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27/08/2019 07:07 CEST | Actualizado 27/08/2019 07:07 CEST

Las tensiones acaban con la hegemonía del G7

Los líderes políticos se muestran incapaces de encontrar líneas de actuación conjunta.

Jeff J Mitchell via Getty Images

La celebración de la cumbre del G7 es todo un misterio para muchos. La cita que mantienen anualmente las siete economías con mayor peso mundial suscita el deseo de la masa social de conocer todos los detalles -y al minuto- de la tan enigmática reunión. La icónica cita, que tiene lugar en Francia, en esta ocasión, trata de concentrar a los distintos líderes de las principales economías del mundo, siempre con el fin de establecer rutas de cooperación entre los respectivos países para tratar de dar unas directrices que lleven a la economía global a una sustancial mejoría y a la corrección de los problemas que acechan al bienestar.

Sin embargo, la cita de este año esconde, entre sus líderes políticos, un entramado de tensiones y dificultades sobre las que centrar el foco. La reunión tiene lugar en un escenario en el que la economía atraviesa una fuerte fragmentación territorial que amenaza a las relaciones comerciales entre los distintos países que conforman el mercado global. A su vez, la intensa y pronunciada desaceleración económica que sacude a las economías en todo el mundo tensa, aún más, la situación. Tampoco debemos olvidarnos, dicho sea de paso, del Brexit; un tema muy candente en la reunión, pues Boris Johnson, el líder conservador, ha sido una de las caras más mediáticas en esta expectante reunión.

Entre los temas tratados en la cumbre se encuentran desde desastres medioambientales, como los incendios del Amazonas que están destruyendo los miles y miles de kilómetros que lo integran, hasta temas tan actuales y controvertidos como la situación de Irán y las respectivas sanciones. Pero entre todos los temas que se han desarrollado, si uno ha llamado la atención de los focos, ese ha sido la guerra comercial entre China y Estados Unidos. Las dos principales economías del mundo, ambas presentes en dicha reunión, mantienen una acalorada discusión para tratar de solventar unas tensiones que, por el momento, van en sentido negativo cada vez que se ven.

Exceptuando el tratado de tregua comercial, logrado durante la última cumbre en la que ambos líderes se vieron las caras, hasta ahora, las reuniones entre China y Estados Unidos no han contado con un final feliz. Para Trump, Estados Unidos no está preparado para un acuerdo comercial con el gigante asiático. Las futuras elecciones y sintonizar el crecimiento económico de su país de cara a la cita electoral es una prioridad. Por el momento, el vaticinio de la victoria republicana en las urnas es una prioridad para un presidente que aclama a la Reserva Federal unas políticas más laxas para impulsar el crecimiento del PIB norteamericano.

Los líderes políticos se muestran incapaces de encontrar líneas de actuación conjunta.

Mientras tanto, China, un país que por su estructura económica se encuentra  mucho más expuesto al escenario comercial, trata de aplicar políticas de choque, sin éxito, para tratar de revertir la situación. Llegado el escenario en el que el gigante asiático se ha encontrado con una pésima lectura en los crecimientos, la peor de los últimos 30 años, y viendo la gran incapacidad de lograr los objetivos planteados y la definitiva tregua con los Estados Unidos, el líder asiático refuerza su postura en la guerra comercial, anunciando nuevas baterías arancelarias que, como podemos comprobar en el análisis, siguen atizando una guerra comercial que, pese al negativismo de muchos, perjudica seriamente a la economía mundial.

No debemos obviar que la exportación de bienes y servicios en el PIB mundial, representa cerca del 57% del mismo, de acuerdo a los datos ofrecidos por el Banco Mundial en 2018. Ante un escenario donde el comercio vive uno de sus mayores estancamientos, con proyecciones a futuro repletas de pesimismo por parte del organismo supervisor, el PIB mundial se podría ver sustancialmente resentido. A su vez, las relaciones entre las dos principales economías, al seguir aumentando sus represiones arancelarias, siguen deteriorando sus relaciones comerciales, estableciendo tasas arancelarias a más del 96% de los productos de origen asiáticos que tienen como destino el país norteamericano, provocando el peor escenario comercial desde la guerra arancelaria de 1930.

Una tregua comercial que ha solicitado hasta el propio Boris Johnson, que ve como su economía también se ha visto sacudida por las represiones arancelarias, la caída de la demanda global y las tensiones geopolíticas. No obstante, el no hablar del Brexit -en este artículo- ha sido por la sencilla razón de que, aunque los británicos sigan condicionando el Brexit estructurado, el mayor perjudicado de una salida inminente y a un coste completamente arbitrario sigue siendo el Reino Unido, por lo que Europa se muestra contundente con su ideario y las políticas propuestas. La economía británica se resiente ante la incapacidad de lograr un acuerdo de salida viable mientras la solución sigue bloqueada en los detalles. No obstante, debemos tener un ojo puesto en las relaciones comerciales que establezca el Reino Unido, pues pueden suponer un factor determinante en las intenciones de Johnson. 

La negociación subyacente de la reunión se ha centrado en la escalada proteccionista, los serios riesgos que amenazan a las grandes economías -extremando la situación de algunas al borde de la recesión- y la crisis geopolítica, precedida por las tensiones políticas. Estos tres puntos han sido los más remarcados, pues pese a la importancia de otros sucesos, la resolución de los tres anteriormente mencionados condiciona la solución del resto de los tratados durante la cumbre.

La negociación subyacente de la reunión se ha centrado en la escalada proteccionista.

El G7, cada vez más ninguneado por la pérdida de representatividad provocada por la pérdida de peso en el PIB Mundial, muestra una radiografía de la fuerte crisis que atraviesa el mundo en este momento. Las divergencias que mantienen los distintos líderes políticos que ahí se concentran han marcado la senda de la reunión, impidiendo obtener conclusiones más allá de una mayor tensión comercial y política. Un claro ejemplo de ello es la línea de negociación para la presencia de Rusia en el G7, la cual ha sido duramente negociada por un consenso completamente dividido e incapaz de lograr un acuerdo viable. 

En resumen, como dicen los analistas de Moody’s y con los que mantengo una gran afección en estas declaraciones, la debilidad de la economía global pone de manifiesto los grandes riesgos a los que se enfrenta la misma, por lo que se prolongará, al menos, durante los próximos 5 años. La situación que enfrentan los distintos líderes políticos parte de la resolución de numerosos conflictos que, en mayor medida, han sido provocados por los propios intereses sensacionalistas y populistas de los distintos líderes políticos. Su utopía reaccionaria y egoísta causa una fuerte fragmentación en unos líderes políticos que ya se muestran incapaces de acudir a una cumbre y encontrar líneas de actuación conjunta; suprimiendo hasta el discurso que, conjuntamente, emitía un portavoz sobre las conclusiones de la reunión.



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