Así me convertí en bloguera de viajes con solo 14 años

Queremos inspirar a más gente para que siga sus sueños y sienta que su vida tiene un propósito.
Gabriela Robledo en Alaska.
Gabriela Robledo en Alaska.

El 13 de junio de este verano, tendría que haber estado en el instituto recibiendo el diploma de graduación de la promoción de 2019 en mi ciudad, San Diego (California, EEUU), rodeada de mis compañeros, amigos y familiares.

Pero no fue así. En vez de eso, me desperté en la ciudad turística de Girdwood (Alaska), en una autocaravana de 10 metros, y así he vivido los últimos cuatro años. No estoy rodeada por cientos de personas, solo por las seis más importantes de mi vida: mis padres y mis cuatro hermanos.

Aunque no me gradué en junio en el instituto, ya dirijo un blog y un negocio digital rentable con mi socia: mi madre. No puedo decir que haya terminado el instituto con las mejores notas de clase ni que me hayan aceptado en Yale, Harvard o Stanford. Lo que sí puedo decir es que cuando mis compañeros se estaban graduando, yo ya había creado con mi madre un negocio que quiero con todo mi corazón que me proporciona beneficios y oportunidades de patrocinio increíbles y que me permite pasar todos los días de mi vida viviendo nuevas aventuras por todo el mundo con mi familia.

Debido a diversos cambios bruscos en mi vida, mi camino ha divergido radicalmente de los derroteros típicos de un joven de 18 años, y todo empezó con una decisión que tomé hace casi 5 años.

Más allá de haber sido escolarizada en casa por mis padres desde pequeña, tuve una infancia muy normal. Mis padres habían alcanzado “el sueño”, o más bien formaban parte de “la carrera de la rata”. Teníamos una casa grande con una piscina en el jardín trasero y mis padres regentaban un centro deportivo de gimnasia y entrenamiento personal en San Diego. Yo misma era una buena gimnasta y jugaba a fútbol.

“Aunque no me gradué en el instituto, ya dirijo un blog y un negocio digital rentable con mi socia: mi madre”

De niña tenía un muy buen rendimiento, pero no era un prodigio ni ansiaba convertirme en emprendedora siendo aún adolescente. Era una chica talentosa, pero hasta ese punto en el que todavía no destacas. Era convencional. Sin embargo, mi vida cambió completamente cuando tenía 13 años y mis padres decidieron mudarse a una ciudad costera para estar más cerca del núcleo empresarial. Eso me condujo al camino en el que estoy ahora mismo.

Cuando cumplí 14 y pasaba las mañanas yendo en bici a la playa para hacer surf, mis padres nos preguntaron a mis hermanos y a mí qué nos parecía empezar a vivir en nuestra autocaravana para viajar más ese verano.

Algunos niños se habrían negado al instante, porque ¿cómo vas a vivir con toda tu familia en 18 metros cuadrados durante tres meses? El sueño de mi madre era viajar con sus cinco hijos (por entonces teníamos 4, 6, 11, 14 y 16 años) antes de que fuéramos mayores. Todos aceptamos con entusiasmo y jamás nos hemos arrepentido. Vendimos casi todo lo que teníamos (salvo las tablas de surf, las bicicletas de montaña y el material de escalada), dejamos atrás el conformismo y empezamos a viajar en nuestra autocaravana.

Si me hubieran dicho que iba a pasar los próximos cuatro años de mi vida (los años de instituto) viajando por el mundo y que me iba a convertir en bloguera de viajes profesional, de ningún modo me lo habría creído. Simplemente vivía el momento y estaba ilusionada por la aventura veraniega que nos esperaba.

El primer viaje de carretera nos llevó a Colorado; el segundo, a la costa de Vancouver Island (Canadá). En ambos viajes estuvimos en todo momento en movimiento y vivimos al aire libre. No pasábamos más de uno o dos días en una misma ciudad y todo destino de viaje dependía de la excursión que quisiéramos hacer, la escalada que quisiéramos realizar o la playa en la que quisiéramos surfear. Algunas noches las pasábamos en campamentos enormes y otras, en bosques naturales de Estados Unidos o incluso aparcados a un lado de la carretera.

