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Siete trucos infalibles (probados por padres) para que tu hijo deje el chupete

Con éxito y sin llantos.

A casa de Alejandra llegó un día el hada de los chupetes. Tenía ya más de dos años y medio y sus padres tuvieron que recurrir a esta aliada para conseguir que se olvidase de su fiel amigo.

Dicho y hecho. El truco fue infalible. “Empezamos a mentalizarla unos días antes para que el abandono no fuese traumático. Hasta que una noche Alejandra le dejó el chupete y el hada le respondió a la mañana siguiente dejándole a cambio una piruleta de chocolate”, cuenta su madre, María.

Como ella muchos padres recurren a cuentos u otra clase de trucos para que sus hijos dejen el chupete cuando llega la edad, que según los especialistas en pediatría y odontopediatría debe ser antes de los tres años. “No hay duda de que el chupete tiene grandes beneficios: es una excelente herramienta de consuelo y de alivio durante su primer año de vida y según las guías protege del síndrome de muerte súbita del lactante, pero no se puede utilizar para siempre”, explica Lucía Galán, más conocida como Lucía Mi Pediatra. “Si se prolonga corremos el riesgo de deformaciones dentales y de mala oclusión dental abocando a niños a una posible ortodoncia”, añade.

“Si se prolonga el uso del chupete corremos el riesgo de deformaciones dentales y de mala oclusión dental abocando a niños a una posible ortodoncia”

“Esto sucede si en la succión el niño ejerce una presión más o menos constante durante un tiempo aproximado de seis horas diarias. Entonces los dientes centrales inferiores se desvían progresivamente hacia dentro y los superiores tienden a separarse y sobresalir hacia fuera. Con el tiempo los caninos chocan entre sí y paulatinamente se va produciendo una mordida abierta. Además al succionar se ponen en funcionamiento una serie de músculos que junto con la posición de la lengua hacen que los dientes tampoco cierren correctamente”, aclara Asunción Mendoza, vicepresidenta de la Sociedad Española de Odontopediatría.

La solución pasa por retirar el chupete a tiempo. Decirlo es fácil, lo difícil es llevarlo a cabo sin traumas ni pataletas. Para conseguirlo, Gonzalo Oñoro, de Dos pediatras en casa, insiste en que este no puede ser la única alternativa a enfados o frustraciones del niño o para ayudarlo a dormir. “En este sentido, los padres son los encargados de enseñar a sus hijos otras herramientas con las que conseguir gestionar esos sentimientos que el niño no suele entender”, añade Oñoro, que reconoce que la retirada no es fácil. Ni para los niños ni para los padres.

“Desde mi experiencia puedo decir que una vez les explicas a los padres tranquila y serenamente el porqué y cuáles podrían ser las consecuencias, salen de consulta lo suficientemente reforzados como para ponerse manos a la obra. Y de verdad: son tres o cuatro noches malas, enseguida se olvidan”, añade Galán.

Aquí hay dos claves: paciencia e ingenio. El truco de María y Manuel con Alejandra es uno de tantos. Cada padre tiene su método. En El HuffPost Life hemos recogido siete ejemplos con final feliz y éxito garantizado.

Una aguja y un poco de hilo negro

El hijo de Merce tenía 27 meses cuando dejó el chupete. Le llevó dos días abandonar el hábito. Antes su madre tuvo que poner en práctica un truco. “Guardé todos los chupetes que tenía por casa y dejé solo uno al que cosí un hilo negro en la punta”, relata en este blog. “Cada vez que me lo pedía se lo ofrecía y no lo quería. Hasta en una ocasión lo tiró a la basura y tuve que rescatarlo”. Dos días después lo había dejado. No hubo dramas ni llantinas.

Como alternativa a este método, Asunción Mendoza propone cortar la punta al chupete. “La sensación no es placentera” y el niño acabará queriendo dejarlo.

