POLÍTICA
17/11/2021 21:00 CET | Actualizado 19/11/2021 14:05 CET

Cómo 'repescar' a los 4 millones de españoles que aún no se han vacunado

Los expertos no creen que todos sean antivacunas, y apuestan por campañas y llamadas personalizadas para llegar a ellos. El pasaporte covid también es una opción.

Alberto Ortega/Europa Press via Getty Images
La gente espera para vacunarse en el Hospital de La Paz (Madrid), el 7 de julio de 2021. 

En España hay 3.948.801 personas mayores de 12 años que todavía no se han puesto un solo pinchazo de la vacuna frente al covid. El país es modelo de vacunación en el mundo, pero aun así le cuesta llegar a ese 9,4% de la población diana que hasta ahora ha preferido no vacunarse. Si en julio España vacunaba a más del 1,5% de su población total en un solo día, ahora ha tardado mes y medio en sumar un punto porcentual, y alcanzar el 80,4% actual.

Es lo que en economía se llama Ley de rendimientos decrecientes, apunta el epidemiólogo Pedro Gullón. “El coste para poder llegar a una persona más es cada vez mayor”, explica. “Al principio, con poner ‘aquí vacuno’, te vienen un millón de personas. Luego ya hay que llamarlas, luego ir a buscarlas, y cada vez cuesta un poco más llegar a la gente”, ilustra Gullón.

Este miércoles, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado que los sanitarios y personas mayores de 60 años recibirán una dosis de refuerzo de vacuna. Los epidemiólogos, por su parte, animan a ahondar más en la búsqueda activa de rezagados, al margen de empezar a revacunar a la población general. “Hablamos mucho de terceras dosis, y creo que más que pensar en estos esfuerzos, lo prioritario es conseguir que se vacunen quienes no tienen todavía ni primera ni segunda dosis”, sostiene Salvador Macip, doctor en Medicina e investigador.

Uno de cada cinco treintañeros no está vacunado

Hasta ahora, la franja más reticente a vacunarse en España es la de personas de entre 30 y 39 años, un grupo de edad en el que ‘sólo’ el 79,1% se ha puesto al menos una dosis, ligeramente por debajo del 81,4% de los veinteañeros, y muy lejos del 88,6% de las personas de 40 a 49. Incluso los adolescentes, tan estigmatizados en su momento, les superan ya con creces, con el 86,4% de vacunados con al menos una dosis. 

No son antivacunas, sino más bien dubitativos sobre el proceso, reticentes a la vacunación

Entonces, ¿es posible, a estas alturas, ‘repescar’ a estos millones de reticentes? Los epidemiólogos creen que sí, pero admiten las dificultades. Si algo tienen claro es que las personas no vacunadas en España no son, en general, antivacunas. “Digamos que son más bien dubitativas sobre el proceso, reticentes a la vacunación”, señala Jaime Pérez Martín, médico especialista en Medicina Preventiva y miembro de la junta directiva de la Asociación Española de Vacunología (AEV).  

“Todavía se puede convencer a 2 o 3 millones de personas”

“No podemos pensar que un 10% de la población es negacionista o antivacunas”, coincide también Daniel López Acuña, epidemiólogo y ex director de acción sanitaria en crisis de la OMS. López Acuña está convencido de que, dentro de ese porcentaje, “habrá gente que no pudo vacunarse en su momento porque estaba enferma, o porque tenía covid, o porque estaba fuera de su comunidad”. El epidemiólogo cita unas estimaciones que apuntan a que el 4% de la población podría rechazar la vacuna, “pero no un 10%”. “Ahí hay una tarea”, afirma López Acuña, que cree que “se puede convencer todavía a entre 2 y 3 millones de personas”. “Hay que reforzar los mensajes”, propone. 

Por su parte, Pedro Gullón considera que para animar a la población primero es necesario conocer sus porqués, algo que ya ha empezado a investigar el Instituto de Salud Carlos III con una encuesta anónima online lanzada a principios de octubre, cuyos resultados se desconocen todavía. 

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Protesta de negacionistas en Barcelona, el 13 de noviembre de 2021.

El caso de María Gracia y su pareja

María Gracia Klinke, de 25 años, no es antivacunas, pero no ha recibido la inyección frente al covid... “todavía”, matiza. Su caso es relativamente particular; asegura que hace unos meses ya tenía cita para vacunarse, pero le pilló enferma, con mastitis, y le dijeron que esperara a que se le pasara la fiebre. Con unos gemelos de seis meses y otro hijo de dos años a su cargo, y con su pareja fuera de casa por trabajo durante todo el día, María Gracia lo ha ido retrasando.

