Ir a terapia es cuidarse

Un psicólogo es un entrenador, un entrenador de vida.
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Un psicólogo no es un amigo, no es un familiar, no es alguien a quien tenemos que agradar. Un psicólogo es un entrenador, un entrenador de vida. Un preparador especialista que va ayudarte en tu situación concreta y única.

La vida nos da momentos buenos y momentos malos (¡y qué malos en muchas ocasiones!), como por ejemplo una separación no deseada, una pérdida de un ser querido, una situación estresante familiar, tener sentimientos profundos de soledad y vacío, preocuparse constantemente por el futuro y un largo etc.

Nadie nos ha enseñado a cómo gestionar los problemas que nos ocurren en nuestro día a día, y por norma general pensamos que eso se va a curar o mejorar por sí solo. Desgraciadamente con el tiempo nos vamos dando cuenta que no es así y aparecen el sufrimiento y malestar como si un veneno tóxico se adentrara poco a poco en nuestra alma, impidiéndonos dormir, comer, sociabilizarnos y/o desconectar. Es ahí, en ese momento, cuando podemos o debemos acudir a ese entrenador y profesional de la salud mental para que nos eche una mano.

“Ir a terapia es de valientes, es afrontar nuestros miedos, es crecer emocionalmente, es hablar sin ser juzgado”

¿En qué consiste ese proceso? Ir a terapia es de valientes, es afrontar nuestros miedos, es crecer emocionalmente, es hablar sin ser juzgado, es conocerse a uno mismo, es detectar situaciones que nos generan daño, es aprender a cómo poner límites y es tomar decisiones con el fin de obtener un equilibrio emocional.

Cuidar nuestra salud conlleva cuidar nuestra salud mental. Si no nos encontramos bien emocionalmente no vamos a estar bien en nuestras demás áreas de la vida, por eso es muy importante preparar nuestra mente.

El proceso no es rápido, al revés, requiere de paciencia, ganas y sobre todo de acción, es decir, poner en práctica las herramientas y técnicas que nos enseñe el profesional. La terapia te permite saber cómo actuar ante los imprevistos y los dolores de la vida, te permite conocer tus capacidades y tus limitaciones y obviamente saber aceptarte y superarte.

El trabajo terapéutico es de equipo, de dos. En él, se establece un vínculo de confianza, sin prejuicios, donde hay que ser sincero y estar cómodo (si no lo estás no pasa nada, coméntaselo con total transparencia y si aun así sigues estando incómodo, permítete no continuar y buscar otro profesional, no hay que obligarse a seguir si vemos que no avanzamos con ese psicoterapeuta).

“Cuando des el paso en pedir ayuda, piensa que ya es una primera zancada de mejoría”

Cuando des el paso en pedir ayuda, piensa que ya es una primera zancada de mejoría, es el momento para salir de ese pozo en el que te encuentras. Plantéatelo como un nuevo reto personal donde vas a aprender sobre ti y en el que vas a saber cómo hacer las cosas de forma óptima a través de la palabra. Hablar tiene un poder sanador, cuando hablamos nos curamos emocionalmente y que mejor que hacerlo con alguien que nos entiende y entrena psicológicamente para enfrentarnos ante esa problemática.

Ir a terapia mejora la calidad de vida, aumenta la confianza en uno mismo, ofrece bienestar emocional, ayuda a mejorar las relaciones interpersonales, potencia habilidades personales y contribuye a nuestro equilibro emocional. Todo son beneficios. Recuerda: no hay salud, sin salud mental.