes. Desde Moncloa se reconoce que la economía verde es la única sostenible a largo plazo y, por lo tanto, se hace necesario rediseñar el modelo de desarrollo actual con reformas que requerirán nuevos inversores.

El gobierno socialista tiene en mente una nueva Ley de Cambio Climático que permitiría descarbonizar España antes de 2050. Aunque habrá que esperar a la investidura, de aprobarse dicha ley, el 20 % del presupuesto nacional iría destinado a combatir el cambio climático, sin duda un punto de inflexión para la historia del país. Cuando pensamos en las regiones más ecológicas del mundo, nos suelen venir a la cabeza los países nórdicos, pero España les sigue de muy de cerca.

Es importante remarcar que, para que el plan de Sánchez funcione, es necesario el compromiso de todos: desde ayuntamientos y gobiernos autonómicos como todos los sectores involucrados (transporte, construcción, energía…). En el proyecto de ley, los socialistas se ponían en manos de los científicos para que fueran ellos quienes guiaran los pasos a seguir. Desde 1990, las emisiones en España han aumentado un 17 %, por lo que la necesidad de actuar es real.

Uno de los sectores que se vería más beneficiado de los planes de Sánchez es el de las cleantech. Se trata de aquellas tecnologías que permiten reducir el impacto en el medio ambiente mediante eficiencia energética. Ya en 2016, nueve de los 28 proyectos premiados en los INCENSe fueron españoles, lo que demuestra que en nuestro país hay mucho potencial. Además, ya son muchas las empresas que se están uniendo al mundo ecológico, como Mapfre, Telefónica o Bankia.

Pero para invertir en la industria de las energías renovables no hace falta ser una multinacional. Se están abriendo muchas oportunidades para cualquiera que quiera utilizar parte de su dinero en apoyar a las fuentes naturales necesarias para las energías renovables. Es tan sencillo como hacerlo a través de plataformas como eToro, que mencionábamos al inicio de este artículo y donde también se puede invertir en tecnologías del futuro como las cleantech o las fintech.

En treinta años, veremos si se han podido cumplir en España o no los objetivos del Acuerdo de París. Sin duda ayudará a conseguirlos el préstamo de 385 millones de euros del Banco Europeo de Inversiones a la empresa Alfanar para construir un total de 21 plantas eólicas repartidas en varias Comunidades Autónomas que generarán la energía suficiente para abastecer 360.000 hogares cada año. También contribuirán a dichos objetivos los incentivos estatales a los pequeños inversores o a las grandes empresas, que cada vez más ganan esa concienciación ecológica que empieza a dominar en toda la sociedad.