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Por qué la Generación Z folla sin condón

Cerca de 9.000 casos de ETS en 2018 hacen que se hable de epidemia.
Escena de sexo en 'Élite' (Netflix).
Escena de sexo en 'Élite' (Netflix).

Cuando nacieron ya había Internet. Dominan varios idiomas y tienen un alto nivel educativo. Y forman parte de una generación vapuleada a nivel de empleo. Pueden acceder a toda la información a golpe de clic. Sin embargo, en la cama follan sin condón.

Los conocidos como centennials o Generación Z —nacidos entre el 1995 y el 2000— son los que más descuidan el sexo seguro, a pesar de ser más precoces.

El uso de condón entre los jóvenes de entre 20 y 24 años ha caído de un 84 a un 75% entre 2012 y 2018, según datos del Ministerio de Sanidad. Esto ha provocado un aumento de las enfermedades de transmisión sexual (ETS). La ausencia de preservativo en las relaciones sexuales ha hecho que se alcance un máximo histórico de contagio de este tipo de dolencias en España: cerca de 9.000 casos en 2018, que han obligado a Sanidad a hablar de epidemia.

Pero, ¿por qué una generación tan formada y que vive de pleno la sexualidad no usa condón?

El VIH ya no asusta

Los expertos lo tienen claro: “Se ha perdido el miedo al contagio del SIDA”. La epidemia que causó pavor en los 80 y 90 en todo el mundo parece una leyenda urbana. Los medicamentos retrovirales la convierten en una enfermedad crónica y no mortal, pero los datos siguen ahí: entre 140.000 y 170.000 personas en España tienen VIH y cinco de cada diez no han sido diagnosticados.

“La gente joven lo entiende como una infección más controlable y están más tranquilos porque no hay tantas muertes”, indica Raquel Hurtado, responsable de juventud de la Federación de Planificación Familiar Estatal (FPFE). El descenso de fallecimientos en la segunda década de los 2000 lo explica. En 2016 fallecieron 498 personas (un 1,2% del total de muertes en España) frente a las más de 4.000 que morían anualmente en los 90, según el Ministerio de Sanidad.

Esto no significa que la enfermedad haya desaparecido. “Hay que repetir hasta la saciedad conceptos claros para evitar confusiones frecuentes, el SIDA ni está erradicado ni se cura. Simplemente se convierte en una enfermedad crónica”, enfatiza Mercedes Herrero, ginecóloga y fundadora de Salud Sexual Para Todos.

Desconocimiento de lo que supone una ETS

Las ETS entran desde 2019 en el grupo de enfermedades calificadas como epidemias en España junto a otras como la gripe o el sarampión. Aunque este caso es distinto: por el tabú que supone hablar de ello y, sobre todo, el desconocimiento que hay. Para los centennials, cualquier ETS se cura fácil y no tiene consecuencias a largo plazo.

Las principales son la gonorrea, la sífilis y la Chlamydia, pero también se ha notado un repunte en el Virus del Papiloma Humano (VPH). Este último pasa prácticamente desapercibido entre los jóvenes. “No tiene síntomas”, señala Herrero. “No se vive como un problema entre la población joven. A esta edad es muy fácil contraerlo, pero también eliminarlo. Los cánceres asociados al virus tardan años en aparecer y eso hace que pierdan el miedo”, detalla.

Datos del Ministerio de Sanidad sobre evolución del contagio de las ETS.
Datos del Ministerio de Sanidad sobre evolución del contagio de las ETS.

Este problema podría haberse prevenido con la vacunación. Se introdujo la vacuna en el calendario este 2010 y está disponible en las farmacias bajo receta médica. Pero no protege de todos los tipos de VPH y la tasa, según las expertas, sigue siendo baja en algunas regiones de España. Para los chicos “todavía no se ha incluido en el calendario”, se queja Herrero.

