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30/06/2019 09:02 CEST

Miquel Iceta, el primer político en decir 'soy gay': "Hoy no sería noticia"

El líder del PSC reconoce que España ha cambiado, pero cree que todavía quedan demasiadas cosas por las que luchar.

CARLOS PINA

El 13 de octubre de 1999 fue un día clave en la vida de Miquel Iceta y en la visibilización del colectivo LGTBI. El entonces diputado por Barcelona se convirtió en el primer político en declarar públicamente su orientación sexual. “Los gais luchamos para que un acto como este deje de ser noticia. Para conseguirlo tenemos que trabajar mucho”, dijo ese miércoles.

Han pasado 20 años desde entonces y Miquel Iceta (Barcelona, 1960) sigue acaparando titulares en prensa. La diferencia es que ahora lo hace por bailar en plena campaña a ritmo de Don’t stop me now como el mismísimo Freddie Mercury o por quedarse a las puertas de la presidencia del Senado. “Probablemente, si hoy un diputado dijera que es gay ya no sería noticia”, afirma. 

Han llegado muchos [y muchas] detrás de él. Desde su propia formación, el fallecido Pedro Zerolo o la diputada Ángeles ÁlvarezPablo Sarrión de Ciudadanos, Javier Maroto del PP o Beatriz Gimeno y Antonio Maíllo de UP e IU. Como asegura el socialista catalán, “en política, cada vez es más normal”.

Iceta celebra que desde su juventud todo ha cambiado, pero también reconoce que todavía quedan demasiadas cosas por las que luchar.

El político tenía unos 15 años cuando fue consciente de su orientación sexual. Entonces, “toda la sociedad estaba montada en base a la relación hombre-mujer”. Vivió su adolescencia en el seno de una familia de clase media de cultura católica y se formó en un colegio religioso segregado por sexos. Esos son los dos aspectos que marcaron esa etapa. 

CARLOS PINA
Mis compañeros de clase llevaban fotos de Carolina de Mónaco y yo, de Elton John

Tenía claro qué quería, pero era un adolescente de 17 años huérfano de referencias. “Lo más difícil fue encontrar experiencias de otros que me sirvieran para explicar lo que pasaba”, relata.

Siempre con ligera sorna, cuenta que mientras sus compañeros de colegio llevaban fotos en la carpeta de Carolina de Mónaco él las llevaba de Elton John. No fue hasta que empezó a tomar contacto con la universidad y la política cuando dejó de considerarse “un bicho raro”. 

“Lo más relevante es cuando le pones nombres a las cosas, cuando empiezas a ver que no eres el único en el mundo. Las primeras referencias tienen que ver con la cultura, con obras de arte, con literatura, con cosas que uno aprende y puede adquirir por sí mismo. Y luego empiezan a llegar las relaciones con otras personas con la misma orientación sexual y el descubrimiento de un mundo que hasta entonces era de uno solo”, explica.

CARLOS PINA

Tenía también 17 cuando abandonó sus creencias religiosas. “No practico desde hace mucho. No contaban conmigo y yo dejé de contar con ellos”, confiesa.

El político afirma que en su decisión confluyeron muchos factores pero su orientación sexual, sin dudas, fue determinante: “Tuvo que ver en parte. No podía confesar como pecado una cosa que pensaba que no lo era. Lo dejé por eso”. 

Aun así, cree que en los últimos años también la Iglesia ha dado un giro: “Recuerdo esa famosa expresión del papa Francisco ‘quién soy yo para juzgar’. Afortunadamente, la situación no es la de entonces”.

Cuando me sueltan un ‘vete a tomar por culo’, contesto: ‘¿Te estás insinuando?’

El rechazo y la incomprensión no solo han venido de la religión. “Recuerdo que algún amigo me dijo que quizá tenía un límite pero nunca lo encontré”, cuenta, llenando sus palabras con ironía.

Los insultos o ataques más graves le han llegado a través de las redes sociales, un lugar donde “por desgracia son muy comunes”. Pero para entonces ya lo pillaron “muy vacunado”. “Alguna vez alguien me dice ‘uy, qué maricón eres’ y yo contesto ‘sí, todo el día’. O me saltan con un ‘vete a tomar por culo’ y contesto ’¿te estás insinuando?”.

Esta peculiar forma de hacer frente a una realidad que ha sido y sigue siendo compleja lo coloca también como una figura disidente. Se considera un verdadero “privilegiado” en un mundo en el que persisten los casos de homofobia, de bullying o comentarios dañinos. 

“Que las leyes recojan un derecho no implica de forma automática y universal que sea respetado”, reflexiona, seguro de que hasta que estas realidades no desaparezcan “será necesario reivindicar derechos y visibilidad”.

Cuando lo dije, comprobé que liberarse del todo te hace más feliz

Hoy, el auge de populismos y extremismos que señalan la diversidad sexual como una de sus principales dianas está a la orden del día. Iceta apuesta por promover la idea de que “los avances en derechos no solo son para los colectivos sino para el conjunto de la sociedad”. “Incluso entre los votantes de Vox debe haber homosexuales”, asevera.

A su juicio, el problema es más de “cultura cívica”. “Si solo fuera por las instituciones, el problema ya habría desaparecido, pero en el espacio público hay mucho que avanzar y en la conciencia de la gente. No se puede decir que la realidad homosexual esté normalizada porque hay sectores que se muestran absolutamente refractarios, contrarios y enemigos”, explica.  

CARLOS PINA
No se puede decir que la homosexualidad esté normalizada

Han pasado 20 años y muchas cosas desde esa tarde de 1999, como la aprobación del matrimonio homosexual en 2005. Ahora, Iceta es el líder de los socialistas catalanes y una de las voces con más impronta del partido. No aparta ni un segundo la vena política ni el humor al hablar, dos cosas que le acompañan ahora y le llevaron de la mano a aquel acto del 13 de octubre, en plena campaña electoral. 

“Salí del armario porque me lo pidieron, no puedo ponerme méritos”, afirma. La petición le llegó del movimiento LGTBI Vota Rosa y no le costó mucho aceptarla. Quizá porque, a pesar de todo, nunca se ha escondido. 

“En vez de salir del armario me bajé de la vitrina”, dice calcando una frase que ya pronunció durante esa tarde, según recogen las crónicas. “Hoy me declaro públicamente gay, pese a que siempre lo he sido. No es que salga del armario, sino que he bajado de la vitrina y me comprometo a apoyar y liderar el movimiento gay”, dijo por primera vez en el bar barcelonés Punto BCN.

En este tiempo, no se ha arrepentido. “Todo lo contrario, comprobé que liberarse del todo te hacía más feliz”, afirma. Considera que ese paso al frente fue “una aportación puntual y positiva” al movimiento y una decisión que le dio notoriedad.

“Al día siguiente la repercusión fue enorme, me desperté con una llamada de Iñaki Gabilondo para hablar en La SER, El Mundo me dedicó un editorial... Es una fecha que recuerdo con mucho cariño”, explica con naturalidad. Este Orgullo LGTBI el socialista celebrara por partida doble.

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