Heterazos y señoros: estáis cada vez más solos

Hay un tipo de hombre heterosexual que se siente amenazado. Ha estado cincuenta años viendo ficciones para él, leyendo libros escritos para él, escuchando música para él.
Imanol Arias en el papel de Antonio Alcántara en 'Cuéntame'.
Imanol Arias en el papel de Antonio Alcántara en 'Cuéntame'.

Vamos a ser claros. El personaje de Antonio Alcántara, en Cuéntame, era un controlador, un machista, un egoísta con trazas de maltratador psicológico, aunque de perfil bajo, sutil… Un hombre muy de su tiempo. Todos reconocemos a hombres así de aquella época (¿y de esta?) en nuestro entorno. Su muerte en la ficción, que sucedía ya en 2021, no le pasó factura, no lo dejó en evidencia como personaje. Todo lo contrario, fue despedido con cariño y pena, por sus hijos, su mujer Mercedes, sus seres queridos…

Hace unos días, mi colega periodista Raquel Peláez se planteaba esto en un artículo en S Moda. Ponía sobre la mesa que quizá la ficción no había sido justa con las mujeres, al no dejar al descubierto la mezquindad de Antonio, a su muerte. Puesto que esta, por guion, pasaba en 2021, quizá hemos desaprovechado una oportunidad única para hacer justicia poética en la ficción. Peláez recordaba también la crónica de ¡2017!, Desmontando a Antonio Alcántara.

Se anticiparon a todo, estas tipas estupendas de Pikara.

El caso es que todo esto me hizo pensar y elaborar una tesis optimista: los maltratadores, los hombres mezquinos, los machitos y los machistas, los gallitos del corral, los heteros-heterazos, autoritarios, soberbios, chulescos, poco empáticos, gallitos del corral, prepotentes y testosterónicos, están cada vez más solos. Y eso lo digo en esta semana tan dura, tan amarga en todo lo que tiene que ver con la violencia machista.

El artículo de Peláez es un ejemplo de periodistas que van más allá de lo convencional, lo establecido por ley, lo consensuado, y nos invitan a reflexionar sobre un modelo de ficción como Cuéntame. Y no están solas. La corriente de opinión que va en contra de ese tipo de hombre es cada vez más sólida y está más presente en más sitios, en más medios que vienen a decir eso: vuestras voces, hombres del paleolítico, han perdido predicamento. Son cada vez más débiles….

“Vuestras voces, hombres del paleolítico, han perdido predicamento”

Ese modelo vital, con esos tipos que lo han ocupado, y lo ocupan aún casi todo (empresas, instituciones, política, medios de comunicación, ficción, literatura, etc.), va camino de quedarse en los márgenes, o al menos de ser cuestionado a todas horas, de ser vigilado, evidenciado… Ya no les apoyan ni los de su especie: los heteros de 50 o 60 años que están ‘desaprendiendo’ a ser machistas, (“soy un machista en deconstrucción, me dijo mi colega Jon Sistiaga, reconociendo un comportamiento que no todos reconocen), las jóvenes generaciones que ven como una reliquia del pasado esas actitudes, los artistas de distintas disciplinas que han decidido pararse y elaborar sus textos, sus obras con otra mirada: saliendo del armario, llorando en público, confesando lo que sienten abiertamente, componiendo para conectar con lo sentimental…

Hay un tipo de hombre heterosexual que se siente amenazado, así de claro. Nadie le había discutido nunca su lugar en el mundo, sus puntos de vista. Ha estado cincuenta años viendo ficciones para él, leyendo libros escritos para él, escuchando música para él. Y ahora llegan vendavales de cosas que NO entienden. Corrientes que contestan culturalmente a sus posiciones vitales barrocas y absurdas, pasadas de moda, conservadoras, estúpidas, intolerantes…

He dicho que era una tesis optimista, sí. Y en eso quiero quedarme, así que no vengáis a amargarme la fiesta, por favor os lo pido.

Están cada vez más solos, digo. Les acorralan, les acorralamos. Todo tipo de colectivos, feministas, gays, y como decía, su propio entorno, su propia especie establecemos saludables cordones sanitarios. Me contaban hace unos días compañeros de profesión, cómo los comentarios machirulos y las fotos de tías en pelotas en los grupos de WhatsApp han bajado considerablemente de intensidad. ¿Razones? Variadas, parece ser. Una de ellas: cada vez recibían menos comentarios laudatorios o jocosos.

