Érase una vez un rótulo, un exrey y una tele pública

La verdadera historia de Bernat Barrachina, el guionista que escribió la frase “Leonor se va de España, como su abuelo” en TVE y acabó despedido.
El polémico rótulo de TVE.
El polémico rótulo de TVE.

A estas alturas todos sabéis quién es Bernat Barrachina, ese monstruo del lago Ness que la semana pasada atentó contra la estabilidad de la Corona con ocho palabras: “Leonor se va de España, como su abuelo”.

También dinamitó la credibilidad de RTVE. He esperado unos días, mientras los ánimos se calmaban, mientras hablaba con unos y con otros, para ponerme a escribir un cuentecito sobre lo sucedido ese día en la tele y sobre quién es en realidad ese ser diabólico, ese estratega que con su pluma afilada tenía en mente desbaratar el estado de derecho.

Bernat es guionista y ahora mismo, tras lo sucedido, está en el paro. Tiene 37 años y es de Badalona. Ha trabajado en muchos programas de televisión y de radio: en El Hormiguero, en Tonterías las justas, en Así nos va, en Dani y Flo. Trabajó también con Nuria Roca, detalle importante en este relato.

Desde 2018 a 2020 estuvo en el gabinete de comunicación de la alcaldía de Badalona, con el socialista Álex Pastor. Llevaba las redes sociales, le preparaba los discursos, etc. Este detalle es más importante aún.

Investigando de lo lindo he averiguado cosas. Allá voy.

Estaba animada la redacción esa mañana. A las 11 horas salta la noticia. La princesa Leonor, de 15 años, cursará fuera sus estudios de bachillerato.

-No va a quedar nadie de la Familia Real aquí a este paso, comentaban, con humor, en los pasillos

A las 11:20 horas arranca la franja más distendida, más desenfadada de La hora de la 1, el programa de TVE que dirige y presenta Mònica López. La franja del entretenimiento, de la crónica social y del corazón.

El ínclito guionista se dispone a seguir el directo, desde la redacción. Es lo que suele hacer siempre. Si hay que cambiar cosas lo hace desde su ordenador. Ultima el guion. Sara Carbonero y su hospitalización. Hoy está José Antonio Zarzalejos, que viene a presentar su último libro sobre el rey Felipe. El guionista escribe las preguntas, los titulares, los faldones y los destacados.

La presentadora de esa franja, Cristina Fernández, baja al plató. Y da la noticia. Dice textualmente: “Tenemos un comunicado de Casa Real de ahora mismo. ¿Qué dice? Otro miembro de Casa Real se va fuera de España”.

El realizador suelta la imagen de la princesa Leonor en un atril. Son las 11:50 horas de la mañana. El guionista lanza el rótulo —el famoso rótulo— que había escrito un poco antes, sin pensar, sin filtro, sin intención alguna, sin sensor que le advierta, sin campaña orquestada, sin pretensión de joder a la Casa Real.

No, parece que Pablo Iglesias no está soplándole en la nuca, ni dictándole el texto. No, parece que el PSC tampoco. Ni el jefe de la cadena, Enric Hernández. El guionista está solo y ha escrito un rótulo desafortunado, sin darle más vueltas: “Leonor se va de España, como su abuelo”.

El guionista es un tipo muy prudente en realidad. “Un buen guionista”, me cuentan desde la dirección actual del programa. ¿Consulta con alguien ese rótulo? No, se le ha ocurrido sobre la marcha. Antes había un compañero que corregía los textos que se emitían, que supervisaba el contenido. Dos semanas atrás había dejado el puesto y ya nadie hacía esa función.

El guionista está acostumbrado a los directos y a las prisas. A escribir para programas de humor, para secciones divertidas, informales, que se prestan a juegos de palabras. Lleva mil guiones escritos, mil programas, mil escaletas, se dedica a esto desde hace muchos años. Nunca en la cadena pública. Quizá si hubiera tenido más tiempo, el guionista le hubiera dado una pensada y no lo habría escrito. Pero, topicazo: “las cosas del directo”.

