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03/04/2020 10:42 CEST | Actualizado 03/04/2020 10:42 CEST

El hombre que diseñó España

Hubo una época en la que España no solo era mohína y triste, sino que estaba bosquejada en blanco y negro.

José María Cruz Novillo.

Hubo una época en la que España no solo era mohína y triste, sino que estaba bosquejada en blanco y negro. Su diseño remitía a ese imaginario colectivo de pura funcionalidad, sabiendo que su etapa de esplendor vanguardista se había quedado postrada en la noche de los tiempos. 

Por fortuna, surgió toda una generación de diseñadores, ilustradores, pintores y arquitectos que contribuyeron a dinamizar la imagen del país, a dotarle de color, de forma y de contemporaneidad, trayendo al presente lo que, para muchos, todavía era futuro. Es en este punto donde aparece José María Cruz Novillo, un artista conquense que, en su llegada a la capital, descubrió que todo estaba por hacer.

Pronto fue enviado a Nueva York, a esa Madison Avenue tan bien retratada por Mad Men, en la que la publicidad alcanzaba un punto cosmopolita que poco o nada tenía que ver con los aires que se respiraban en España. Cruz Novillo pudo estar en el Plaza Hotel absorbiendo toda esa corriente plástica que pronto se tradujo en un trabajo visionario que aplicó a un país en plena reconstrucción. Partidos políticos, instituciones públicas, entidades y organismos oficiales necesitaron de su colaboración, así como infinitud de empresas que demandaron sus diseños para su imagen corporativa.

A través de El hombre que diseñó España (2019), documental escrito y dirigido por Andrea G. Bermejo y Miguel Larraya, nos aproximamos a la figura de Cruz Novillo en primera persona, escuchando al artista hablar de su propia obra, reflexionando acerca de la labor de creación visual y del proceso que le llevó a configurar un país desde sus cimientos. El logotipo de empresas como Correos, Renfe, Endesa, Prisa, Repsol, La Cope, El Mundo y Antena 3 Radio son resultado de la elocuencia de su arte, de esos momentos de lucidez en que dice encontrar inspiración. 

‘Acruznovillar’ las instituciones públicas

El emblema del PSOE o la bandera de la Comunidad de Madrid también están rubricados por Cruz Novillo, mostrando todo un proceso de renovación de las instituciones públicas españolas y dando forma a lo que, a partir de él, siempre sería del modo en que él lo concibió. 

Muchos desconocen que a Cruz Novillo se le debe que la Policía Nacional vista de azul oscuro y no de gris, o que de su matriz creativa surgieron los billetes de pesetas que llenaron, con mayor o menor abundancia, las carteras de los españoles de 1979 a 1985.

Mediante entrevistas a personajes como Alfonso Guerra o Joaquín Leguina, los directores nos adentran en el mundo de creación de Cruz Novillo, mostrándonos a la persona que siente, ama y piensa en una dimensión sinestésica. El propio artista explica cómo combina las experiencias sensitivas en un mismo arte, proceso que culmina con su obra más ambiciosa, el “Diafragma dodecafónico 8.916.100.448.256. Opus 14”. En esta obra, que durará 3.390.410 años, treinta y un días, once horas, treinta y un minutos y doce segundos, el artista relaciona doce colores con doce sonidos y, al mismo tiempo, con doce fragmentos de tiempo, en su idea de realizar una obra integral sinestésica “crono-cromo-fónica”.

Cruz Novillo y el cine

Pero también Cruz Novillo tuvo mucho de relación con el cine, máxime a partir de su relación con José Luis Borau y su primer encuentro con Elías Querejeta, quien le requeriría para poner imagen a películas como El espíritu de la colmena y El Sur de Víctor Erice; Cría cuervos y Peppermint Frappé de Carlos Saura; Nueve cartas a Berta de Basilio Martín Patino; El desencanto, de Jaime Chávarri; La escopeta nacional, de Luis García Berlanga; Tasio e Historias del Kronen de Montxo Armendáriz, o incluso Barrio y Los lunes al sol de Fernando León de Aranoa.

Y así, mientras el artista ‘acruznovillaba’ un país que le necesitaba desesperadamente, nuestro cine también se enriquecía de su presencia y de las influencias foráneas que Cruz Novillo impulsó en todos los órdenes del diseño y la imagen.

Andrea G. Bermejo y Miguel Larraya ofrecen un fresco inigualable para contextualizar la obra del autor, con profuso material de archivo que contribuye a entender la dimensión de un hombre que supo diseñar España, trayendo aires renovados cuando más se necesitaban.

Dice Cruz Novillo que “el arte es un viaje de ida, pero el diseño es un viaje de vuelta”. Ojalá haya muchos documentales como El hombre que diseñó España que nos devuelvan a quienes, de manera prácticamente inadvertida, contribuyeron a sentar las bases del mundo en el que ahora vivimos. 

 

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