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18/06/2019 07:27 CEST | Actualizado 18/06/2019 07:27 CEST

Los peces también sufren el desamor

El enamoramiento es una auténtica revolución para el cerebro.

Hannes Röckel / EyeEm via Getty Images

Un amigo me confesó que se había enamorado locamente y que se encontraba rarísimo. Le contesté: “El enamoramiento es una auténtica revolución para el cerebro. A pesar de todas las canciones y derechos de imagen, el corazón pinta poco en el proceso de enamoramiento”.

El apego emocional a un compañero/a no es único de nuestra especie y existen patrones de amor romántico en otros animales, incluidos los peces. Un nuevo estudio así lo ha demostrado.

En el amor interviene un cóctel de muchas sustancias químicas

En el amor no hay un patrón único pero se sabe que intervienen numerosas regiones del cerebro y diversas sustancias químicas (neurotransmisores) que modifican el lenguaje que las neuronas tienen entre ellas. Por otra parte, es un cóctel de hormonas entre las que se incluyen las hormonas del estrés. Con el estrés se reduce la sensación de dolor y el cansancio, lo que nos permite tirarnos varias horas en la pista de baile dándolo todo sin sentirlo. También se generan cambios en los patrones de las hormonas sexuales. Estamos de “subidón”.

Por otra parte, se reduce el grado natural de desconfianza, lo que hace que el objeto de nuestro amor se convierta en lo mejor de lo mejor y la persona más maravillosa del mundo. En la parte adictiva, aumentos la motivación y el placer, y reducimos la tristeza (el mundo se vuelve de color de rosa). Estos estados se combinan con un aumento de los pensamientos obsesivos.

En definitiva, el resultado final es una mezcla de patrones similares a los que ocurren cuando tenemos una adicción, sumado a cambios de humor y sensación a veces de melancolía, combinado con momentos de alto estrés y alerta. Esta situación de alto nivel de algunas sustancias químicas del organismo puede prolongarse durante varios meses hasta un año. Posteriormente a esa etapa se suele reducir el estrés y la adicción.

El enamoramiento es una auténtica revolución para el cerebro.

El éxito posterior de la relación en el largo plazo dependerá de otros muchos factores entre las que se incluyen las habilidades sociales, la motivación y el compromiso personal.

Los peces también son afectivos

Conocer el estado de ánimo de un pez no es fácil. Sin embargo, con atención e investigación los expertos afirman que los peces también responden como lo hacen los humanos cuando se separan de su media naranja. Incluso llegan a tener melancolía y un estado anímico bajo cuando hay una ruptura.

Un estudio efectuado en la Universidad de Burdeos en Dijon (Francia) ha analizado el comportamiento de los peces cíclidos de América Central. Los cíclidos suelen ser de pequeño tamaño, con colores vistosos y se encuentran con frecuencia en las peceras y los acuarios. Para el estudio utilizaron un test cognitivo, observando que cuando las hembras de los cíclidos han perdido a su pareja se vuelven tristes y melancólicas y adoptan una actitud más pesimista. Esto indicaría que, según palabras del investigador François-Xavier Dechaume-Moncharmont “las orientaciones emocionales no son tan irracionales. El amor no es tan irracional”.

Las hembras demostraron que tenían sus preferencias respecto a un macho.

Las hembras eligen

En una primera parte del estudio analizaron si las hembras tenían alguna preferencia por un macho en particular. Para ello, colocaron las hembras en una pecera transparente y en otra adyacente iban colocando machos. Las hembras demostraron que tenían sus preferencias respecto a un macho elegido al que cortejaban a través de la pared que los separaba.

La elección del macho también determinaba su comportamiento posterior que afectaba a su fertilidad. Cuando las hembras se emparejaban con el macho de su elección ponían antes los huevos y eran mejores cuidadores de los huevos frente a las hembras que se emparejaban con el macho impuesto que ellas no habían elegido.

Posteriormente, hicieron otro ensayo en el que modificaron los recipientes en los que habitualmente iban a buscar la comida. Con los nuevos recipientes que tenían una pequeña compuerta y por lo tanto de acceso más difícil, los peces que habían sido separados de sus parejas elegidas y estaban con el compañero equivocado no se esforzaban por intentar abrir la compuerta. Sin embargo, los que estaban con la pareja elegida intentaban con más ímpetu abrir la compuerta empujándola o con la boca. Según comenta la investigadora Chloé Laubu, “este ejemplo sería una buena analogía sobre el estado de ánimo que nos hace ver el vaso medio lleno o medio vacío”.

El amor es universal

Los científicos concluyeron que si bien las relaciones humanas son particularmente complejas no hay una razón a priori para pensar que no haya un apego emocional entre especies no-humanas. Estos peces de colores serían un bello ejemplo de esta afirmación.



Para saber más, visita mi blog: www.raquelmarin.net

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