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27/06/2021 10:03 CEST | Actualizado 28/06/2021 23:10 CEST

"Yo sólo quería sobrevivir": el legado de tres generaciones de mujeres trans

Deborah, Mar y Alejandra protagonizan un corto para dar visibilidad a las personas de su colectivo.

Iko Savoy / @ikosavoy
Mar, Deborah y Alejandra.

“Donde hubo una mujer trans, fuese activista o no, siempre hubo una bandera de visibilidad”. Es una frase que la activista y presidenta de la Plataforma Trans Mar Cambrollé, de 63 años, le dedica a las que vinieron delante de ella y abrieron camino. Una de ellas es Deborah, que con 83 años por fin se siente estable y plena tras huir de su casa a los 14 para poder vivir “en libertad”.

El entorno franquista en el que nació hacia 1938, con una familia muy cercana al dictador donde no faltaba de nada “excepto comprensión y cariño”, hizo que esta joven se fuese de su hogar para buscarse la vida. Y vaya que si se la buscó: desde dormir en la calle en Barcelona siendo adolescente hasta hacerse vedette de Las Vegas, pasando por ser paracaidista del Ejército y por participar en el conflicto bélico del Magreb. Deborah está muy contenta pasando su vejez en su casa de Sevilla después de haber viajado por medio mundo y en plena dictadura, cuando ser una mujer trans no sólo te podía costar la cárcel, sino también la vida. “Estoy feliz porque he vivido dignamente”, asegura.

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Deborah. Maquillaje y Peluquería: Sarah Kceres (@sarahkceres)

Una vida digna. Eso es lo que han perseguido o persiguen Deborah, Mar y Alejandra, tres mujeres trans de distintas generaciones que protagonizan el corto ‘Legado’, dirigido por Lhaura Rain y producido por Sarah Kceres. Quisieron "mostrar y apoyar de forma distinta al colectivo, ofreciendo la oportunidad a una generación que no está tan activa en las redes pero que tiene mucho que decir y nosotres mucho que agradecer"

 Unas imágenes que tratan justamente de eso: del legado que dejan las personas de este colectivo para las que vendrán detrás. De momento es mucho: “En diez años, hemos conseguido que muchas mujeres trans pasen de estar en las esquinas prostituyéndose a estar en la universidad”, asegura Mar.

 

Deborah, por ejemplo, lo pasó muy mal tras huir de su casa, “con 15, 16 ó 17 años”. Pero salió adelante: “Después de sobrevivir a todo, con 19, me hice paracaidista del Ejército de Tierra”. Entre otros destinos, viajó a Canadá con una compañía canadiense de bomberos paracaidistas, donde pagaban en dólares y “era otra cosa, me vino muy bien”. Seis meses después, volvió a España y se hizo representante de peluquerías de señora. Poco después trabajó como manicurista en el barrio chino de Sevilla, donde conoció a todo tipo de clientela. “Algunas muy importantes”.

Así, moviéndose de aquí para allá y sin dejar de trabajar, con 31 años había logrado lo suficiente como para que una compañía de ballet americano le propusiese trabajar para ellos como vedette. “En España era imposible, por la dictadura”, cuenta. Así que no dudó en irse a Marruecos y después a Latinoamérica. Debutó en Casablanca en 1972 en un cabaret llamado Puerta del Sol y, tras varios viajes, acabó en Las Vegas. “Allí estuve seis o siete años en el ballet y con 40 ya me fui a Sevilla, compré una casa encima de una peluquería y disfruté de mi soledad”. “Yo sólo quería sobrevivir”, explica en el documental. 

Iko Savoy @ikosavoy
Deborah. Vestuario: Matias Martini

Y es que a Deborah no le ha quedado otra que aprender a vivir con ella misma. “He pasado todo esto sola. Mi alma gemela es la soledad y ha sido una vida difícil pero con momentos bonitos. Me he equivocado sola, pero también he triunfado sola”, explica. “He tenido todo en la vida, pero a los 83 años sé que como yo, no tengo a nadie”, asegura. Y vuelve al principio de su relato: “Salí de mi casa con la intención de ser libre. Ni mejor ni peor, libre”. Desde entonces no ha dejado de “valorar y pelear” por su libertad. “Porque yo soy feliz así”, concluye. 

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Mar Cambrollé. Maquillaje y Peluquería: Sarah Kceres (@sarahkceres) Sastra: Ana Céspedes (@anacespedes8). Vestuario: Matias Martini. 

En la época en la que Deborah era paracaidista del Ejército nació Mar Cambrollé. Hoy, con 63 años, responde al teléfono mientras redacta una nota de prensa contra la propuesta del Gobierno sobre la ley trans que a muchos colectivos les parece “insuficiente”. Veinte años de diferencia con Deborah no fueron suficientes para que Mar no viviese experiencias de violencia como las palizas y los castigos de su padre cuando la pillaba con un vestido o los labios pintados. 

