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30/11/2019 08:07 CET | Actualizado 30/11/2019 08:07 CET

Lo siento, espectador, te he engañado con 'Autoentrevistas'

Yo seguía porque me lo pasaba bien, hasta que llegó un momento que la cuenta corriente me advirtió: “eh, tú, relléname el depósito o te dejo”.

Después de más de cuatro años haciendo entrevistas en un coche tengo que confesarlo: te he engañado como espectador. ¿Sabes aquello de no eres tú, soy yo? Pues me ha pasado contigo. Me explico:

Cuando empecé con este formato de entrevistas en un 600 en mayo de 2015, me dejé llevar por el impulso romántico de subir a famosos en un coche miniatura y tan gracioso como el Seiscientos D de mi mejor amigo.

Conforme iba peleando por subir a nuevos invitados (el primero fue Juan Luis Cano, comencé fuerte), me daba cuenta de que no sabía hacia dónde quería ir, pero me lo estaba pasando en grande y eso era suficiente. Me olvidaba de todo lo demás, incluso de ingresar, que quizás fuera lo más importante en aquel momento. Me despisté y no paré de hacer entrevistas como un poseso obseso. 

Una vez conseguida una cartera de invitados suficientes para empezar a llamar a puertas y enseñar el proyecto, algo más desarrollado que un embrión, me di de bruces con la realidad: apenas hay dinero para estos proyectos, no eres una cara conocida con lo cual la tele no te quiere, etcétera y más etcétera. Pero yo seguía, porque me lo pasaba bien, hasta que llegó un momento que la cuenta corriente me advirtió: “eh, tú, relléname el depósito o te dejo”. “No eres tú, soy yo”, le respondí, y seguí haciendo entrevistas nuevamente como un poseso obseso.

Wyoming con Miguel Ríos, Joaquín Reyes, Resines… todos accedían y yo me decía, “joder, ¿cómo voy a aparcar el proyecto si tengo unos invitados de primera?”. Incluso algunas marcas a las que me presenté aparecieron por el camino. Cito a Zity y a su gran equipo, porque me contrató un paquete de seis entrevistas en sus tremendos Renault Zoe. Lo pasamos en grande y de hecho me encantaría repetirlo alguna vez.

Yo seguía porque me lo pasaba bien, hasta que llegó un momento que la cuenta corriente me advirtió: “eh, tú, relléname el depósito o te dejo”.

También Toyota, Mercedes, Muchoviaje.com… todos ellos vinieron y se fueron. La parte positiva es que vinieron y que me ayudaron a seguir ingresando; la parte negativa, que no hay presupuesto para una continuidad. “Estamos en España”, me dije, “y cuesta que las marcas vean algo más que números”. Lo llaman valor añadido, notoriedad de marca y demás terminología que te explicará un experto en marketing.

Pero entonces, es aquí cuando se me encendió una lucecita y pensé que como los buenos vinos había que dejarlo madurar. Todo este tiempo ha sido suficiente para analizar el proyecto con lupa y descubrir la clave: haciendo una entrevista al mes con un buen invitado es suficiente para saciar al fiel espectador y, lo más importante, y aquí el engaño: para que yo me quite el mono de subir a un coche, de conocer al invitado que admiro, de estar con él y que me cuente… lo siento, espectador, como te decía, no eres tú, soy yo.

Quién sabe si en el futuro Autoentrevistas se convertirá en el proyecto principal de mi vida y pueda vivir de hacer entrevistas en un coche con personas a las que admiro y gozo con ellas robándoles media hora de su vida.

Si quieres un consejo, no te obsesiones nunca con aquello que te llene y te haga disfrutar. Ya te llegará el momento y, si no, habrás descubierto una nueva pasión en tu vida.

 

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