A esto hay que añadir que su pareja es “un poco antivacunas”. Él tiene claro que no se va a vacunar, pero ambos han “llegado a la conclusión” de que uno de los dos tiene que vacunarse “por si acaso”. “Como él no quiere vacunarse, me vacuno yo”, dice María Gracia. “Así, si nos pasa algo, por lo menos uno de los dos está vacunado”, explica. Curiosamente, sus hijos sí han recibido todas las vacunas que les corresponden. “Los niños tienen todas, las de pago y las de la seguridad social”, cuenta María Gracia. En su familia, también todos están vacunados.

Como no hemos tenido la necesidad de exponernos, hemos preferido postergarloMaría Gracia

El factor miedo juega un papel importante en este caso. María Gracia no ha cogido cita todavía porque está esperando a que su madre los visite en diciembre, para que, si le da “una fiebre muy alta” o siente “malestar” por la vacuna, ella pueda ir a Urgencias y la abuela se quede con los tres niños. “Para mí es un poco complicado estar a la expectativa de qué va a suceder y no tener en esos momentos la ayuda que necesito para cuidar a los bebés”, explica.

María Gracia tiene fijada en mente esa fecha porque entonces los gemelos también tomarán menos pecho, y así su madre podrá ayudarla con el biberón “por si tengo que quedarme en el hospital”, dice. Parte del miedo se basa en que una tía de su pareja tuvo un problema en los riñones tras recibir una dosis de AstraZeneca “del lote que estaba malo” (el que fue retirado en marzo por Sanidad), y luego “es que al principio salieron tantas cosas sobre las vacunas, primero una persona dijo una cosa, luego otra”, comenta María Gracia. “Nosotros no tenemos ninguna patología, yo estoy en casa con los bebés y no salgo, mi pareja se cuida mucho… como no hemos tenido la necesidad de exponernos, hemos preferido postergarlo”, señala. 

Resultados “optimistas” cuando se llama a cada persona

A María Gracia, que vive en la Comunidad de Madrid, no la han llamado desde su centro de salud para proponerle una nueva cita para su vacuna, siendo precisamente esta una de las estrategias que los expertos consideran que mejor funcionan. A Jaime Pérez Martín le consta que varias comunidades sí están haciendo estas “campañas de captación”, y con resultados “bastante optimistas”. “Cuando les llamamos por teléfono para que se vacunen, una parte de ellos decide hacerlo e incorporarse al proceso de vacunación. En general, no vemos una negación total”, abunda el experto.  

Gullón ve muy positiva esta medida, también para personas que no se han vacunado porque quizás tienen “más problemas para trabajar con el sistema sanitario” por un “rechazo administrativo” o por “miedo a lo gubernamental”. Podría ser el caso de alguna comunidad de migrantes, de personas sin hogar o de gente que, directamente, desconfía del sistema. “A lo mejor sí que existe alguna forma, con mediadores culturales, para incrementar la vacunación en comunidades concretas”, propone el epidemiólogo. 

Cuando les llamamos por teléfono para que se vacunen, una parte de ellos decide hacerlo. En general, no vemos una negación total

El problema es que esta campaña de recaptación tiene “una limitación importante”, reconoce Pérez Martín. La estrategia “demanda muchos recursos” en un momento en el que el sistema sanitario ya tiene “bastante actividad por las terceras dosis, las segundas dosis de Janssen y la vacuna de la gripe”, señala. 

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Vacunación en la Comunidad Valenciana.

¿Y el pasaporte covid para el ocio? 

Otra medida que propone Pérez Martín, y que algunas comunidades autónomas ven con buenos ojos ante la subida de la incidencia en España, es la implantación del pasaporte covid para el ocio, como ya hacen Galicia y Cataluña y se plantea aplicar al menos Euskadi. 

“De los países grandes del mundo que no han implantado el pase covid de forma obligatoria, España es sin duda el que más ha vacunado”, señala Pérez Martín. “Sin medidas de estimulación a la vacunación, hemos llegado al 91% de la población diana. Con medidas de este tipo, sería posible llegar al 95%”, sostiene. “Está a tiro de piedra; España tiene al alcance de la mano coberturas realmente muy, muy impresionantes”.

Con medidas como el pase covid, España tiene al alcance de la mano coberturas realmente muy, muy impresionantes

No obstante, algunos epidemiólogos no ven del todo bien que se implante esta medida en España —con una cobertura vacunal tan buena— por el riesgo de que se generen unas protestas y un rechazo que hasta ahora habíamos sorteado, y que sí se han producido en países como en Italia, Francia o Alemania con la imposición de estas estrategias.

