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30/05/2019 07:38 CEST | Actualizado 30/05/2019 12:12 CEST

Reiniciemos nuestros 'sistemas operativos'

Para reiniciar nuestro ‘sistema operativo’ es imprescindible que operemos bajo un nuevo paradigma.

La sociedad se ha acostumbrado a operar como si los recursos de los que disponemos en la Tierra fueran infinitos, y sabemos que no lo son. El modelo de economía que hemos de construir/desarrollar ha de tener en cuenta esta limitación y poner en valor una gestión eficiente, de huella cero en el medio ambiente y por supuesto rentable.

Claudio Schwarz (Unsplash)

Como alternativa a la economía lineal, que es aquella que toma, produce y después deshecha, encontramos la economía circular, que trata de optimizar el uso de los recursos de los que disponemos, y lo hace tanto en la toma de recursos, en el proceso productivo, y también en la gestión del deshecho.

En este sentido, la economía circular para el consumidor final se centra en el corto plazo y de forma inmediata en: reducir, reutilizar, reciclar y recuperar energía.

Podríamos decir que reduciendo nuestro consumo de productos finales se producirá una ralentización de la demanda, con lo que se ajustará al final la toma de recursos por una reducción de la oferta. Esto provocará reducciones en la cantidad producida y en la cantidad de recursos tomados. Hoy es muy típico consumir fast fashion: consumimos a precios ridículos, lo que nos lleva a comprar impulsivamente, usar poco y desechar rápido. Pero si todos cambiásemos nuestros hábitos, podríamos generar un gran impacto en el medio ambiente, ya que  la industria textil es la segunda más contaminante del planeta.

Hoy es muy típico consumir fast fashion: consumimos a precios ridículos, lo que nos lleva a comprar impulsivamente, usar poco y desechar rápido.

También podemos reutilizar más, como se ha hecho toda la vida:  darle unas vidas adicionales a aquel producto en concreto. Puede ser tan sencillo como reutilizar las botellas de cristal, e incluso las de plástico, para contener otras cosas, (no ya el producto original), hasta el aprovechamiento de grandes bienes, como por ejemplo el televisor, que tradicionalmente ha ido viajando de una estancia a otra en nuestra residencia habitual, para luego trasladarse a una segunda residencia eventualmente. Esta forma de comportarse me recuerda a mi niñez, cuando estos comportamientos eran habituales, antes de que se aceleraran los hábitos de consumo, como por ejemplo con los envases de un solo uso. Los avances tecnológicos también han modificado nuestro comportamiento de consumo, véase la obsolescencia de televisores no digitales y no conectados… aumentando así la demanda para remplazar esos dispositivos ‘no capaces’ en la era digital.

John Cameron (Unsplash)

Es de vital importancia en todo caso subirse al carro del reciclaje. Si no se ha podido reducir el consumo, ni reutilizar el producto, lo que sí es muy necesario y crítico es reciclar convenientemente. Así facilitaremos que la mayor cantidad de componentes se integren como recursos en nuevos ciclos económicos, en la industria de origen o en una nueva, reduciendo así la toma de recursos primarios, y alargando la vida de los componentes ya disponibles. Se reducirán así los deshechos que contaminan nuestro entorno.  

Hoy, la fase final para componentes que no son reciclables es la recuperación de energía, es decir: producir energía mediante su combustión. De hecho, en muchos casos, la generación de energía es la única opción viable de aprovechamiento último de los recursos ya utilizados, disponibles y desechados. Dicha recuperación energética debería ayudar a reducir el consumo de materias para la generación de energía, compensando el déficit de energías renovables si lo hubiera, y ayudando así a reducir o eliminar el uso de energías no sostenibles (nuclear, carbón, etc…).

De cara a las empresas y a todos los seres humanos en el largo plazo añadiríamos las siguientes claves: repensar, rediseñar y reparar.

Repensar cómo actuamos, qué es lo que nos mueve en última instancia, y aplicarlo al contexto económico, por ejemplo respondiendo a las preguntas siguientes:

  • ¿De verdad necesito otro pantalón vaquero?
  • ¿Qué hago con una bolsa de plástico de un solo uso? ¿La tiro después de usarla?
  • ¿Cómo me aseguro de que los residuos orgánicos que genero tengan un uso?
  • ¿Puedo contribuir a mejorar el sistema operativo en el que nos movemos invirtiendo en energía solar para mi propio consumo?

Este estilo de preguntas nos ponen en situación de cambiar nuestros hábitos, y de hacerlo por nosotros, pero también, y sobre todo, por aquellos que nos siguen, las generaciones venideras, para que no se encuentren con un planeta devorado por el ‘sistema operativo’ de años anteriores.

Para que las respuestas a algunas de las preguntas evocadas anteriormente sean 100% satisfactorias para todos los agentes involucrados en las distintas cadenas de valor, es necesario que los productos sean diseñados para durar más, que puedan ser reparados, refabricados si fuera necesario, y así reutilizados. También deberían poder ser reciclados de forma eficiente y efectiva, reduciendo costes y maximizando resultados, ya sea en forma de recursos para otros procesos o de energía.

Para reiniciar nuestro ‘sistema operativo’ es imprescindible que muchos operemos bajo un nuevo paradigma.

La llamada a la acción es muy sencilla: la próxima vez que consumas, que será muy pronto, piensa en cómo se ha producido ese producto, cuántos recursos han sido necesarios, cuánto tiempo e intensidad de uso esperas, y por último, qué harás para que, cuando sea un deshecho, sea útil y no un problema.

Para reiniciar nuestro ‘sistema operativo’ es imprescindible que muchos operemos bajo un nuevo paradigma, con otros valores que no contemplen solo el beneficio económico, sino el impacto social, en otras personas y por supuesto en el medio ambiente, y provoquemos ese cambio con nuestros propios actos. Tenemos el talento para transformarnos e innovar; la pregunta pendiente de contestar por cada uno es si tenemos la voluntad de reiniciarnos a nosotros mismos.

Seguimos…

 

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