Las consecuencias de sufrir cualquier ETS a largo plazo van mucho más allá de los síntomas iniciales que generalmente se curan con antibióticos. “La Chlamydia, la gonorrea y la sífilis están asociadas con la esterilidad”, recuerda Herrero, que apunta que estas dolencias también pueden ser mortales (la sífilis o el SIDA) o provocar cáncer (VPH, Hepatitis B y C).

Ni educación ni concienciación

La mayoría de jóvenes de la Generación Z no se sientan a hablar con sus padres de sexo, ni tampoco reciben formación en los institutos. España es de los pocos países del mundo en los que no se imparte educación sexual y afectiva en los centros educativos. “No se explican ni los riesgos ni las habilidades, tampoco se les educa a decir ‘sin preservativo, no’, ’con preservativo desde el principio”, indica Hurtado.

La educación sexual no solo mejora la prevención de las ETS, sino que hace que las relaciones sexuales se inicien más tarde y “de forma más autónoma y responsable”, según Planificación Familiar. Cuando esto falta, los jóvenes tiran de pantalla. Toman como referente lo que ven en el porno y allí “el condón brilla por su ausencia”. Y no solo eso. “Distorsiona la erótica”, apunta la experta en Planificación Familiar Hurtado. “Hay incluso jóvenes que nos preguntan cuál es la forma correcta, como si hubiese una buena o una mala”, añade.

A esto se suma la casi total ausencia de campañas de concienciación. Desde el “solo con condón, solo con coco” de 2008, casi no ha habido publicidad institucional para fomentar el uso del preservativo. Hasta este 13 de junio, cuando el Ministerio ha presentado una nueva campaña.

Menos sexo no se traduce en menos posibilidades

El sexo les importa mucho, pero los jóvenes entre 20 y 24 años no son tan activos sexualmente como se piensa. Su cuarta prioridad es tener una vida sexual activa, según datos del Centro Reina Sofía sobre adolescencia y juventud, pero hay factores como el “estrés, la inseguridad personal, o la falta de estabilidad” que disminuyen el deseo sexual, explica la sexóloga María Honrubia.

Pero esa frecuencia no reduce el riesgo. “Una persona puede haber tenido una relación y haber contraído una infección de transmisión sexual y otra haber tenido más y no haber contraído ninguna”, indica Hurtado, quien pone el foco en que la monogamia no exime de riesgos. “En su cama entran todas las personas que han tenido relaciones anteriormente”, enfatiza.

Las prácticas sexuales también influyen: no mantienen demasiadas relaciones sexuales con penetración, pero hay otras donde el uso del preservativo es menos común aún, como en el sexo oral.

Para corroborar el nivel de sexo no seguro basta con ver el uso del preservativo femenino: no supera el 2%, según datos del Ministerio de Sanidad.

El cambio en las relaciones de pareja: el control como base

“Sí conocía los anticonceptivos que hay y lo hablé con él, pero él nunca se lo quería poner”.

Esa es una de las muchas frases de casos reales incluidos en el estudio sobre madres adolescentes del Centro Reina Sofía sobre adolescencia y juventud y que enseña que cómo han cambiado los roles de pareja. Eso afecta mucho a la gestión del uso del preservativo.

“Muchas de las jóvenes encuestadas confiesan no ser capaces de imponer el preservativo a su pareja”, explica Sanmartín. Él decide, ella acepta. Un 52% de los chicos asegura usar preservativo siempre frente a un 60% de las chicas, según los datos de contracepción del Barómetro de Género 2019. “Ellos, además, tienen menor sensación de riesgo”, añade.

Más allá de la imposición, el uso de protección también se ve condicionado por los celos de la pareja. “Es muy común el ‘si me lo pides, no confías en mí’, o ‘¿qué pasa que estás teniendo relaciones con otras personas y por eso me lo pides?”, indica Hurtado. Este control, basado en la idea de amor romántico, hace que las jóvenes opten por otros métodos de anticoncepción (como la píldora anticonceptiva o el DIU) e incluso por ‘la marcha atrás’. “No se realizan pruebas y tienen la idea de que por tener una relación estable no conlleva ningún riesgo, aunque dure nueve meses”, detalla Hurtado.

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