Gabriela Robledo con su familia.
Gabriela Robledo con su familia.

Tras ese primer verano de aventuras, todos estábamos más felices que nunca, de modo que dijimos: ”¿Por qué dejarlo?”. Lo que empezó como una aventura de cinco meses para escapar de la carrera de la rata se convirtió en una aventura de casi cinco años (y sumando) en la que he viajado por 26 países con las seis personas más increíbles que conozco: mis padres y mis hermanos. Sí que ha habido ocasiones en las que nos hemos cansado de no tener un lugar tranquilo ni un armario suficientemente grande, por no hablar de lo que supone compartir un cuarto de baño enano con otras seis personas. Sin embargo, todo esto me ha enseñado la importancia de la comunicación y el respeto del espacio emocional de cada uno.

Muchos adolescentes solo se preocupan por tener amigos y encajar y yo no era diferente. Al llevar una vida tan poco convencional, aprendí mucho sobre la autoestima, el amor propio y la importancia de ser uno mismo, y todo ello me dio la confianza de seguir mis pasiones en vez de buscar la aprobación de los demás y seguir a las masas.

No empecé mi carrera de bloguera hasta que cumplí 15 y emprendimos un viaje de 6 meses acampando por Europa. Dormimos en Noruega, Alemania e Irlanda antes de ampliar nuestra vivienda a una autocaravana de casi 7 metros y empezar a visitar Europa Occidental. Mi madre quiso empezar a compartir sus consejos y su inspiración a partir de nuestros viajes, de modo que inauguró el blog y lo llamamos Nomads With A Purpose.

Gabriela Robledo de acampada en Francia.
Gabriela Robledo de acampada en Francia.

Antes incluso de empezar nuestra vida nómada, mis hermanos y yo habíamos sido escolarizados en casa, y como solo soy un año más joven que mi hermano mayor, a mi madre le resultaba sencillo darnos la misma materia durante los viajes. Nunca habíamos dejado de estudiar al llegar el verano (a los 15 años, mi nivel de matemáticas era varios cursos superior al que me correspondía), de modo que no tuvimos que preocuparnos por cancelar las clases durante el tiempo que estuvimos acampando por Europa.

En algún momento de ese viaje de seis meses, algo cambió en mi interior. Bueno, en realidad me había aburrido. Mi madre había estado investigando sobre cómo poner en marcha un blog y hablaba conmigo sobre salidas profesionales. A medida que los viajes iban ampliando mis horizontes, empecé a sentirme aún más distinta de la gente de mi edad y, por supuesto, ya no tenía en mente ir al instituto. Sentía curiosidad por explorar las alternativas que había en vez de ir al instituto y a la universidad para acabar trabajando para otra persona.

Ese verano de 2016, mi madre y yo empezamos a publicar sin demasiadas pretensiones diversos blogs de viajes, aventuras y destinos al aire libre, pero no sabíamos adónde queríamos llevar este proyecto. No teníamos ni idea de la marca que íbamos a crear, de la importancia del SEO (optimización del posicionamiento en buscadores), de lo fundamental que es tener una estrategia en redes sociales, del tiempo que tendríamos que invertir y de la visión que necesitábamos. No fue hasta enero de 2018 cuando mi madre y yo analizamos en profundidad todo lo que habíamos creado hasta entonces y vimos que no era suficiente.

“Sentía curiosidad por explorar las alternativas que había en vez de ir al instituto y a la universidad para acabar trabajando para otra persona”

Tenía 17 años cuando empecé a convertirme en bloguera de verdad. También fue por entonces cuando algunos familiares y amigos empezaron a preguntarme si iba a ir a la universidad. Yo les decía la verdad, que no me lo planteaba. Que estaba más centrada en desarrollar nuestro blog de viajes y monetizarlo. Nadie me creía ni me tomaba en serio y la mayoría de mis familiares pensaban que no era sensato creer que iba a ganar dinero con un blog.