El caso es que, pese a su destreza y su oficio, ese día comete un error, un error grave. Bueno, no tan grave como no declarar a Hacienda, por ejemplo, pero grave. Un error inmenso. Quizá no tan inmenso como que la cadena pública no informe con más profusión y con más brío de lo que está sucediendo con el rey emérito fuera de España, pero inmenso.

Se oye un grito en la redacción: ”¡Quitad ese rótulo!”. La frase ha estado exactamente un minuto y seis segundos en pantalla. De pronto, una tragedia se cierne sobre RTVE. El apocalipsis. ¿Es una tragedia mayor que el hecho de que un rey le diera a su querida amiga Corinna 65 millones de euros por “gratitud” ? No. ¿Estoy mezclando temas con doble intención? Quizá, pero es que me tiene hartita todo esto.

El rótulo desaparece. Sale otro más ortodoxo: “Leonor se va a estudiar fuera de España”.

Es decir, la cadena, el programa, subsana el error. TVE rectifica y cambia el rótulo. El programa sigue. ¿Han temblado los cimientos de vuestras casas tras el rótulo? No. ¿La gente en sus hogares ha tenido ataques de ansiedad, de indignación? No. ¿Ha cometido algún delito el guionista, punible al menos? No. ¿Ha dejado Guillermo Rodríguez, director de El HuffPost, de leer a Proust por este suceso sin parangón? No.

Se acaba el programa. Todos los ojos están puestos en el guionista, que ya va siendo consciente de lo que se le viene encima. En la sala, en privado, en un tono solemne, trágico, se oyen frases, palabras de los responsables del programa dirigidas a él: “despido”, “error grave”, “falta de rigor”, “Zarzuela lo pide”, “cuéntanos cómo ha sido”, “nos piden dos cabezas”, “respeto a la corona”, “respeto a las instituciones”.

″¿Estoy despedido?”. El guionista había llegado a TVE en septiembre, contratado por Tesseo, la productora que lleva a cabo el programa a medias con la cadena pública. Tesseo recibe la petición de la tele, su cliente: ese guionista fuera, que los hechos son gravísimos. La productora acata.

“Tesseo recibe la petición de la tele, su cliente: ese guionista fuera”

El guionista, pocos minutos antes de saberse en el paro —sí, en el paro, no cesado, no en otro lugar, no en otro programa, en el paro—, intenta bromear con las directoras del programa, pero la tragicomedia se ha instalado y nadie está dispuesto a reírle las gracietas. Su frasecita ha puesto en cuestión todo el rigor informativo de la cadena pública. ”¿De verdad?”, se preguntan algunos compañeros, sorprendidos.

A juzgar por el ambiente parece que haya cometido un atentado. A la compañera que está con él, responsable de ese espacio y profesional de la cadena, la cesan de su cargo. ¿Asume alguien la responsabilidad? No. ¿Alguien saca la cara por él en público e intenta quitarle hierro al asunto? No.

¿Alguien va a los despachos de los directivos para dar su opinión, para decir que, quizá, está siendo todo una desmesura? Sí. Cristina Fernández, la presentadora, que al conocer los ceses/despidos se indigna e intenta hablar con los directivos de la cadena para que lo reconsideren. Pero todos le repiten lo mismo: están despedidos.

“Cristina Fernández, al conocer los ceses/despidos, se indigna e intenta hablar con los directivos”

Así que el guionista recoge sus cosas y se va a casa. Contrariado, confuso y sin trabajo. Todos lo buscan, lo buscamos. Pero decide no hablar. Tiempo después publica un tuit muy de guionista.

A mí me parece divertido, la verdad. Pero es que yo soy una frívola, como todo el mundo sabe. Al resto del mundo, a los hombres y las mujeres de estado, a Rosa María Mateo, a los que suscriben el comunicado que hizo RTVE para explicar lo sucedido y pedir perdón a todos los españoles, no les pareció gracioso. Como no les había parecido gracioso el rótulo primigenio.

Da igual que estemos en medio de una pandemia, con miles de muertos, con miles de contagiados, con un panorama desolador, con una monarquía cuestionada como nunca, con un rey emérito en tela de juicio. El rótulo del guionista es una cuestión de Estado. Y su tuit una broma de mal gusto que demuestra que merecía el despido.

