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24/06/2020 08:34 CEST | Actualizado 24/06/2020 08:34 CEST

El mayor confinamiento de la historia… en número de personas

El confinamiento más dilatado de la historia de España lo ha sufrido una monarca, Juana I de Castilla, durante su encierro en el castillo de Tordesillas.

Dennis Gleiss via Getty Images
Una calle de Barcelona vacía durante el confinamiento. 

El destierro, la deportación y el confinamiento difieren en los matices. El primero consiste en la expulsión de un lugar o territorio, como castigo por haber cometido un delito. Es, por ejemplo, la sanción que sufrió El Cid a manos del rey Alfonso VI o al que se vio sometido Napoleón Bonaparte al final de sus días (estuvo confinado durante seis años en la isla de Santa Helena).

Por su parte, el confinamiento consiste en obligar a una persona a residir en un lugar -dentro del área nacional- bajo la vigilancia de la autoridad. A lo largo de la historia este alejamiento social obligado se ha debido sobre todo a causas políticas y no tanto a las sanitarias. Uno de los primeros confinamientos que, probablemente, nos vienen a la mente es el de Anna Frank y su familia, que sufrieron durante dos años el dolor y la reclusión antes de ser detenidos y enviados a los campos de concentración.

Si echamos la vista atrás, uno de los mayores confinamientos de la antigüedad es el que soportaron los numantinos durante las guerras celtíberas. A lo largo de veinte años sufrieron repetidos asedios por las tropas romanas que les obligaron a cambiar sus rutinas y permanecer contenidos. El casus belli fue la construcción de una nueva muralla en la ciudad de Segeda, una cimentación que Roma interpretó como una provocación.

El confinamiento más dilatado de la historia de España lo ha sufrido una monarca, Juana I de Castilla, durante su encierro en el castillo de Tordesillas. Allí fue recluida desde 1509 hasta 1555 -cuarenta y seis años-, con un breve intervalo de “libertad” (1553) al decretarse una epidemia de peste en Castilla.

También estuvieron confinados, antes de perder la cabeza, el rey francés Luis XVI y su esposa María Antonieta. La primera fase de aquel encierro obligatorio no estuvo mal del todo, lo pasaron juntos y disfrutaron de un nutrido servicio -incluido el peluquero real-. Es más, los revolucionarios franceses les permitían pasear con su perrito Mignon, salir al jardín e incluso jugar a las cartas. La historia, como todos sabemos, no terminó con un final feliz para los reyes galos.

Hulton Deutsch via Getty Images
Miguel de Unamuno.

El político y jurista español Gaspar Melchor de Jovellanos, que intentó hacer de nuestro suelo patrio un país ilustrado, también fue apartado y recluido, en este caso por el rey Carlos IV. Sufrió el confinamiento en dos ocasiones, la primera en su Gijón natal y, más adelante, en la isla de Mallorca.

Trescientos treinta y siete días estuvo confinado el destacamento español durante el asedio al que sometieron los filipinos en la iglesia del pueblo de Baler, en la isla de Luzón. Los conocidos como los últimos de Filipinas.

Ya entrados en el siglo XX, entre los años 1926 y 1927 el diputado socialista Luis Jiménez Asúa, que posteriormente sería presidente de la Segunda República en el exilio -entre los años 1962 y1970-, pasó nueve meses en las islas Chafarinas, frente a las costas Argelinas.

También una isla, en este caso Fuerteventura, fue el lugar que eligió Primo de Rivera para confinar a don Miguel de Unamuno. Lejos de sentirse como en una cárcel, que era lo que buscaba el dictador, fue un periodo notablemente fecundo para el intelectual. En cierta ocasión llegó a escribir: “¡En mi vida he digerido mejor mis íntimas inquietudes!”.

Mucho más largo fue el asedio a Leningrado, la ciudad de los zares, por parte de la Wehrmacht, en el contexto de la llamada operación Barbarroja. Durante novecientos días al bombardeo incesante alemán se sumó la falta de alimentos y las atroces condiciones climatológicas -se registraron temperaturas de hasta 40ºC bajo cero-.

TASS via Getty Images
Civiles rusos durante el sitio de Leningrado. 

El propio Adolf Hitler estuvo confinado en el búnker de la Cancillería, con pequeñas salidas, desde el 16 de enero hasta el 29 de abril de 1945, la fecha de su suicidio.

En el año 1932, el presidente de la República Niceto Alcalá-Zamora confinó al líder del Partido Nacionalista Español -el doctor José María Albiñana- por “incómodo y agitador” a la comarca cacereña de Las Hurdes.

Gregorio Peces-Barba, uno de los siete padres de la constitución española, también fue obligado a permanecer confinado en 1969 a consecuencia de sus ideas políticas durante casi dos meses, en este caso el lugar elegido fue Santa María del Campo (Burgos).

El año 2020 pasará a la historia como el año de “la gran pandemia”, durante unos meses los relojes de un tercio de la población mundial se detuvieron, dejaron de marcar las horas y los días renunciaron a ser diferentes. Nunca antes en la historia de la humanidad hubo tantas personas confinadas.

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