Al estar tan implicada en la creación de un negocio a esa edad, me sentí aún más distinta de la gente de mi generación. Era muy difícil mantener un contacto cercano con mis amigos porque nuestras vidas eran muy diferentes y muchas veces pasaba meses de viaje sin verlos, pero muchos de ellos no parecían creer en mis sueños. De hecho, muchos parecían enfadados conmigo, quizás porque si conseguía mi sueño, lo considerarían injusto. Injusto porque no podrían tener ellos lo que había conseguido yo. La verdad es que sí que podrían. Todo el mundo tiene elección, y cuantos más me decían que no podría hacerlo, más motivada me sentía para lograrlo.

Mientras mis compañeros estaban en clase de Historia y Biología, yo estaba aprendiendo historia en los antiguos castillos de Alemania e Inglaterra, tomando nota de los idiomas locales, intentando comprar pan todas las mañanas en Francia y viviendo la cultura de Indonesia, donde nos despertaban a las 5 de la mañana con la llamada a la oración. Esa clase de educación no tiene precio.

Una parte de mí lamentaba constantemente no saber cómo es sentirse una adolescente estadounidense típica. No fui al evento de bienvenida en el instituto ni a la graduación ni a las fiestas, pero todo en esta vida es una elección y, en mi caso, las ventajas de vivir viajando superan con creces a las de vivir en una casa cómoda a las afueras de una ciudad.

Aunque mis aventuras familiares han estado repletas de emoción, ha habido muchísimos momentos de dificultades y desarrollo personal. Hubo días en los que quise darme por vencida con los blogs y días en los que sentía que mi trabajo no recibía crédito, pero me negué a rendirme.

A día de hoy, mi madre y yo recibimos casi 30.000 visitas mensuales en el blog y cobramos una cantidad respetable por publicidad, marketing y patrocinios. Seguimos haciendo muchos viajes épicos por Estados Unidos y en el extranjero, pero a veces también nos quedamos en nuestro camping para autocaravanas favorito de San Diego, donde puedo surfear todas las mañanas y visitar el rocódromo local.

“Nadie me creía ni me tomaba en serio y la mayoría de mis familiares pensaban que no era sensato creer que iba a ganar dinero con un blog”

Este año, una de mis hermanas ha empezado a trabajar como asistente en nuestro blog e incluso ha escrito alguna pieza. Aunque no creo que tenga la intención de convertirse en bloguera profesional, las destrezas digitales que está adquiriendo le serán útiles en su empeño por ser autónoma. Mi hermano mayor, en cambio, es el único que ansía una vida “estable”. Le apasiona escribir ficción y ya ha escrito tres novelas, pero para ganarse la vida, trabaja con nuestro padre como entrenador personal en San Diego.

Por mi parte, hay varios objetivos que me gustaría alcanzar con mi marca, Nomads With A Purpose.

Es muy fácil darle todo el mérito al estilo de vida con el que me han criado y a todo el tiempo libre que he tenido al ser nómada: Ha tenido suerte. Es una consentida. Lo ha hecho con su madre. Tiene tiempo porque ni siquiera va al colegio. Lo cierto es que todos esos factores han influido, pero no lo son todo. Mi madre me enseñó que no tengo por qué seguir lo que se considera convencional. Que podía crear algo por mí misma si trabajaba duro y lo deseaba con suficientes ganas. Me alegra decir que mis sueños se están haciendo realidad.

¿Si estoy preparada para volar del nido? A diferencia de muchos jóvenes de 18 años que quieren deshacerse de las ataduras de la vida familiar, a mí me gusta demasiado mi vida como para cambiarla. Mi título de secundaria sigue en el aire porque me han educado fuera del sistema escolar, pero por ahora, no me afecta. El año que viene empezaré a viajar sola y también visitaré con mi familia lugares como Austria y la Patagonia.

El blog que creamos mi madre y yo no se llama Nomads With a Purpose (Nómadas con un propósito) por casualidad. Queremos inspirar a más gente para que siga sus sueños y sienta que su vida tiene un propósito.

Así pues, para aquellos que deseen crear algo, este es mi consejo: sí, te van a juzgar. Surgirá mucho amor, miedo y celos en tus relaciones más cercanas. Tendrás detractores y también habrá gente a la que inspirarás. Y, lo más importante: nada de eso importará. Ni una de sus opiniones sobre ti debería afectarte en tu decisión de seguir tu pasión.

Este post fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.