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20/07/2019 09:11 CEST | Actualizado 20/07/2019 10:47 CEST

¿Por qué el hombre no ha vuelto a la Luna?

Cinco décadas después de la llegada al satélite terrestre, vuelve la carrera espacial para su 'reconquista'. ¿Por qué ha pasado tanto tiempo desde la última misión tripulada?

NASA

Es la pregunta más repetida desde que Neil Armstrong y Edwin “Buzz” Aldrin dejaran su “huella” sobre la Luna y varios astronautas siguieran sus pasos hasta 1972: ¿Por qué no hemos vuelto a pisar la superficie lunar? No solo es la más repetida, también es la más fácil de responder: “Había pocas razones para volver”, explican los expertos.

Quien lo argumenta es Carlos González Pintado. El ingeniero, ya jubilado, tuvo la suerte, como él mismo dice, de “estar en el momento adecuado en el sitio adecuado”. Ese sitio fue Fresnedillas de la Oliva (Madrid), la Estación de Seguimiento de Vuelos Tripulados de la NASA. Desde allí monitorizó la misión del Apollo 11 sobre la Luna. Un peso pesado de la agencia americana durante décadas. 50 años después de aquel hito, asegura que “no ha interesado regresar porque no era rentable ni económica, ni militarmente. Ni siquiera por prestigio”. 

“Una vez que Estados Unidos demostró su ventaja en la carrera espacial de la Guerra Fría al bloque soviético, ya no hacía falta continuar. Ni la URSS iba a contraatacar haciendo lo mismo unos años más tarde”, explica González Pintado, cuya historia la cuenta ahora Jesús Sáez en El Gran Salto al Abismo (Next Door Publishers).

Todas esas razones hacían ilógica “una inversión de tal magnitud. Un solo vuelo tripulado puede suponer unos 25 millones de euros; el Proyecto Apollo se movió alrededor de los 150 mil millones de dólares de la actualidad. Esas cifras obligan a obtener algo de retorno. Y la Luna no ha ofrecido allí nada que no haya aquí, ni oro ni otros materiales o elementos únicos”.

Una vez que Estados Unidos demostró su ventaja en la carrera espacial de la Guerra Fría al bloque soviético, ya no hacía falta continuarCarlos González Pintado

Didier Schmitt, experto de la Agencia Espacial Europea (ESA) en vuelos tripulados y divulgador con varios libros y conferencias en su currículum, amplía el abanico de razones. Va más allá del dinero y la política para justificar el desinterés durante décadas en recorrer los 384.400 kilómetros de distancia desde la Tierra: “Una vez logrado el objetivo y ya sin competencia, era difícil volver a justificar semejante inversión en plena Guerra de Vietnam. Después, en los 80 y 90 ir a la Luna seguía siendo inabordable como inversión sin tener una necesidad de conquistarla”. Más un extra, “la seguridad”. “El riesgo de fallo del Apollo 11 rondaba el 50%, algo inasumible hoy. En la actualidad, al igual que ha ocurrido con la seguridad de los automóviles, las circunstancias han mejorado y el riesgo es de apenas un 1%”.

Ambos especialistas afirman que las circunstancias han cambiado y por ello ha vuelto el interés por el satélite terrestre. Ponen el mismo nombre a la causa principal. “China. Tal cual”. La potencia asiática ha adelantado su desarrollo espacial hasta situarse a la vanguardia de la investigación y la Luna parece el siguiente paso: “Los chinos quieren ir, ya tienen tecnología para ello. De hecho han conseguido situar un satélite en la cara oculta en 2018 y comunicarse desde allí. Han logrado algo que no había hecho nadie aún. Ahora les queda por demostrar el vuelo tripulado”, responde González Pintado.

Ahora vuelve a haber una razón geopolítica para ir a la Luna: ChinaDidier Schmitt

“Vuelve a haber una razón geopolítica. En los 60 tenía lugar el duelo EEUU-URSS y ahora el duelo es con China”, analiza Schmitt. Él se permite una reflexión más amplia para justificar la nueva carrera lunar: “No podemos obviar que explorar va en la naturaleza del ser humano. Si hay alrededor de 700 científicos en el entorno más extremo, la Antártida, cómo no investigar la Luna. Además, hay un tanto de simbolismo en la investigación espacial, lleva el conocimiento y la tecnología a otros niveles”. 

El ingeniero español se aventura a poner fecha a la próxima incursión: “Sitúo el siguiente vuelo tripulado en 2024-2025 y diría que primero irán los chinos casi seguro”. Porque, aclara, “ahora ocurre lo mismo que en plena Guerra Fría con los soviéticos. No tenemos información de en qué punto están sus investigaciones y a lo mejor ya tienen un cohete preparado. Aunque se les espera, puede ocurrir que un día, de golpe, anuncien que van a la Luna”. Ese anuncio, cuando llegué, tendrá consecuencias inmediatas; un ‘efecto dominó’: “Si China va, la Federación Rusa también irá. Japón igualmente quiere... ¿Y qué ocurre con Europa? La ESA es la segunda potencia espacial, solo tras la NASA, y no se va a quedar fuera de juego”. 

“Ni, por supuesto, Estados Unidos”

En la carrera espacial por la ‘reconquista’ de la Luna no solo quieren participar China, Rusia o Europa. Estados Unidos ha vuelto al primer plano de la mano de Donald Trump, tras unos años alejado del programa por decisión de Barack Obama. Los megalómanos planes de Trump encajan a la perfección con una misión de semejante envergadura y ha dado órdenes para ampliar la inyección económica a la investigación lunar. “Maneja, de hecho, la idea de instalar una base permanente para 2024”, añade el antiguo miembro de la estación de Fresnedillas de la Oliva.

Muchos de esos planes pasan por la necesaria cooperación internacional. Estados Unidos, Europa (la ESA), Rusia y Canada, entre otros, están llevando a cabo el Programa Artemisa, que requiere la construcción de una estación espacial tripulada en la órbita lunar, llamada ‘Gateway’: “Allí podrán convivir cuatro astronautas, aunque no de modo estable como en la Estación Espacial Internacional, sino en periodos más cortos. Gateway será usada para ir a la superficie lunar y se plantea el alunizaje en 2024”, añade la voz de la Agencia Espacial Europea.

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Simulación de la futura estación Gateway

González Pintado explica lo que podría suponer situar una base en su superficie: “Puede ser una estación intermedia para ir a Marte. Ese proyecto se antoja aún lejano, pero establecer una base lunar puede acercarlo. Si se consigue encontrar el modo de recargar la energía de un cohete a través del oxígeno o el hidrógeno, ir a la Luna no sería solo una demostración de poder sino algo realmente útil. Porque hay que tener en cuenta que alunizar gasta poca energía y despegar desde allí supone un consumo muy inferior al que se produciría en la Tierra”.

“Incluso puede haber una misión más ambiciosa: extraer agua. Estados Unidos ha proyectado instalar su base en el punto más cercano al Polo Norte, una idea que en su planteamiento no es nada mala”, concluye el ingeniero español que jugó un papel destacado en la histórica jornada del 20 de julio de 1969.

Cincuenta años han pasado ya de aquella fecha. Hoy, tanto tiempo depués, la Luna interesa como no lo había hecho en décadas. Superada la Guerra Fría, el desafío espacial persiste. Y en la carrera espacial que ahora apunta a Marte, el camino pasa por reconquistar el satélite. En 2019, ya sí, al hombre le sobran los motivos para volver a la Luna.

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