Aquí van nueve ejemplos audiovisuales, teatrales, literarios, musicales, de ficción, de comportamiento público. Y esto no ha hecho más que empezar…

  • En la ficción. Hay una serie de ahora mismo en HBO, Mare of Easttown, que nadie debería perderse. La señalé aquí como mi serie de la temporada. Mujeres como protagonistas rotundas, tramas sencillas de seguir, una mirada al suspense poco habitual, por lo femenina. Pero hay más: El cuento de la criada, Podría destruirte, Los Bridgerton… Empezó con el fenómeno Big little lies y ha seguido con ficciones donde las mujeres marcan la pauta y ponen en escena lo que no siempre ha estado en escena, desde la autoría, desde la interpretación, desde la producción ejecutiva incluso… Traigo aquí la peli que debería haber ganado el Oscar: Una joven prometedora. Si no la habéis visto, MAL.
  • En la tele. El documental Nevenka, de Netflix, (Newtral) deja al alcalde de Ponferrada, Ismael Ávarez, aunque sea 20 años después, en el lugar que merece. Y la entrevista que un joven periodista le hizo en la tele de Castilla y León, más aún. Y ese fiscal del caso, machista de manual, al que habíamos olvidado y que al verlo sabemos que YA no tiene cabida en nuestro mundo. En el reverso de esa moneda, la ficción nos ha dado a la jueza Candela, de la serie Hierro, con Candela Peña, que es lo más grande, como protagonista. Ah, y por supuesto, esa Candela dinamitando La Resistencia, un programa divertido, pero profundamente masculino hasta que llegó ella, desafiante, jacarandosa.

Ya no está en emisión Mujeres y Hombres y Viceversa y ha aparecido en Atresplayer el programa Drag Race España, que es otra bala directa a la tripa de los hombres-hombres. Una propuesta como esa, la antítesis del machito, (junto a Veneno, por ejemplo, o la buena serie Alba, con una Elena Rivera fabulosa), en una tele generalista, es un BOOM en toda regla.

Elena Rivera interpreta a una víctima de una violación en grupo en 'Alba'.
Elena Rivera interpreta a una víctima de una violación en grupo en 'Alba'.

Como dice mi amigo Mikel López Iturriaga, que es un fan del formato americano, “las teles han descubierto que hay un nicho de mercado para lo que los señoros definirían como mariconadas”. Es verdad que en ese clima hay una reacción muy rancia por parte de los heterazos más rancios que aún creen en cosas rancias, (y OJO, que no están solo en la derecha política, no nos equivoquemos en eso. Hay cafres en la izquierda. Muchos. Y muy estrafalarios), pero como dicen mis amigos gays: “Los maricones ya no estamos dispuestos a que nos toquen los cojones con chistecitos de maricones”. Y yo añado: nosotras, las mujeres, TAMPOCO. Ejemplo de grito testosterónico: las reacciones brutales contra Rocío Carrasco de hombres (casi todos) arremetiendo como bestias contra su discurso incontestable, en Twitter, en la tele… Pero aquí estamos todos para señalarlos con el dedo y repudiarlos.

  • En el teatro. Tenemos nuevos dramaturgos que también revisan el concepto de masculinidad. Lo hizo Jordi Casanovas en Jauría, (Premio Max 2020) sobre el caso de la violación de la Manada. Una obra durísima, hecha a partir de la transcripción del juicio. Lo ponía todo patas arriba y salías del teatro roto, a poco que tuvieras sentido común. Lo ha hecho Pablo Remón con Doña Rosita, anotada, que parte de la fantástica de la obra de Lorca, la vuelve del revés y la sitúa, en lo que tiene que ver con la mujer, en este controvertido 2021. El Teatro del Barrio, con Alberto San Juan al frente, acaba de lanzar su propuesta de programación para este año, repleta de obras que son como balas dirigidas a la línea de flotación de los señoros. Y como ejemplo, este: Homenaje a Billy El Niño, de Ruth Sánchez y Jessica Belda, con dirección de Eva Redondo. La obra repasa algo que ahora mismo NO podría pasar. “En julio de 1977, Antonio González Pacheco, un policía más conocido como ‘Billy el Niño’, fue condecorado con la medalla de plata al mérito policial. Y el ministro que tuvo la iniciativa, Rodolfo Martín Villa, reconoció los servicios prestados por el agente a la patria franquista y a la Transición, y pareció incluso atisbar que aquella trayectoria profesional generaría beneficios a la joven democracia. Los que no estuvieron ni en pintura en aquel homenaje fueron los hombres y mujeres a los que torturó Billy El Niño, y por eso, aquí se les da voz para que recuerden su historia y ayuden a visibilizar toda la violencia con la que también se construyó la Transición. Lo veremos del 26 al 30 de enero”, señalan desde el teatro.

