Enfermeras especialistas formadas para no trabajar como especialistas

Si cuando llevamos a nuestro hijo/a al médico esperamos que nos atienda un pediatra... ¿por qué no esperar que nos atienda una enfermera con la especialidad de Enfermería en Pediatría?
Una enfermera en un hospital durante la pandemia
Cesc Maymo via Getty Images
Una enfermera en un hospital durante la pandemia

Soy enfermera y en mayo de 2018 obtuve el título de Especialista en Enfermería Familiar y Comunitaria (enfermeras que trabajan en los centros de salud). Para poder obtener este título estudié un año de forma intensiva, superé un examen de 235 preguntas y de 5 horas de duración (el EIR, similar al MIR de los médicos) invirtiendo un año de estudio, dinero, esfuerzo y tiempo para superar esta prueba.

Después realicé una residencia de dos años (similar a lo que realizan los médicos). En concreto, durante estos dos años el sueldo fue de 968 euros mensuales brutos sin guardias. Realizar esta residencia a nivel laboral sólo trae desventajas. Al ser un contrato en formación, es como si ese tiempo no lo hubiera trabajado (no puntúa como trabajo) y la formación que he recibido no se puntúa aparte, por lo que los 3 puntos que he obtenido por este mérito los puede obtener cualquiera con cursos de formación continuada (por ejemplo, con cursos online).

No existe bolsa específica, ni oposiciones, por lo que se crea una gran desventaja con respecto a otros compañeros en la bolsa general ya que, durante los dos años de residencia, otros profesionales sí puntuaron en la bolsa obteniendo mejores puestos, por lo que al final parecen dos años perdidos a nivel de puntos con respecto a otras enfermeras, lo que lleva a pensar que no merece la pena el esfuerzo de pasar un examen tan complicado y realizar una residencia.

“Esto ocurre con todas las especialidades excepto con la especialidad de Obstetricia (matrona).”

También hay que mencionar que cómo no somos considerados nivel A1 cobramos 200 euros menos al mes que el resto de los profesionales en formación (médicos, biólogos, psicólogos…) y que la formación de cada residente genera un gasto al contribuyente (aproximadamente 47.000 euros) sin ningún beneficio para la salud del ciudadano.

Este problema es un problema nacional, salvo excepciones. En la mayoría de las comunidades se forman especialistas que terminarán trabajando en un ámbito diferente al que se han formado, y esto ocurre con todas las especialidades excepto con la especialidad de Obstetricia (matrona). Es una pena que la población desconozca la existencia de estas enfermeras. Si cuando llevamos a nuestro hijo/a al médico esperamos que nos atienda un pediatra... ¿por qué no esperar que nos atienda una enfermera con la especialidad de Enfermería en Pediatría?

Hoy en día existen dos vías para obtener este título: aprobar el examen que yo hice, que se convoca de forma anual (EIR) y realizar la posterior residencia, u obtener el título de forma “excepcional”. Aquí es donde la cosa se complica, ya que más de 40.000 enfermeras llevan esperando 10 años para poder realizar la prueba “excepcional”. 10 años son muchos, y muchas de estas enfermeras cuando puedan hacer el examen probablemente estarán jubiladas sin obtener el reconocimiento curricular que se merecen. Además, muchas enfermeras se encuentran estudiando y cada día aparece una noticia o con la fecha aproximada del examen o con el retraso de este, con la consecuente frustración del gremio.

“Obviamente nadie me obligó a estudiar, ni a realizar el examen; lo hice por voluntad propia. Ingenua, jamás pensé que me iba a perjudicar.”

Es por esto que, en mi opinión, la especialidad de Enfermería Familiar y Comunitaria es un conjunto de despropósitos y dejadez tanto política como sindical e institucional que no hace más que llevar a la frustración a las enfermeras que han obtenido este título. Aun así, es de agradecer el apoyo incondicional a los especialistas de las sociedades científicas y el esfuerzo que se realiza por los tutores y unidades docentes para ofrecer una formación de calidad.

Obviamente nadie me obligó a estudiar, ni a realizar el examen; lo hice por voluntad propia. Ingenua, jamás pensé que me iba a perjudicar y siempre pensaré que la especialización de las enfermeras es la mejor manera de ofrecer los mejores cuidados para los ciudadanos. Lo que aprendí estos dos años de residencia, las competencias, el bagaje y las técnicas no lo cambio por nada.

Por esto únicamente pido a quien me pueda leer que se deje de jugar con la enfermería, que convoque el examen “excepcional” y que se inste a la contratación de estas enfermeras por parte de las comunidades autónomas que se excusan en que no se celebra este examen para el desarrollo de la especialidad. Si no hay intención de dar salida a las enfermeras especialistas, que se dejen de convocar plazas para su formación, ya que es muy frustrante tras el esfuerzo realizado ver el título guardado en un cajón.

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