INTERNACIONAL
02/10/2019 13:03 CEST

Cada vez hay más amenazas de epidemia en el mundo. ¿Por qué nos da igual?

"No sabemos cuándo volverá a surgir un brote de ébola, pero sí sabemos que volverá, una y otra vez".

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Epidemia

A raíz de la catastrófica epidemia de ébola que acabó con la vida de 11.300 personas y que supuso un gasto de miles de millones de euros, la Organización Mundial de la Salud (OMS) se puso manos a la obra para asegurarse de que ninguna epidemia volviera jamás a alcanzar ese nivel de amenaza para la salud mundial.

Como parte de la reforma de 2015, la OMS abordó la detección de las amenazas con mayor riesgo de desencadenar una emergencia de salud pública mundial y, en cambió, trató poco o nada las contramedidas para frenar su propagación, dando prioridad así a la financiación para prevenir el brote en primer lugar. Tres años después, seis de las ocho enfermedades que catalogó la OMS como prioritarias han protagonizado brotes. Y todos al mismo tiempo.

Entre esas enfermedades se encuentran lo peor de lo peor: Ébola. Síndrome respiratorio de Oriente Medio. Virus del zika. Virus Nipah. La fiebre de Lassa. La fiebre del valle de Rift. Hasta ahora, los brotes de estas enfermedades y patógenos de alta mortalidad han provocado al menos 190 muertes y han costado millones de dólares. Sin embargo, todas estas enfermedades tienen la capacidad de golpear de nuevo y crecer en forma de epidemia que podría matar a miles de personas, devastar la economía mundial y causar estragos inimaginables. Y las seis estuvieron activas el pasado mes de junio. Fue una situación sin precedentes, según el doctor de la OMS Mike Ryan, director general adjunto para la preparación de emergencia y la capacidad de respuesta, con 25 años de experiencia en primera línea ante estos brotes.

“Hay acontecimientos altamente improbables que ocurren y nosotros tenemos el deber de prepararnos para ellos, porque nuestra economía y nuestra civilización dependen muchísimo de la libre circulación de personas y de la capacidad de comercio, de modo que cualquier cosa que interrumpa eso es una amenaza grave”, explica Ryan a la edición estadounidense del HuffPost.

El mundo está acostumbrado a presenciar cuatro o cinco brotes de enfermedades de alta mortalidad al año, pero no suelen ocurrir al mismo tiempo ni en estas cantidades, sostiene Ryan, que piensa que esta es la primera vez que sucede. En cierto modo, para él es una “prueba de esfuerzo” global para la capacidad de reacción ante brotes.

“Si se desencadena cualquiera de estas enfermedades, y sobre todo si es más de una a la vez, nos veremos realmente obligados a actuar como una sola comunidad global”, indica a la edición estadounidense del HuffPost Loyce Pace, presidenta y directora ejecutiva del Consejo Mundial de la Salud, una organización que lucha por las prioridades sanitarias del mundo.

Pese a que los brotes de este año han estado relativamente controlados, los expertos siguen preocupados por la falta de inversión en I+D, ya que el aumento de factores de riesgo podría llevar a sufrir un brote que no seamos capaces de detener. Y estas enfermedades no solo amenazan vidas, también ponen en peligro la seguridad y la estabilidad global. Al fin y al cabo, las epidemias no respetan las fronteras.

Aumento de factores de riesgo

En parte, cada vez nos enteramos más de estos preocupantes brotes debido a ciertos avances en la dirección correcta: los sistemas sanitarios de todo el mundo han mejorado, por lo que hay más gente que nunca con acceso a la sanidad. También, cada vez más instituciones como la OMS y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE UU (CDC), entre otras, hacen el seguimiento de estos brotes y cuentan con mejores registros de las amenazas.

Incluso el Congreso estadounidense está solicitando actualizaciones con mayor frecuencia.

El demócrata Ami Bera, diputado de California en la Cámara de Representantes de Estados Unidos y vicepresidente del Comité de Asuntos Exteriores, quien ya ha tomado partido en luchas anteriores para lograr una mayor financiación contra el ébola, presentó una enmienda junto con los representantes demócratas Gerry Connolly (Virginia), Rick Larsen (Washington D.C.) y John Garamendi (California) a la Ley de Autorización de Inteligencia. La enmienda, que fue aprobada por unanimidad, exige al director del Servicio Nacional de Inteligencia que informe al Congreso de los efectos anticipados de las enfermedades y pandemias infecciosas que están emergiendo, con el fin de ayudarles a comprender el grado de la amenaza que pueden suponer, para que lo tengan en cuenta a la hora de tomar decisiones presupuestarias.

