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05/07/2021 16:43 CEST | Actualizado 05/07/2021 17:36 CEST

"¡Maricón!", así empieza todo

Dónde están hoy, tras el asesinato de Samuel, las empresas y los partidos que se cambiaron su foto de perfil por la bandera arcoíris durante el Orgullo.

Europa Press News via Getty Images

″¡Maricón!”. Así es como siempre empieza todo. No hace ni una semana desde que salimos a las calles a protestar por mayor justicia y libertad en el Día Internacional del Orgullo LGTBI y ha vuelto a pasar. Desde hace horas nos destruye desde nuestras pantallas la noticia del asesinato de Samuel, un chaval de mi edad cuyo único delito ha sido querer vivir su vida. Un grupo de jóvenes, le ha dado una paliza hasta la muerte  por ser marica. Y esa es la historia.

Semana tras semana nos encontramos testimonios en redes y algunos medios acompañados de imágenes de caras amoratadas o labios partidos de jóvenes que han sido agredidos por su sexualidad. Jóvenes que andaban por la calle como se supone que debería poder hacer cualquier persona.

Algunos nos dicen que ante esa violencia acudamos a las autoridades, cuya función es “servir y proteger”. Pero, ¿cómo podemos sentirnos seguros al denunciar con casos como el del escritor e influencer Javier Ruescas, a cuyo novio le propinó un guantazo la policía municipal este fin de semana en el Orgullo, además de ser amedrentado por el agente? 

En días como hoy, nos preguntamos dónde están todas aquellas empresas que durante el mes de junio no dudaron en cambiar su foto de perfil por una bandera arcoíris. Dónde está el compromiso de los medios que, si bien promocionaban este Orgullo hace unos días, parece que en los noticiarios del resto del año hablan con la boca pequeña de la violencia que sufrimos. Y, cómo no preguntarlo: dónde están los partidos que en Twitter muestran su apoyo a la diversidad pero que retiran todas las subvenciones a las asociaciones por los derechos LGBTI, como hizo Almeida en Madrid o como baraja Ayuso hacer a petición de Vox.

Ya no nos engañan, nos damos cuenta de que estamos solos, que sólo nos tenemos los unos a los otros para defendernos y cuidarnos. Por suerte, mientras nuestra rabia sea mayor que nuestro cansancio, podremos salir a la calle a protestar. Seguiremos en pie haciendo lo imposible por construir un mundo mucho más justo y libre para todos. Pero mientras el discurso de odio siga siendo legitimado, mientras no se haga nada por educar desde la infancia y mientras aquellos a los que no les afecta no comiencen a preocuparse por quienes tienen al lado, todo seguirá igual.

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