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17/06/2020 11:08 CEST | Actualizado 17/06/2020 11:08 CEST

La increíble (por que no hay quien se la crea) historia de 'La mesa herida' de Frida Kahlo

Les diré por qué no me creo esta novela.

'La mesa herida'. 

Hace unos días La Voz de Galicia traía una noticia impactante: había aparecido La mesa herida de Frida Kahlo, un cuadro perdido desde 1955 cuando la artista (fallecida en 1954) lo había enviado a Polonia a una exposición. Era un regalo para la URSS, pero lo rechazaron como arte burgués. Stalin había decidido que nada de vanguardia al pueblo y le dio una dosis de realismo frío y musculoso que duró medio siglo.

Todo en la noticia era muy exótico. El periódico consideraba esta obra, inusualmente grande, como “el máximo exponente del surrealismo”, y ni le temblaba el pulso al pasar por encima de Miró, Magritte, Dalí etc. Tan importante cuadro lo pone a la venta Cristian López Márquez, un empresario de Rianxo de 22 años. Junto a dos socios ha creado una empresa llamada The billion Art. La página web de esta empresa es verdaderamente pintoresca, ya que en ella se venden relojes y se informa de que representan a un pintor desconocido. En esta web la empresa no anuncia este cuadro, “el máximo exponente del surrealismo”, si bien en la entrevista afirma que, entre las obras que tienen a la venta figuran varios cuadros de Frida Kahlo.

Hay que decir aquí que es una pintora especialmente escasa, solo hay catalogadas 248 obras incluyendo pequeños dibujos, y ya ha pasado en su gran mayoría a los museos, de hecho en México es Patrimonio Nacional inexportable. Volviendo a la entrevista, el joven gallego dice: “Hoy en día, el 95% de las obras que se ponen a la venta en el mundo son falsificadas, pero este es el cuadro original porque ha sido analizado por expertos. En primer lugar, en la propia casa del propietario, que decidió posteriormente ponerlo en una bóveda de alta seguridad, donde permanece. El cuadro se encuentra en perfecto estado, algo que podía preocupar a los seguidores de la autora, que llevan años esperando a que reaparezca”.

Es decir, prácticamente todo el arte que se vende es falso pero este mío no. Es significativo que desacredite casi todo el arte que se vende en el mundo. Obviamente se cuelan falsificaciones, pero la inmensa mayoría de obra vendida por subastas, galeristas, marchantes y anticuarios es auténtica. Por otra parte dice que la obra ha sido analizada por expertos pero no dice cuáles. No, cuando un cuadro es certificado por un experto siempre se dice quién es.

Siempre son historias estrambóticas que justifican que el cuadro no esté en los catálogos razonados.

En México ya hasta hay quien se ríe de esta historia, que ya ha sido puesta en duda públicamente por expertos. La mesa herida ha sido analizado por expertos sin nombre en una casa de alguien cuya identidad desconocemos y está en una “bóveda de seguridad” mientras en la fotografía del periódico aparece descansando sobre dos láminas de poliuretano y apoyado en una pared de pladur (se ve la mala terminación en la parte inferior) de lo que parece una galería de arte. Para acabar, habla de unas etiquetas detrás. 

Todo es tan cinematográfico que se entiende el entusiasmo del redactor de La Voz de Galicia, que cree haber descubierto un tesoro cuando, en realidad, ni lo ha visto. López Márquez le ha enseñado solo la foto, que es lo que tiene.

Volviendo al cuadro, desde 1955 la obra ha aparecido en otras dos ocasiones y el número de copias, versiones y falsificaciones es notable, acabando al menos dos veces en los tribunales. Hace diez años apareció el supuesto tesoro en Michoacán, México, y hace un año y medio en Morelos. La fotografía es la misma que entonces, y otras que aparecen en otros medios son la de Michoacán, afirma el diario El Universal que se hacía eco bajo el irónico titular “La nueva ‘aparición’ de La mesa herida, la obra perdida de Frida Kahlo”. 

La pregunta es automática: ¿quién compra por 50 millones de euros un cuadro tan dudoso impulsado solo una foto?

Les diré por qué no me creo esta novela. Cuando aparece una obra de esa importancia se presenta en un museo. Una historia así forma colas en México, Londres o Madrid y supone un logro para la institución, que edita un catálogo con los textos de las autoridades en la materia, que también se vende, luego el propietario vende la obra revalorizada y bendecida por las instituciones. De hecho el relato es tan sugerente que la obra incluso viaja a otros museos.

Si no es así, se encargan las grandes casas de subastas de hacer una oferta sensacional (recordemos el Salvator Mundi, de Leonardo) ya que el precio de venta de esta obra sería estratosférico y traería a toda la prensa internacional a un debate que aumenta el valor de la obra y de la casa subastadora.

Lo peligroso de esto es la similitud de procedimientos e historias, que me hace pensar en organizaciones que ponen a la venta obras dudosas.

En tercer lugar, la obra sería movida por uno de los grandes marchantes que repetiría el proceso bien del museo, bien de la casa de subastas. En cualquier caso una obra maestra como esta no se vende con una foto desde una página web de Rianxo que vende relojes de lujo, con todo el respeto por la empresa, por Rianxo y por el redactor de La Voz de Galicia que asumió la fantástica historia de López Márquez.

En realidad esto es el pan nuestro de cada día en una galería de arte. Trabajo en lo que llamamos “primer mercado”, es decir, con artistas vivos, la compraventa corresponde al “segundo mercado” pero, aún así, accidentalmente nos suele llegar un mail de algún amigo o conocido en el que dice “tengo a la venta un Goya” o un Velázquez. Hasta un cuadro de Jackson Pollock me enseñaron una vez. Aquel llevaba también etiquetas detrás, pero no estaba catalogado “porque cuando lo pintó Pollock estaba liado con otra y la mujer ahora no lo reconoce, pero es auténtico”.

Siempre son historias estrambóticas que justifican que el cuadro no esté en los catálogos razonados. En el caso de un cuadro de Rafael (la gente es muy osada) me contaron un litigio entre familias, en el de un Goya me enviaron la autentificación de un restaurador condenado por falsificación que explicaba que Goya incluía mensajes ocultos en los cuadros… Lo peligroso de esto es la similitud de procedimientos e historias, que me hace pensar en organizaciones que ponen a la venta obras dudosas mediante redes de contactos masivas.

A alguien le puede sorprender que este tipo de cosas ocurren, pero ocurren.

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