La 'Giocopia': los enigmas de la 'Mona Lisa' de El Prado

Es una copia muy especial de la obra maestra de Leonardo Da Vinci y protagoniza su propia exposición en el museo madrileño.
Mona Lisa (después de la restauración) Taller de Leonardo da Vinci, autorizado y supervisado por él Óleo sobre tabla, 76,3 x 57 cm 1507/8-1513/16 Madrid, Museo Nacional del Prado.
Otero Herranz / Museo de El Prado
Mona Lisa (después de la restauración) Taller de Leonardo da Vinci, autorizado y supervisado por él Óleo sobre tabla, 76,3 x 57 cm 1507/8-1513/16 Madrid, Museo Nacional del Prado.

Si se menciona la Mona Lisa, la mente evoca el parisino Museo del Louvre, con su pirámide, colas de turistas, y visitantes agolpándose frente a ella para conseguir verla unos instante. Lo que no muchos conocen es que el Museo del Prado de Madrid alberga una muy similar —una copia, pero no una cualquiera— y que se podrá ver hasta el 23 de enero en la exposición Leonardo y la copia de Mona Lisa. Nuevos planteamientos sobre la práctica del taller vinciano.

Esta hermana de la Gioconda (restaurada hace diez años, cuando se eliminó el fondo negro y se descubrió el paisaje que la rodea) es la copia más antigua que se conoce del cuadro y arroja luz sobre el proceso de creación de la original. Hecha por un discípulo del genio de la pintura Leonardo Da Vinci, aún no se conoce su nombre, pero las últimas investigaciones han confirmado que también clonó un Salvator Mundi y una Santa Ana.

Qué se va a encontrar el visitante

Quien acuda a la exposición podrá ver “obras, todas excepto dos, salidas del taller de Leonardo, hechas por sus alumnos, siguiendo distintos modelos creados por él”, explica a El HuffPost Ana González Mozo, comisaria de la exposición.

“Son obras que reflejan tanto modos de enseñanza de Leonardo como pensamiento absorbido y asimilado por sus alumnos”, añade la experta de El Prado.

Como subraya, esto se complementa con una estudios técnicos, reflectografías infrarrojas, macrofotografía técnica “y algunas reproducciones y dibujos de Leonardo que también ejemplifican este tipo de enseñanza basada en el dibujo, en corregir mucho, en observar mucho”.

Es una copia, pero no por ello poco valiosa

Las copias de la Mona Lisa son innumerables —“las llegaron a contar hace tiempo, había unas 80, casi 100”, apunta González Mozo—. Fundamentalmente eran para el aprendizaje o pedidas por clientes porque los originales les gustaban: “Era muy habitual en el Renacimiento que, a partir de un modelo que había sido exitoso, se hicieran versiones y copias”.

¿Qué hace especial a la que custodia El Prado? “Es importante porque hasta el momento es la copia más antigua que se conoce del cuadro hecha sobre tabla y porque reproduce parte del proceso de creación del original: es casi seguro que durante un tiempo se hicieron a la vez, la original y nuestra copia”, resume la comisaria.

“Es importante porque hasta el momento es la copia más antigua que se conoce y es casi seguro que durante un tiempo se hicieron a la vez, la original y nuestra copia”

“Bajo la superficie de las dos hay una serie de correcciones, es lo que nosotros llamamos arrepentimientos del pintor, que se repiten. Las mismas correcciones que hace Leonardo en su cuadro las hace nuestro pintor en el suyo”, agrega.

Como señala, la de Madrid es la copia que menos se parece a la Mona Lisa original, porque casi todas reproducen la obra cuando estaba terminada, pero la de El Prado la reproduce antes de que estuviera acabada: “Leonardo siguió completando la que vemos en el Louvre. Nosotros pensamos que nuestra obra se queda en Italia, en Milán, cuando Leonardo marcha a Roma y luego a Francia. Él sigue trabajando hasta su muerte en el original y el pintor que hace nuestra obra no ve cómo Leonardo sigue corrigiendo y modificando la suya”.

Discípulos, pero no monos de repetición

Ana González Mozo destaca que Leonardo Da Vinci hacía especial hincapié en que sus discípulos aprendieran de él y de su proceso creativo, que no fueran simples monos de repetición que calcaran sin pensar y sin entender.

“Se ve sobre todo cuando un alumno está trabajando al lado de un maestro y está reproduciendo muchos pasos intermedios, no se queda en la superficie, que es lo que pasa con muchas copias, que copian lo visible pero no todo un proceso de ejecución o de pensamiento”, aclara.

La autoría, un enigma

La autoría del copista de la Mona Lisa de El Prado sigue siendo un misterio y los expertos, aunque no se pillan los dedos, van estrechando el círculo.

“No podemos ser categóricos porque Leonardo tenía muchos discípulos y se sabe el nombre de muy poquitos. Sí que tuvo que ser alguien muy cercano, que tuvo que estar mucho tiempo con él, porque está localizada otra copia del mismo autor, de la Santa Ana del Hammer Museum, que es una copia también de un estado intermedio de la Santa Ana del Louvre. Es alguien que está con él mucho tiempo y que tiene una personalidad definida, pero no podemos ser categóricos, nos falta profundizar”, admite la comisaria.

Así pues, quién la pintó sigue siendo un enigma, uno de tantos de los que rodean a esta obra. “Incógnitas sobre los cuadros siempre quedan, y tanto más cuanto más se alejan de nosotros en el tiempo. Nos falta a veces documentación de la época sobre algunos asuntos, siempre van a quedar enigmas y esto es lo interesante de la investigación”, destaca.

Una obra que despierta fascinación

Muchos de quienes vayan a ver la exposición se detendrán en esos enigmáticos ojos de la Gioconda o en su aún más misteriosa boca. A su juicio, “con sus limitaciones”, esta copia “sí conserva esa sonrisa, pero la mirada en mi opinión es muy distinta”.

Su recomendación es “mirar la obra” y detenerse en ella, no solo en esos detalles: “Yo creo que siempre en las exposiciones hay que dedicar mucho tiempo a mirar los cuadros, a ver qué nos sugieren, a descubrir pequeños detalles de cómo están hechos... no solo la Mona Lisa, hay otros maravillosos en la exposición, como el Salvator Mundi que nos ha prestado el Lázaro Galdiano, el cuadro de la Casa de Alba, o la Leda Borghese”, aconseja.

“Son cuadros que te invitan a mirar mucho tiempo, descubrir cómo están hechos, las luces y las sombras, que a veces te cuesta ver la pincelada porque se empeñaban en disimularla... Creo que es lo que quería Leonardo, que dedicáramos mucho tiempo a mirar y a reflexionar sobre lo que estamos viendo”, opina.

“Creo que es lo que quería Leonardo, que dedicáramos mucho tiempo a mirar y a reflexionar sobre lo que estamos viendo”

Sobre por qué la Mona Lisa despierta tanta fascinación, reconoce que es un cuadro “realmente enigmático” y recuerda también el efecto que tuvo el robo que sufrió en 1911, cuando ese espacio vacío en el museo empezó a atraer a muchas personas.

Vasari [considerado como uno de los primeros historiadores del arte] la menciona como una de las tres obras excepcionales en la historia, junto con la cúpula de la Catedral de Florencia y la Capilla Sixtina de Miguel Ángel. Siempre, por algún motivo, ha despertado fascinación en quien la observaba”, añade. Y así sigue siendo tantos siglos después.

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