“Los nuevos dramaturgos revisan el concepto de masculinidad.”

  • En los libros. Hombres, los odio, el polémico y radical alegato de la feminista francesa, que fue un fenómeno en Francia. Editado en España por Paidós, es uno de esos textos que en otro momento habría sido impensable. El título es transgresor, agresivo, sí, pero no hay que quedarse ahí. Y junto a esto, los esfuerzos de editoriales pequeñas como Consonni por acercar relatos poco convencionales, de mujeres menos convencionales aún, que son pequeñas bofetadas a los hombres que ya no tienen cabida en el 2021. Son toques de atención, advertencias…Un bálsamo para recuperarse de tantos años de espaldas de plata. Hay un libro, A contrapelo, que propone la NO depilación, que hasta yo recibí con malestar, por lo arriesgado de la propuesta. Pero es el momento de darles voz a todas esas chicas que YA NO van a conformarse.
  • En la vida. Voy a hacer de la anécdota, categoría. La imagen de Carles Francino, uno de esos hombres heterosexuales criado para no manifestar sus sentimientos en público, rompiéndose en directo en La Ventana y empatizando con miles de oyentes fue un gancho en la mandíbula para los cretinos. Muchos de ellos, hombres como él, de su edad, de su entorno, de su ámbito sentimental. Hombres acostumbrados a no mostrarse, a no llorar, a no contar… Ese momento de La Ventana, lo que supuso, me viene al pelo para lo que quiero explicar aquí: bienvenidos al mundo sensible, a lo bueno de narrar lo que sientes por dentro, a gritar que nos queremos, o que estamos jodidos…
  • En la música. ¿Por qué de pronto el disco El Madrileño, de C. Tangana, conectó con mujeres diversas, feministas, más o menos jóvenes, que nunca habíamos escuchado al rapero? ¿Cómo es que le compramos el mensaje? Mi amiga Paloma, una de esas feministas de nacimiento y yo, por ejemplo, nos lo pusimos en bucle durante días. ¿Es algo premeditado, por parte de su producción discográfica, para embelesarnos, sabiendo que estos son los nuevos tiempos? Dejo ahí la pregunta para los expertos.
  • En Twitter. Cada vez más tías que gritan, que se unen y que les hacen frente a los anónimos mezquinos. Porque como dice Gonzo, los haters suelen ser, además de anónimos, hombres heteros. ¿Podemos pensar sobre esto también?
  • En el humor. Las monologuistas, las cómicas, las actrices que toman las riendas y reivindican poder equivocarse y ser mediocres. Esa Celia de Molina pidiendo su “TRUÑO” fue gloria pura:
  • En la gastronomía. Se acabó el modelo de cocinero machote, gritón, subido de tono, condescendiente con las mujeres (bueno, sí, sé que estáis pensando en algunos chefs mediáticos, pero hemos quedado en que nadie va a amargarme la fiesta, ¿no?). “Las nuevas generaciones ya no responden a ese perfil, —asegura el jefazo de El Comidista—, ese modelo masculino está pasado de moda, cada vez tiene menos hueco”. Ahí está, por ejemplo, Begoña Rodrigo, la chef valenciana de La Salita. Batalladora y fetén, contra ese mundo demodé.

Gallitos del corral, vamos a hacer un mundo sin vosotros.

Las escenas de 'Cuéntame' que ponen contra las cuerdas a Imanol Arias y Ana Duato