“Prevenir la propagación de las enfermedades es una parte fundamental de la seguridad nacional y el Congreso debe saber que es una prioridad. Hemos visto avances, pero aún tenemos trabajo por delante”, informa Ami Bera a la edición estadounidense del HuffPost.

Aunque no sabemos cuándo o dónde se producirá la próxima pandemia, sí sabemos que vendrá.Rebecca Martin

 

Pero, al final, que crezca la concienciación no afecta demasiado al aumento de estos brotes, apuntan los expertos. Son varios los factores responsables de que cada vez haya más patógenos peligrosos en el mundo. La combinación de una masiva urbanización, el crecimiento explosivo de la población, el auge de viajes a nivel global, los factores ecológicos cambiantes, el cambio climático constante y la explotación del medio ambiente nos está llevando a una era en la que se acumulan los riesgos de brotes.

“Lo que cambia y se mueve no son los insectos, sino los humanos”, explica Ryan al HuffPost. “Lo que ha cambiado es nuestra relación con estos virus, nuestra relación con los bosques”.

La gente vive cada vez más junta, acrecentando así el riesgo de un brote en un centro urbano masificado. El viajar por todo el mundo facilita mucho más la transmisión de algo así. Y el entorno cambiante —el continuo cambio climático y una desconsideración general por el hábitat— significa que los humanos viven cosas que hasta ahora nunca habían visto, en áreas en las que nunca había ocurrido algo así.

Por ejemplo, en el África Subsahariana. Allí están la mayor epidemia de Lassa nunca antes vista, y el brote de Ébola en la República Democrática del Congo. No es algo trivial, asegura el doctor Richard Hatchett, CEO de CEPI (Coalition for Epidemic Preparedness Innovations), que hace hincapié en la necesidad de intensificar la vigilancia.

“Estas enfermedades pueden mantenerse activas y seguir brotando; y si encuentran el entorno adecuado tienen potencial para estallar”, afirma. “Si piensas en las enfermedades como entes que, de forma oportunista, buscan un lugar para surgir y expandirse, resulta bastante aterrador”.

Y ese tipo de brote no sólo amenaza a la gente del epicentro del brote, sino que tiene el potencial de afectar a la estabilidad global.

“No sólo hay vidas de individuos en riesgo; como hemos visto, una crisis como la pandemia de la gripe o el ébola pueden devastar por completo sistemas sanitarios y economías nacionales, pueden frenar el desarrollo futuro e incluso provocar inestabilidad política”, explica al HuffPost Rebecca Martin, directora del Departamento para la Salud Global de los CDC. Por ejemplo, el síndrome respiratorio agudo grave mató a 800 personas en 2003 y, económicamente, supuso un coste de 40.000 millones de dólares. El precio de la siguiente pandemia podría ser de más de 60.000 millones de dólares, calcula la experta.

“La disparidad en la capacidad de respuestas de urgencia en el sistema público de salud sigue siendo una grave vulnerabilidad para el mundo entero”, añade. “Aunque no sabemos cuándo o dónde se producirá la próxima pandemia, sí sabemos que vendrá”.

Se necesita más I+D

Para mitigar el brote de ébola este mes de junio —cuando aterrizó en un núcleo urbano en República Democrática del Congo— se movilizaron recursos y tácticas mundiales además de una vacuna experimental. Se espera que pronto se declare erradicado el brote, pero hasta la fecha han muerto 29 personas. Según la OMS, un récord de 3330 personas se vacunaron, y los organismos mundiales de salud completaron más de 20.000 visitas de seguimiento para reducir la expansión de la enfermedad y, de este modo, las muertes.

Se necesitan recursos a gran escala para combatir estos brotes y evitar que adquieran importancia a nivel regional, nacional e internacional (y no sólo para el ébola).

