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06/07/2019 09:17 CEST

La ciencia explica por qué el helado es la comida icónica de las rupturas

Pero el mejor modo de gestionar la tristeza o el mal de amores es realizar una actividad que no tenga que ver con la comida.

UNIVERSAL PICTURES

Aunque ahora estés en una relación feliz, es probable que alguna vez te hayan roto el corazón y que hayas contribuido al estereotipo de suavizar las penas con una tarrina de helado.

En la película de 2004 El diario de Bridget Jones: Sobreviviré, la protagonista aparece envuelta en un edredón con una tarrina de helado para sobrellevar su mal de amores. Scary Movie 3 llevó el estereotipo más allá cuando Anna Faris y Regina Hall aparecieron comiendo de un colosal cubo de helado. Ya sea Violeta, de Los increíbles, volviéndose invisible y llorando frente a una tarrina de helado, Emma Stone presentando Saturday Night Live mientras come helado y llora al escuchar a Adele, Rory Gilmore atiborrándose de helado o la influyente diputada de Estados Unidos Alexandria Ocasio-Cortez publicando una historia en Instagram sobre cómo se relaja comiendo helado después de un día agotador luchando contra sus haters republicanos, este estereotipo de la cultura pop se centra en las mujeres.

Sin embargo, Chandler (Matthew Perry) rompió el cliché en la tercera  temporada de Friends (1996), cuando Monica y Rachel le ofrecen una tarrina de helado con sabor a vainilla francesa y Chandler se queja de que no sabe a nada. Rachel le dice: “Sí, es porque está hecho con leche de soja baja en calorías y todo eso. Guardamos el helado de verdad para los casos terminales”. Y añade Monica: “Cuando empiezan a fastidiarte constantemente, hay que optar por el régimen”.

Ciertos antojos se asocian a experiencias que viviste comiendo esos alimentos
 

Jen Bateman, psicóloga especializada en alimentación, explica que uno de los motivos por los que se suele recurrir al helado es porque provoca nostalgia. “Ciertos antojos se asocian con experiencias que viviste comiendo esos alimentos. Las personas a las que les ofrecieron helado como distracción al estar en horas bajas o las que tienen buenos recuerdos comiendo helados en el pasado tienen más probabilidades de sentir antojos cuando se encuentran en esas situaciones”, explica a la edición estadounidense del HuffPost.

Pero, ¿de dónde sale esta idea de comer helado cuando estás triste? ¿Ayudan la grasa y el azúcar a mitigar la tristeza?

Ashley Gearhardt, profesora asociada de Psicología en la Universidad de Michigan y psicóloga clínica, realiza investigaciones para el programa FAST (Food Addiction Science and Treatment, ‘tratamiento e investigación de la adicción alimentaria’) de la universidad. Su trabajo se centra en la asociación entre la comida rápida altamente procesada y sus posibles propiedades adictivas similares a las del tabaco y el alcohol.

“El cerebro está configurado para desear alimentos calóricos como recompensa. El helado tiene dos de las sustancias a las que el cerebro está más preconfigurado para identificar como premios: grasa y azúcar. Nos hemos vuelto muy efectivos produciendo en masa estos alimentos. Ya no es solo helado de chocolate. Ahora hay helado de chocolate con nubes de malvavisco y sirope”, expone.

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Aunque hay un estudio que sugiere que el helado hace feliz a quien lo toma, Gearhardt menciona otro estudio de 2012 publicado por Kyle S. Burger y Eric Stice en el que desvelaron que la satisfacción que aporta un helado es mínima. Los sujetos de estudio tomaban batidos de chocolate fabricados con helado. Mientras se lo bebían, los investigadores analizaban las reacciones del cerebro de los participantes. La conclusión fue la siguiente: “Nuestros resultados muestran nuevas pruebas de que el consumo frecuente de helados, independientemente de la grasa corporal, está asociado a una reducción en la intensidad de la reacción del sistema de recompensas del cerebro en los seres humanos, de forma similar a la variación de la tolerancia que se observa con la drogadicción”. Sí, como con la drogadicción.

Cuanto más consumes algo, más se adapta tu organismo y aumenta su tolerancia

“Los consumidores habituales de helado de chocolate mostraban menos reacciones cerebrales de recompensa que las personas que no comían helado con frecuencia”, explica Gearhardt. (Ella no participó en el estudio). “La idea es que cuanto más consumes algo, más se adapta tu organismo y aumenta su tolerancia. No notas tanto el efecto como antes, de modo que quizás necesitas un helado más dulce o más helado para conseguir el efecto deseado”.

