Papa Noel y los Reyes Magos pueden regalar igualdad y futuro

Les estamos metiendo a fuego a nuestras hijas que deben estar divinas (e incómodas) las 24 horas, gustar al sexo contrario y ser cuidadoras.
Una niña jugando con un muñeco. 
Una niña jugando con un muñeco. 

Llega el momento de hacer regalos a los más pequeños y pequeñas de la casa que con ilusión han escrito sus cartas; unos a Papa Noel, otros a los Reyes Magos y otros a los dos para no perder ninguna oportunidad. Es su esperada y merecida recompensa por ser buenos. Sin embargo, en cada casa serán más o menos generosos en función de otros condicionantes, más relacionados con la situación laboral y la capacidad económica familiar, que con la bondad del niño o la niña de turno, pues la vida es así de cruda también en Navidad.

Unas cartas que de forma inconsciente han sido dirigidas con un sesgo de género que no beneficia en nada a la infancia. Dirigidas de forma diferenciada por los anuncios publicitarios en televisión y en Internet y por los gruesos catálogos que puntualmente editan los centros comerciales.

Como cada año, me asquea comprobar que no cejan los anuncios plagados de estereotipos y prejuicios sexistas y que no desaparece la sección rosa y la sección azul del dichoso catálogo. Todo lo que se mueva es para chicos, los coches, los trenes, los aviones, los helicópteros… Todo lo que se cuide es para chicas, bebes, mascotas... Si se mueve pero queremos que sea para chicas, como por ejemplo una bicicleta o un patinete, es imprescindible pintarlo de rosa, incluso meterle purpurina a tope, da igual lo que contamine la purpurina, y lo hortera que a veces resulte.

Para las niñas la industria cada día se supera: bebés que lloran, que tienen fiebre, que hay que bañarlos y cambian de color, que comen, y hasta que cagan de colores… en fin una doble jornada para las niñas también en el juego. Y si no queremos un bebé para que jueguen a ser madres, tenemos las muñecas que les enseñan a ser mujeres, con estilismos imposibles, todos ceñidos y sexuados, de larga melena en su gran mayoría, ojos grandes y labios grandes y maquillados por supuesto, que da igual si son veterinarias, maestras, cocineras, esquiadoras o raperas, ya hay de todos los oficios y opciones vitales, pero que tienen en común que visten monísimas de la muerte y con tacones. O sea que en el futuro nuestras hijas ya pueden ser unas brillantes profesionales en cualquier campo de las letras o las ciencias, pero lo que les estamos metiendo a fuego es que deben estar divinas (e incómodas) las 24 horas, gustar al sexo contrario por encima de todo y ser cuidadoras.

“Año tras año, debajo del árbol de Navidad aparecen regalos sexistas o violentos que modelan y construyen la personalidad de nuestros hijos e hijas.”

Deben seguir a pies juntillas el estereotipo trasnochado de las princesas, esas que nos enseña el cine que siempre se pelean con otras mujeres, preferiblemente la madrastra y por envidia, que son coquetas y dóciles, que necesitan ser salvadas por un hombre (que es el príncipe de nuestras vidas y único amor verdadero) y en cuanto se quedan dormidas (la Bella durmiente, Blancanieves…) llega un tipo y les da un beso sin pedirles su consentimiento. A los niños sin embargo, más les vale ser unos valientes y violentos guerreros, “los chicos no lloran, tienen que pelear”, seguir el estereotipo del superhéroe, fuerte, competitivo y sin necesidad del cuidado familiar, ni ataduras emocionales. Resumiendo su vida en onomatopeyas: ¡Pim! ¡Pan! ¡Pum! ¡Zas!… ¡Ay pobres!

Veo también en la sección rosa diarios de las princesas Disney para niñas... ¿y los niños? ¿No pueden plasmar sus pensamientos, sentimientos y emociones por escrito? Parece que las grandes superficies esta contingencia no la tienen prevista. Para ellos, en vez de la esfera emocional, están los videojuegos, que suelen ser violentos y competitivos. Y alucino, pues creo que no ayuda a la convivencia que la violencia sea un juego o que tenga categoría de divertimento matar virtualmente, ni tampoco a una sociedad más solidaria y colaborativa.

Por resumir a groso modo, para las niñas el mercado selecciona todo aquello relacionado con los cuidados y tareas domésticas, la belleza, la docilidad y complacencia y lo emotivo. Y para los niños queda lo que tiene que ver con el deporte, la acción y movimiento, los medios de trasporte, la construcción, la competitividad y la violencia (una violencia que desgraciadamente se manifiesta de forma tan cruel contra las mujeres y que los niños hasta que no son adultos no descubren que se penaliza en las leyes).

Esta selección influye notablemente en el desarrollo de la personalidad de los niños y las niñas y en el rol social que desempeñan en el presente y futuro. Pues no debemos olvidar la potencia del juego como instrumento de desarrollo cognitivo y recurso educativo para la socialización de niños y niñas. Y es que el juego ayuda a definir la construcción de su identidad, las relaciones interpersonales y su interpretación de la vida.

Los roles de género encorsetan a las personas, limitan sus oportunidades de desarrollo, las alejan de sus verdaderos intereses y me atrevo a decir que muchas veces las hacen infelices. En algunos casos muy dolorosos y graves dan cobertura al maltrato que sufren las mujeres. En suma, son parte del machismo y del patriarcado que tanto daña nuestra vida en sociedad.

“Les estamos metiendo a fuego a nuestras hijas que deben estar divinas (e incómodas) las 24 horas, gustar al sexo contrario y ser cuidadoras.”

Vuelvo al dichoso catálogo con páginas rosas y azules… y es que no aprendemos y año tras año, de una manera u otra, debajo del árbol de Navidad aparecen regalos sexistas y o violentos que modelan y construyen la personalidad de nuestros hijos e hijas. A pesar de que todos y todas estamos empeñados y comprometidos en ser los mejores padres y madres posibles, y que a su vez nuestros hijos e hijas sean felices y también sean las mejores personas posibles.

Este año cuando escribamos la deseada carta junto a nuestros hijos e hijas, quizás es bueno tener presente que no es tanto el juego o juguete en sí mismo, sino la selección estereotipada del destinatario que se haga. Los niños y niñas por supuesto pueden jugar a las mismas cosas y con los mismos juguetes, y además jugar juntos. De esa manera aprenderán que de adultos deben tener las mismas oportunidades y pueden convivir en igualdad y sin violencia.

Seguramente en este relato he exagerado, o no, y he hecho caricatura de la realidad con generalidades, pero… ¿Y si este año probamos algo distinto? ¿Por qué no este año regalamos a nuestros hijos e hijas igualdad, futuro y felicidad?

Carmen Montón es exministra de Sanidad, Consumo y Bienestar social.