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13/11/2020 10:05 CET | Actualizado 13/11/2020 10:05 CET

'Dear Werner' o el renacimiento de la épica cinematográfica

Siguiendo la estela del maestro, Pablo Maqueda recorre el mismo camino cuarenta y seis años después por pura pasión.

Las etapas históricas convulsas son un terreno fértil para la heroicidad. El ser humano necesita desafíos, avances, referentes a los que seguir y en los que fijarse. Nuestra sociedad, heredera de la cultura grecolatina, sabe bien de los retos, de esos sacrificios que, trasladados a la actualidad y al cine, los devotos fieles les ofrecen a sus dioses cinematográficos. Pablo Maqueda (Madrid, 1985) es uno de esos avezados aprendices que jamás dejan de caminar y, por ello, converso con él en una entrevista cargada de cinefilia. 

Su devoción por el cine de Werner Herzog le ha empujado a seguir los pasos del cineasta —amén de intelectual, escritor y también titán—. En manos de Maqueda cayó Del caminar sobre hielo, un diario íntimo de la gesta poética que Herzog realizó del 23 de noviembre al 14 de diciembre de 1974, yendo de Múnich a París a pie solo para que su admirada Lotte Eisner recuperara su salud. Lamentablemente, pocos saben quién fue Lotte H. Eisner, la gran crítica cinematográfica, escritora, cofundadora de la Cinémathèque française y, sobre todo, la mujer que veló por las películas prohibidas por el nazismo, salvándolas de la destrucción (entre ellas El gran dictador y El ángel azul). Cuando Lotte Eisner enfermó, Herzog decidió viajar a pie hasta su casa en Francia, porque en su fuero interno sabía que ese gesto, esa comunión reflexiva con ella, le salvaría la vida. Sea como fuere, las pisadas de Herzog surtieron efecto y Eisner pudo sobrevivir hasta 1983.

Siguiendo la estela del maestro, Maqueda retoma este sentido lírico, iniciando el mismo camino cuarenta y seis años después por pura pasión. No fue sencillo ni inmediato, sino un proceso de revelación sin momento germinal, en el que se unieron distintos aspectos como la falta de financiación de un proyecto, sus sueños y la lírica herzogiana: “Su libro siempre ha estado presente, incluso el propio Herzog, animándome a hacer algo así. Siempre tuve un sueño de subir una montaña en mitad de la noche y esperar tiritando de frío a grabar la hora mágica del amanecer. Ese deseo casi metafórico que jamás tenía lugar siempre estuvo ahí. Cuando recibí un golpe duro a la financiación de una película, la frustración hizo de catalizador. Me dije: Este es el momento de lanzarme al camino”.

En su recorrido por media Europa inclemente, solitaria y fría, Maqueda reflexiona acerca del valor de la vida y del acto mismo de hacer cine: “Me parecía interesante establecer el camino de un cineasta desde el fracaso y generar una narrativa inspiradora. Siempre se habla de los cineastas como grandes triunfadores, alfombras rojas, premios… Pero eso es solo la punta del iceberg, no vemos a todas las personas que están nadando para intentar sacar adelante un proyecto. La imagen del cineasta caminando en la niebla, en soledad, era una metáfora que plantea Herzog en el libro, y que hago mía en un momento en el que perdí la fe en contar historias”.

A lo largo de más de setecientos kilómetros, Maqueda plantea un diálogo intergeneracional no solo con su director fetiche, sino con todas las mujeres que cambiaron el curso de la historia y de cuyas vidas él mismo encuentra vestigios a lo largo del camino. Juana de Arco, Sophie Scholl o Agnès Varda son solo algunas de esas mujeres con las que la cinta de Maqueda dialoga: “Los cineastas debemos hacer un ejercicio, casi un acto político, de reivindicar a las cineastas y el papel de la mujer en la historia. Este documental era mi granito de arena para poner el foco desde lo concreto hasta lo abstracto. Arrancamos con Herzog y acabamos con el cine. Y si hablamos de cine, este está ejemplificado en la figura de Eisner. Pero a mitad del camino, a la hora de encontrarme hitos que me llamaron poderosamente la atención, me di cuenta de que eran todo mujeres”.

Y, de fondo, por supuesto, está Werner Herzog, un cineasta que, al ver la película, se ofreció como narrador. Con su voz oscura, profunda, Herzog puntea un documental repleto de sus propias inflexiones y recodos, a pesar de que su presencia no estuviera contemplada en la idea inicial: “Escribí la película y me lancé al camino como quien reza a un dios, una plegaria a la que nunca esperas que haya respuesta. Pero Haizea G. Viana, como productora, tuvo la idea de contactar con él; le mandamos un breve teaser y nos dijo que le diéramos tiempo. Cuando vio la película, le gustó mucho. El hecho que él haya participado, que haya motivado cambios de guion, que lo narrara en inglés y que me dijera frases como ’tu espíritu de joven cineasta serio me recuerda a mí cuando rodé Nosferatu como homenaje a Murnau’ me pone los pelos de punta. Aún hoy, cuando nos enviamos algún mail y recibo un ‘Dear Pablo’ me sigo emocionando”.

Tras meses de caminar sobre hielo, de circunstancias intempestivas, de soledad, de agotamiento y de miedo, Maqueda no duda en dedicar su película al objeto de su devoción: “Siempre he idolatrado la época del Renacimiento, del Barroco, a todos esos aprendices que estaban junto a los artistas. En este momento, en el que estamos tan desconectados los unos de los otros, pero tan hiperconectados, me parecía bonito echar la vista al pasado, reflexionar sobre la figura de los maestros y aprovechar que Herzog está al alcance de todos nosotros para expresarle todo lo que significa para mí”.

Sin duda Dear Werner es un documental heterodoxo, alejado de la norma, pero cercano hasta lo indecible a Herzog, repleto de lirismo, amor y cinefilia. En palabras del propio director: “Que por muchos años Herzog siga con nosotros para seguir aprendiendo. Ese espíritu de Werner es un espejo en el que me gustaría seguir mirándome”.