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24/05/2020 10:19 CEST | Actualizado 26/05/2020 21:42 CEST

El teatro que hace utopía, poesía y belleza del confinamiento

Obras que más que hablar del futuro, hablan del presente, aunque no lo parezca.

Gracias al teatro confinado han coincidido tres estrenos teatrales en la Red con un fuerte contenido ambiental y utópico o, como gusta decir ahora, distópico. Tres espectáculos muy dependientes de las tecnologías y las apps que están favoreciendo que los espectadores teatrales analógicos se estén convirtiendo en digitales. Obras que más que hablar del futuro, hablan del presente, aunque no lo parezca. De nuevo, como son proyectos de verdaderos artistas no dan la chapa. Su acercamiento es poético. Son, antes que nada, espectáculos bellos. Una belleza llena de contenido. Reflexiones que llegan por lo sensorial, por el sentir, de ahí, quizás, su impacto sobre el público.

RONEM RAM.0, la bella poesía del teatro confinado

Esta obra de Onírica Mecánica se puede ver dentro del activo programa de #TeatroConfinado del Teatro de la Abadía. Historia situada en un futuro en el que una gran mayoría de la humanidad ha muerto. No hay que preocuparse, porque todavía sigue habiendo miles de millones para hacer trabajos rutinarios, como es el estudio de las diatomeas que tiene que ver con la recuperación de las condiciones de habitabilidad del planeta.

Una vida que resulta confinada y llena de siris que nos hablan y de electronical devices que la hacen más confortable y relajante en un espacio mínimo. Un espacio más seguro que el amenazante exterior. Una vida en la que todo se mezcla en un mismo ámbito. Trabajo y vida personal, sin solución de continuidad, suceden juntas. Donde el discurso científico ¿cómo es posible que consigan que sea un poema? y los recuerdos personales de un mundo anterior ¿la antigua normalidad? se mezclan formando un continuo en el presente.

Una combinación que se apoya en un uso de la cámara y de las imágenes muy inteligente y en la voz. La voz del actor Jesús Nieto en directo, que cuenta la historia en primera persona con una forma de decir y contar relajada y llena de poesía. Aportando la sensación de que es una historia que se está escribiendo a medida que va sucediendo, que va pasando ante los oídos y los ojos de la audiencia.

Sí, en este trabajo la voz y el sonido, es muy importante. No solo porque incluya una canción de sobra conocida como No surprises de Radiohead. Sino por el trabajo con las otras voces que también intervienen que hace importante seguir el trabajo de Pedro Guirao, responsable del sonido.

Una propuesta que consigue en los 20 afortunados que obtienen una de las entradas a la venta el silencio que se produce pocas veces en el teatro. Ese silencio final en el que el público se queda en la butaca chocado con lo que ha visto y oído. Cuando ha sido afectado. Como en esos poemas que dejan al lector suspendido no se sabe muy bien dónde y paladeando las palabras, los versos y su combinación confortablemente.

Instrucciones previas para una utopía, tu casa es el escenario y tú la interpretas

Obra radical de Juan Ayala en la que, ante la imposibilidad de poder ofrecer un teatro convencional, es decir, una sala en la que se produzca un encuentro entre un público y unos actores al mismo tiempo, apuesta por unirlo todo en uno solo espacio y en una sola persona.

¿Qué cómo se hace eso? Se hace convirtiendo la casa del espectador en el escenario en el que sucede la obra, por lo que se le pide una mínima escenografía (una ventana para mirar al exterior, una puerta, un espejo). Espectador que a través de Telegram escuchará una locución de un texto que suena en la voz del actor Jesús Barranco. Un texto que le dirá cómo moverse en el espacio, donde dirigirse, que es lo que ve o sobre que aspecto reflexionar de lo que ve.

Historia de un encierro, un confinamiento que voluntariamente aceptado se convierte en ese entorno de seguridad en el que siempre se deseo vivir, a la vez que escapar, que configura un futuro con espacios públicos llenos de avatares. Algo que lleva a reformular lo que es algo como el trabajo, las relaciones, incluso, un simple paseo por la calle. Hasta lo que los humanos pueden hacer.

Tal vez el texto no brille con la calidad poética de RONEM RAM.0. Aunque coincide con el mismo en el uso eficaz de la palabra y la voz. De nuevo claves para la extrañeza que provoca en el público comprobar que a medida que ocupa el espacio de su domicilio y hace lo que le dicen en la locución, que suena en la cabeza como una voz interior, su casa se convierte en un escenario en el que sucede una obra.

Una propuesta que no es un pasatiempo cualquiera, un simple juego, sino una poética reflexión sobre un posible distópico futuro inmediato en la que la falta de actividad humana, tal y como se entiende ahora, aclara mucho los cielos.

Shan Shui o traer el campo y la montaña a casa

Este título, que suena a feng shui, es la reflexión visual y, hay que insistir, poética sobre la naturaleza que falta estos días. Sobre todo, a todos aquellos que viven metidos en sus pequeños pisos de ciudad. Obra pensada y realizada por Edurne Rubio y María Jérez que Pablo Messiez ha calificado de preciosa.

Espectáculo estrenado en el festival #BEatHome, la versión confinada, del BE Festival. Un festival internacional de artes vivas, performance, teatro y circo y todo lo que se le pueda acercar que dirigen en Reino Unido Isla Aguilar y Miguel Oyarzun. Bien conocido en Madrid porque una pequeña selección de este se ha podido ver en distintos años en la Naves del Matadero, en el Teatro de la Abadía y en el Corral de Alcalá.

Artistas que dentro de sus casas han sido capaces de construir un espacio natural por el que se pasean y hacen pasear al espectador durante todo el tiempo que dura la pieza. Donde tirar de la cadena suena a tormenta de noche cerrada. O donde se puede acampar bajo un cielo estrellado. O donde se escucha el sonido de los pájaros y otros animales. O donde se puede pasear por la montaña.

Todo en apariencia simple, sencillo. Como un juego de niños (en este caso, de niñas) que se divierten y divierten al espectador. Espectáculo en el que hay cierta melancolía de esa naturaleza que durante este tiempo no se puede ni oler, ni tocar, ni pasear. Esa naturaleza que está más allá de las ventanas desde donde algunas personas, muy pocas, pueden verla y otras solo soñarla. Pieza que estaría bien recuperar tras su breve paso por este festival.

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