Tampoco tuvo apenas referentes entonces para darse cuenta de que era una mujer trans. Así que empezó la confusión: “Te niegan que eres una niña, pero al mismo tiempo te llaman maricón y no tiene nada que ver la orientación sexual con la identidad. Una personita de 5 ó 7 años no creo que sienta deseo sexual como tal, pero sí empieza a tener una identidad”, explica. Por eso muchas personas trans de su generación vivieron años creyendo ser lesbianas o gays: “Es lo que el mundo les metió en la cabeza”.

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Mar Cambrollé. Maquillaje y Peluquería: Sarah Kceres (@sarahkceres) Sastra: Ana Céspedes (@anacespedes8). Vestuario: Matias Martini

Ella luchó contra esos clichés. Y lucha. Hasta hoy. “He querido convertir los golpes, las palizas, los obstáculos y los portazos en lucha para que ninguna generación pase lo que yo pasé”, asegura. “Es una especie de venganza: convertir las muecas tristes en sonrisas, las palizas en acompañamiento y entendimiento, los insultos en menos hostilidad en las escuelas y los colegios…”. 

Cree que, poco a poco, lo están consiguiendo. “Ahora hay sensibilidad en las familias, en las escuelas y en la sociedad en general. Tener una mirada trans positiva ayuda a la sociedad a liberarse y ser más diversa. Pero queda que se nos proteja con un marco jurídico que, además, repare todos los años que hemos sufrido”, advierte. 

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Alejandra. Vestuario: Matias Martini/ Maquillaje y Peluquería: Sarah Kceres (@sarahkceres)/ Sastra: Ana Céspedes (@anacespedes8)

Alejandra también espera ese marco jurídico. Pero gracias al camino allanado por mujeres como Deborah o Mar, su proceso ha sido menos duro. “Me siento una privilegiada”, dice esta joven de 23 años. Pero acto seguido se ríe: “Si se puede llamar privilegio a que no te den una paliza por la calle”. Estudia Antropología en la universidad, aunque le encantaría poder dedicarse a la música con su grupo Fukin’ Rainbow y se siente muy orgullosa y acogida en su pueblo de Huelva de 5.000 habitantes. 

No, ella no tuvo que huir de su hogar. “Siempre he sabido que soy una chica, aunque al principio mi entorno no lo veía. Pero cuando lo comprendí, el acompañamiento de los míos ha sido fundamental. Sobre todo el de mi madre”, explica. De hecho, recuerda divertida que su abuelo “se enfadó cuando se lo conté por no haberse enterado primero”. Para esta joven, la situación de soledad y opresión que tuvieron que pasar Deborah o Mar en algún momento de su vida es insostenible: “Sin apoyos y sin redes acabamos en la exclusión social”. 

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Alejandra. Vestuario: Matias Martini/ Maquillaje y Peluquería: Sarah Kceres (@sarahkceres)/ Sastra: Ana Céspedes (@anacespedes8)

Eso no quita para que su infancia y su adolescencia hayan sido difíciles. “He tenido dificultad para hacer amigos, la gente no se acercaba a mí por miedo a sentirse señalada... Y durante esas épocas se me privó de muchas experiencias”, cuenta. 

Pero dentro de todo lo malo, también se considera privilegiada por su passing (término que se utiliza para decir que no se nota que una persona es trans. Es decir, cuando alguien no se plantea que la persona haya hecho una transición). “Eso me ha quitado de muchos problemas y me ha dado mucha validación externa, cosa que me aleja de otras compañeras trans”, explica. 

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Mar, Deborah y Alejandra. Vestuario: Matias Martini/ Maquillaje y Peluquería: Sarah Kceres (@sarahkceres)/ Sastra: Ana Céspedes (@anacespedes8)

Ahora espera expectante para ver qué se aprueba en el próximo Consejo de Ministros sobre la Ley Trans porque no le convence lo que ha trascendido hasta ahora. “Se va a aprobar la autodeterminación de género, pero con carencias: se quedan fuera las personas no binarias, los menores, las migrantes... No quiero una ley que se tenga que rehacer dentro de unos años”, explica. Sabe que España es un país avanzado en derechos LGTBI, pero “eso no quiere decir que no quede por avanzar ni que no seamos susceptibles de volver atrás, como está pasando con el auge del odio hacia el colectivo por partidos de ultraderecha e incluso del PSOE”. 

“Estamos hablando de vidas humanas y personas que han sufrido muchísima deshumanización”, dice. Ella, como han hecho Mar y Deborah, abrirá camino a las demás, a las que están naciendo o creciendo ahora, para que esa deshumanización sea historia.

Estilismos

  • Reveligion  @reveligion
  • Crispa2 Vintage    @crispa2_vintage

Localización

  • Grabado en la Fábrica de la Artillería de Sevilla.
  • Espacio cedido por Laboratorio Xm2 con la colaboración de Recetas Urbanas y Habitación Semiundida.   @recetasurbanas_oficial  @lahabitaciónsemihundida

Agradecimientos

  • A la Asociación de Transexuales de Andalucía, Sylvia Rivera (A.T.A)  @grupo_joven_ata_sylviarivera