“El rótulo del guionista es una cuestión de Estado”

¿Y como él sale del armario? Comienza el periodismo de investigación. Sobre su persona, su paradero, sus razones oscuras, sus estrategias. Y sobre cómo llega a TVE.

Aquí la primera historia (falsa) que comienza a circular.

El guionista había sido puesto a dedo por Enric Hernández, que acataba así un mandato del PSC, partido donde el guionista había ocupado un alto cargo. Diseñó la campaña del alcalde de Badalona, Àlex Pastor, porque era del partido. Ya era un maquiavélico periodista entonces. El partido le ha pagado siempre sus servicios y por eso ahora está en TVE. Y yo pienso, ¿el partido le paga con un puesto de guionista? No, hombre no, pa’ eso déjame vivir…

Y aquí la verdadera historia:

El guionista trabajó en el programa de radio de Nuria Roca, Lo mejor que te puede pasar, en Melodía FM. En 2009 conoció a Juan del Val, el marido de Roca, cuando entró de guionista en el programa que del Val dirigía, Guerra de sesos, en Telecinco. Se hicieron amigos y, en 2014 ,volvieron a coincidir en Melodía FM.

En junio del 2020, la codirectora del programa de la tele, por parte de Tesseo, Ana Rodríguez, llamó a Juan del Val para proponerle ser tertuliano. Del Val acudió a la llamada, a la entrevista con Tesseo. Le dijeron que querían contar con él. Le explicaron que estaban formando el equipo, que buscaban guionistas. Juan les dijo que conocía a uno que trabajó con él, que vivía en Barcelona, pero que en ese momento no estaba trabajando y que quizá le interesara. Los puso en contacto. Ana Rodríguez (a la que despidieron apenas unos meses después de arrancar, no trascendieron los motivos) habló con el guionista. Bernat le pasó su curriculum. Tres semanas después le respondieron e hicieron la entrevista por videollamada. Lo contrataron. En septiembre, se incorporó. No había estado nunca en TVE. No conocía de nada a Enric Hernández, ni lo conocerá nunca durante estos cinco meses de trabajo.

“No conocía de nada a Enric Hernández, ni lo conocerá durante los cinco meses de trabajo”

Y la verdadera historia sigue así. Bernat es de Badalona. Allí, con Toni Alonso, uno de sus mejores amigos, había llevado a cabo muchos proyectos culturales y de humor: teatro, certámenes de monólogos, programas de radio exitosos. Habían trabajado muy bien juntos. Se entendían perfectamente.

Un día Bernat se marcha a Madrid a trabajar, mientras que su amigo Toni se queda en Badalona, trabajando en su puesto de técnico del Ayuntamiento. Llega a la alcaldía Àlex Pastor, del PSC y lo nombra jefe de gabinete. Entonces Toni, que puede contratar a alguien de confianza para llevar la comunicación del Ayuntamiento, piensa en Bernat, le llama y le ofrece el puesto. Se encargará de las redes, de los discursos, de coordinar el departamento de comunicación.

Durante ese tiempo acompaña a Pastor a actos oficiales, donde intercambia saludos y cortesías con miembros del partido. Probablemente ninguno de ellos, ningún Miquel Iceta o similar, que estaban a lo que estaban, se acuerden de su cara o de su nombre. Nunca se reunió con ellos formalmente. Tampoco ocupa cargo alguno, más allá de este, ni en la sombra ni a la vista. No es del PSC, no ha militado nunca. Ni en Podemos.

“No es del PSC, no ha militado nunca. Ni en Podemos”

De momento, Leonor prepara su ingreso en la escuela galesa, el rey emérito ha dicho que se aburre mucho en su destino fuera de España y Bernat está en el paro. Cree que su despido podría ser improcedente, que quizá estemos ante un despido ideológico. Y RTVE, viviendo un innecesario terremoto interno.

Quizá habría bastado una bronca monumental, una explicación y una disculpa pública, sin elaborar un comunicado tan de otras épocas y a otra cosa, queridos directivos de RTVE. La polvareda habría sido un soplo apenas.

El Atlantic College, así es el colegio donde estudiará Bachillerato Leonor