Una vez que se pasaba el efecto inicial del azúcar, Gearhardt señala que muchos de los participantes tenían remordimientos. “Recibes un doble revés porque no te encuentras bien pese a que tienes recuerdos muy bonitos y muchas expectativas. Y los anuncios y el marketing nos dicen: ‘¿Te encuentras mal? Tómate una chocolatina o un helado, eso te hará sentir mejor’. Asimilamos estos mensajes y, cuando lo comemos, no nos da ese subidón que esperábamos”.

Los anuncios nos dicen: ‘¿Te encuentras mal? Tómate una chocolatina o un helado, te hará sentir mejor’. Y nosotros asimilamos ese mensaje
 

Gearhardt señala que muchas personas no solo se arrepienten, sino que a veces también tienen náuseas y se sienten con poca energía, lo que las lleva a tomar otros alimentos poco saludables para conseguir esa sensación de recompensa, como las patatas fritas o incluso el alcohol.

Además, especula que el estereotipo de las mujeres comiendo helado tal vez arraigó en la cultura pop porque los hombres afrontan esas emociones de forma distinta. “Si un hombre está muy triste o le ha pasado algo muy malo, en la cultura pop se le suele ver en un bar ahogando las penas en alcohol. En el caso de las mujeres (aunque ahora está cambiando, cada vez más mujeres abusan del alcohol), había normas de género que establecían que el alcohol y otras drogas no estaban bien vistas como para que ellas afrontaran así sus problemas”.

“Algunas investigaciones sugieren que las mujeres son más proclives a darse atracones de comida para aliviarse, distraerse o suavizar sus emociones”, comenta Jessica Bihuniak, dietista y profesora asistente de Nutrición clínica en la Universidad de Nueva York.

Sandra Bullock satirizó esa idea en Miss agente especial en el año 2000 y llevó el tópico del “ponme otra” a otro nivel. En cuanto se sienta en el bar, hecha polvo, el camarero le sirve una tarrina enorme de helado con sabor a galletas con pepitas de chocolate. “Me voy a pillar una buena”, bromea.

“Si está socialmente mal visto ir al bar, servirte un vaso de whisky y ahogar las penas en alcohol, el helado es la alternativa adecuada para su sexo”, explica Gearhardt.

La primera cucharada siempre sabe mejor, pero Gearhardt advierte que cuanto más helado comes, más probable es que la sensación disminuya hasta llegar al punto de pensar: “No me sabe a nada”. En 2013, los investigadores de la Universidad de Wurzburgo (Alemania) publicaron un estudio sobre cómo la tristeza es capaz de enmascarar la capacidad de percibir la grasa de la comida. “No se trata del placer, de la felicidad o de prestar atención al sabor. Es algo como: Estoy empanado y simplemente me lo meto en la boca”, asegura.

Intentar solucionarlo con comida cuando no tienes hambre no soluciona nada. Aunque comas zanahorias, manzanas o helado, seguirás sintiéndote triste
 

Los alimentos saludables como las frutas y las verduras mejoran el humor, pero Gearhardt sostiene que el mejor modo de gestionar la tristeza o el mal de amores es realizar una actividad que no tenga que ver con la comida, como buscar apoyo social, hacer ejercicio (Olivia Pope de Scandal y Don Draper de Mad Men van a nadar) y leer. “Creo que intentar solucionarlo con comida cuando no tienes hambre no soluciona nada. Aunque comas zanahorias, manzanas o helado, seguirás sintiéndote triste. Está bien querer cuidar de ti, siempre y cuando no se convierta en un problema para la gente”.

Bihuniak secunda la opción de buscar actividades que no tengan que ver con comer. “En general, comer helado está bien y es algo que debería disfrutarse, pero no lo recomiendo como estrategia para afrontar el problema. No creo que nadie tenga que depender de la comida para ser feliz. En algunos casos, recomiendo trabajar la arcilla o jugar con plastilina para mejorar el estado de ánimo. Utilizar las manos en una actividad creativa es muy satisfactorio”, asegura.

Con el fin de evitar problemas como atracones y trastornos alimentarios, Gearhardt recomienda reconocer las expectativas reales a la hora de comer: “¿Qué expectativas tiene la gente con la comida basura y qué es lo que realmente siente en ese momento? Esas expectativas mantienen a flote esas conductas y, cuanto más muestre la sociedad a Bridget Jones en casa comiendo helado, más influirá en esas expectativas”.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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