Pérez Martín, en cualquier caso, cree que habría más ganancias que pérdidas. Considera que en España no habría protestas antivacunas del calibre de las que se han visto en otros países (“aquí no existe eso”, dice), y que el pasaporte covid para el ocio “puede estar más justificado ahora esperamos un aumento considerable de casos y que tenemos que proteger al máximo a todo el mundo”. Para el experto, no habría que llegar a extremos como el de Austria, que ha confinado a los no vacunados, o como el de Estados Unidos, cuyas grandes empresas pueden obligar a sus empleados a vacunarse. Se trata más bien de algo intermedio, y combinado con las llamadas de recaptación: “Es un proceso de estimulación y no de imposición u obligatoriedad”, señala. 

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Un peregrino del Camino de Santiago muestra su pasaporte covid en O Pino, A Coruña, el 30 de octubre. Los albergues requieren ese certificado a los clientes.

Cuando preguntamos a María Gracia si su pareja accedería a vacunarse en caso de que fuera obligatorio para entrar la hostelería, la mujer responde claramente que no. “Desde que ha comenzado la pandemia, nos hemos quedado en casa. Mis suegros son personas de riesgo, tengo a los bebés pequeños, así que no vamos a bares, no vamos a restaurantes, rotundamente no salimos. Nos limitamos prácticamente a estar en casa y hacer las compras necesarias”, explica. Sí le parece más limitante, en cambio, para el tema de viajar a otros países, pues tiene familia que vive fuera de España.

El entorno y la familia, figuras clave

La cuestión familiar es otra de las claves que mencionan los expertos para explicar el éxito de la vacunación en España. Algunas personas que no pensaban vacunarse lo han hecho para proteger a sus padres y abuelos, o directamente porque todo el mundo a su alrededor ya lo había hecho. “Hay una cuestión básica en sociología que dice que lo que hace tu entorno influye mucho en tu decisión”, apunta Jaime Pérez Martín. “Ahora mismo, prácticamente todo nuestro entorno está vacunado, lo cual supone que si en una familia alguien no está vacunado recibe alguna recriminación, y esto hace que una porción de la gente reticente se vaya vacunando”, afirma.

En el caso de María Gracia, todos los miembros de su familia, salvo ella y su pareja, están vacunados. ¿Que si reciben recriminaciones por parte de los vacunados? “Sí, claro, todos los días”, responde la mujer. De momento, “no ha habido manera de convencer” a su pareja para que dé el paso, pero María Gracia espera recibir la inyección en diciembre. “Hemos llegado a la conclusión de que si él no quiere vacunarse, lo voy a respetar, pero yo me voy a vacunar por si acaso”, dice.   

Por qué los treintañeros son los más reticentes (y qué supone esto) 

En general, los jóvenes tienen menos percepción de riesgo ante el virus y, por tanto, pueden ser más reacios a vacunarse, pero los datos de Sanidad muestran que el grupo de personas de entre 30 y 39 años es el “más renuente” de toda la población (79,1% vacunados con una dosis). Desde julio han tenido oportunidades para hacerlo, pero ya incluso los adolescentes les han adelantado.

Jaime Pérez Martín explica que los menores de 12 a 19 años (86,4% con una dosis) probablemente han estado influenciados por la decisión de sus padres, y por el hecho de que el virus ha condicionado mucho el curso escolar. En cambio, los treintañeros quizás han estado más alejados de “las consecuencias del virus”, han visto “pocos casos graves entre sus compañeros”, y posiblemente “eso ha hecho que tengan menos prisa por vacunarse”, sugiere el epidemiólogo. 

Al margen de las causas, los datos dicen que, de media, en una reunión de diez treintañeros, dos no estarán vacunados, con lo cual las posibilidades de contagio aumentan, señala Pérez Martín. “Ahora mismo, la población de 30 a 39 va a tener más posibilidades de transmitir el virus que la de 50 a 59, que está mucho más vacunada”, resume. No por casualidad, la incidencia acumulada en este último grupo de edad se sitúa en 77 casos por 100.000, frente a los 93 positivos por 100.000 en el grupo de 30 a 39. 

Jaime Pérez Martín explica que si en España los casos no suben de manera tan explosiva a como lo hacen en otros países europeos —sobre todo del Este— es precisamente porque el 90% de la población diana está vacunada, pero eso no blinda por completo al país. “La situación en España puede evolucionar mejor que en otros países, pero si hubiera grupos de edad en los que, en lugar de un 80%, hubiera un 90 o un 95% de cobertura vacunal, la protección sería mucho mayor”, asegura. El médico e investigador Salvador Macip coincide con su colega, e insiste en que es “prioritario” captar a los reticentes, más ahora que los contagios van en ascenso. “Hay que hacerlo, hay que tratar de convencerlos, porque esta gente es la que acaba principalmente en el hospital”, advierte.

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