Un regalo para los Reyes Magos

Alejandra le dejó su chupete al hada de los chupetes. Fue en primavera y quedaba mucho para la Navidad. Otros padres utilizan la misma historia que María y Manuel pero buscan en los Reyes Magos o en Papá Noel un aliado. El sistema es el mismo: mentalizar al niño de la entrega y recompensar su esfuerzo con un regalo.

También se puede hacer más ceremonioso y que la entrega sea en mano. Los hijos de Ana Monente Mozaz, autora del blog Cestaland, lo hicieron así: la niña se lo dio a un rey mago, que se lo cambió por un caramelo; y el niño, a los gigantes de Pamplona. Lo fue mentalizando semanas antes de la comparsa y al llegar el día de San Saturnino “dijo que había pensado darles los chupetes”. “Le expliqué que teníamos que darlos todos y que no podríamos recuperarlos y me dijo que sí. Los preparamos en un lazo para colgarlos del brazo del gigante”, escribe. Se lo dieron a la reina y el niño terminó “orgulloso y muy feliz”.

Los dientes se van a poner malos

Esto fue lo que hicieron Noelia y Alberto con su hija Olivia. “No lo quería dejar y veía que los dientes se le separaban, entonces la llevé a la ortodoncista. La miró y le dijo: ’Ya veo por qué vienes. Usas chupete y ya eres mayor…”, cuenta Noelia sobre lo que dijo la especialista, que también utilizó la historia de los Reyes Magos. “Te van a dejar regalos a cambio por el esfuerzo tan grande”, le explicó. Fue infalible. “Esas navidades le dejaron unos cuantos chupetes a Papá Noel y a los Reyes los últimos. Estaba orgullosísima y no lo volvió a pedir”, añade.

Se lo comió el pájaro (o el perro o el gato…)

La pediatra fue la aliada de Marietta, aunque este método se puede utilizar sin personajes secundarios. “Cogió una tijera y cuando mi hijo no estaba mirando le cortó la punta. Luego, señalando a un loro de peluche que tenía colgado en la consulta, le dijo: ’¡Mira el loro Pepe, se ha comido tu chupete!”. Coló sin mayor problema. “Esa noche en la cuna le dije que el ladrón del loro se había llevado TODOS los chupetes que había en casa”, añade. El niño se lo creyó.

Con un poco de cayena

La solución de Mamen fue un poco extrema, pero la situación lo requería. Con casi cuatro años, su hijo se resistía a dejar a su fiel compañero. Lo había probado todo y necesitaba “algo más hardcore”. “Le eché un pelín de cayena en el chupete, cuando me preguntó le dije que a los mayores nos pica y que por eso los adultos no usamos chupete”, cuenta en este post. “Reconozco que la desesperación actuó por mí pero funcionó. Esa misma tarde ya no lo quiso”. La cayena no es la única opción, hay otras alternativas: el vinagre está también muy extendido.

Tu chupete para otro bebé

Aquí juega un papel fundamental el discurso de ‘ya eres mayor, tu chupete tiene que ser para otro niño que lo necesite más’. Ese niño puede ser su hermano pequeño, un primo o el hijo de unos amigos. El caso es crear una especie de ceremonia de entrega para darle importancia a su generoso gesto. Se puede incluso envolver como si fuese un regalo, al fin y al cabo es su bien más preciado.

BONUS TRACK: el árbol de los chupetes

El método funciona pero no está al alcance de todos. El árbol de los chupetes solo existe en algunas ciudades españolas. El parque de la Batería en Torremolinos (Málaga) fue el primero en importar la idea del Parque de Skansen de Estocolmo (Suecia). Allí, desde hace más de 30 años, el Tuttetreet (como se conoce al árbol) se decora con los chupetes de los niños que se van haciendo mayores creando llamativas estampas.

La localidad malagueña no es la única que ha adoptado este sistema: en Sevilla está el olivo de los chupetes, Logroño también cuenta con uno de estos árboles y en el Valle de Arán, en Lleida, se puede visitar el bosque de Baricauba donde está Er auet des chuquetes. Fuera de España hay árboles en Dresden (Alemania), Nueva York (EEUU) o Copenhague (Dinamarca).

11 libros para dejar el chupete