Por ejemplo, más de 2000 personas estuvieron en cuarentena sin salir de casa en el estado de Kerala (en el sur de India) durante el brote del virus Nipah. En Nigeria, los niveles de fiebre Lassa fueron “sin precedentes”, Kenia está combatiendo la temible fiebre del valle del Riftsacrificando a camellos y cabras sospechosos de portar el virus, y Arabia Saudí ha descubierto cuatro subgrupos distintos del síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS), dos de ellos en centros de salud.

Y luego está el Zika.

Sus vastas tasas de infección en todo el mundo, incluso en lugares en los que nunca se había visto el virus, corresponden a la “Enfermedad X”, el patógeno emergente desconocido que ocupa el octavo lugar en la lista de enfermedades, apunta Hatchett. La enfermedad X suele ser la que más preocupa a los expertos en brotes, ya que la logística de preparar y combatir un patógeno desconocido es aterradora. De este modo, cuando el Zika estalló en 2016, pese a ser una enfermedad conocida, se expandió como nunca antes, asemejándose al temible dilema de la Enfermedad X.

Por eso ahora, aunque hayan pasado dos años y medio, sigue sin haber una vacuna disponible para el Zika.

“Con un virus que se expande como la gripe y que es capaz de dar la vuelta al mundo en 60 días, dos años y medio es mucho tiempo, demasiado, para disponer de algún tipo de medida que lo frene”, señala Hatchett.

No sabemos cuándo volverá a surgir un brote de ébola, pero sí sabemos que volverá, una y otra vezThomas Inglesby

 Antes de que el mundo las necesitara urgentemente, sí que se han llevado a cabo ciertos esfuerzos para crear vacunas para estas enfermedades. Por ejemplo, la Coalition for Epidemic Preparedness Innovations (CEPI), fundada en 2017 por un consorcio de instituciones entre las que se incluyen la Fundación de Bill y Melinda Gates, el Wellcome Trust, el Foro Económico Mundial y los gobiernos de Noruega y Japón, trata de crear vacunas para los virus Lassa, Nipah y MERS basándose en la lista de prioridades de la OMS. También se incluyen entre dichos esfuerzos la vacuna experimental del ébola desarrollada por Merck, así como los tratamientos experimentales para el ébola.

La creación de un organismo global como CEPI es esencial, ya que, como señala Hatchett, no hay una demanda comercial para estas enfermedades... hasta que la gente realmente las necesita. En otras palabras: financiar la investigación y desarrollo de medicamentos para gente (normalmente) pobre de países (normalmente) pobres no resulta rentable.

Que no se desarrollen medicinas para esos brotes inusuales pero potencialmente trágicos significa que cuando el mundo las necesite de verdad, aún faltarán años para que se complete su desarrollo. Costaría un par de miles de millones de dólares llevar vacunas y tratamientos al mercado para las 10 enfermedades conocidas de la lista, según cálculos de CEPI. De momento ha recaudado 630 millones de dólares para tratar los virus de MERS, Nipah y Lassa.

Aun así, los expertos en salud pública afirman que hasta que no surge la epidemia no surge el pánico y, con él, la financiación pública. Ocurre lo mismo con la inversión en investigación y desarrollo (I+D).

“El problema con la salud pública en particular y con la I+D es que lo que intentamos hacer al final es evitar que ocurran cosas malas”, explica al HuffPost el doctor Thomas Inglesby, director del Johns Hopkins Center for Health Security. “Cuando lo logras, es relativamente invisible, así que el público no llega a ver por qué la inversión es tan importante”.

Aunque ahora se necesita más I+D que nunca, Inglesby dice sentirse alentado porque estos días se hable mucho más del riesgo de pandemia. Inglesby menciona que ahora la OMS hace más y mejores evaluaciones globales y que también hay más listas de amenazas de brote, lo que suponen pasos en la buena dirección.

“Creo que estas enfermedades forman parte del escenario de amenazas en el mundo”, señala Inglesby. “Son dañinas y causan brotes que luego vuelven a producirse. No sabemos cuándo volverá a surgir un brote de ébola, pero sí sabemos que volverá, una y otra vez”.

Y, cuando lo haga, la enfermedad no entenderá de fronteras.

“Sabemos que un brote que empieza en un remoto pueblo puede alcanzar grandes ciudades de cualquier continente en 36 horas”, asegura Rebecca Martin. “En el mundo interconectado en el que vivimos, un amenaza en alguna parte es una amenaza en todas partes”.

 

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco y Marina Velasco Serrano.