Sexo, onanismo y doble moralismo

¿Llegaremos a desmoralizar el sexo y a normalizarlo algún día?

En estos momentos, el sexo es uno de los factores que puede parecernos —de forma morbosa y sensacionalista— inquietante, como he apreciado en algunos periódicos. Muchos son los medios que se hacen eco del preocupante “exceso de consumo de pornografía” que está habiendo en estos momentos. Cuando en absoluto es preocupante, sino natural.

Al ver nuestra realidad reducida a cuatro paredes, es lógico pensar que, las que eran nuestras vías de escape habituales, se intenten reforzar en este momento en el que todos estamos haciendo un gran trabajo: renunciar a nuestro día a día; a nuestras copas con los amigos, a nuestras citas (románticas o sexuales), al contacto con nuestros amigos, compañeros, a nuestras sesiones en el gimnasio... Es lógico y natural que busquemos otras vías que nos inviten a evadirnos (hacer deporte en casa o paseos a lo largo y ancho de la casa), o intensifiquemos las únicas que nos han querido enseñar.

En un mundo donde el capitalismo occidental ha sentado una base “farmacopornográfica e impulsado el negocio de la salud preventiva es puramente necesario para muchas personas, que se administraban cualquier tipo de alivio, aumentarlo. En estos momentos donde se paraliza toda actividad adicional de ocio y de relaciones habituales sociales, hay una falta del resto de alicientes. De ahí que ahora se consuma más.

“A través del sexo y el afecto la oxitocina, las endorfinas, la serotonina, aumentan.”

De hecho, lo mismo estará pasando con los antidepresivos, los ansiolíticos, el alcohol, el tabaco, el ejercicio con fines vigoréxicos o anoréxicos y (lamentablemente) con muchas drogas no legalizadas. En un artículo de El País su entradilla citaba literalmente: “El encierro, el duelo y la crisis económica doblarán el número de personas con problemas psicológicos, según la OMS”. Si la ansiedad se manifiesta en personas con una vida sin vicios, imagínense la ansiedad que puede llegar a provocar a personas dependientes de cualquier cosa. Y, por un segundo, pensemos en esas personas que no tienen actualmente acceso a lo que antes le reportaba placer: compras de ropa compulsivas, personas que se tomaban 0,25 de Alprazolam (que hoy necesitarán subir la dosis), quedadas en Tinder o Grindr para desfogar... Todas estas situaciones se verán incrementadas más por sus padecientes en este confinamiento. Pero también saldrán a la luz nuevos casos cuando salgamos de él.

Tiempo al tiempo. Veremos las aglomeraciones que se producirán en los centros comerciales, bares y terrazas. ¿Se verá preocupante dicho consumo?

Es por eso que siempre se debería hablar de sexo-afectividad. No es posible, si analizamos todas nuestras relaciones pasadas, que el sexo contenga siempre amor, o al revés. Son medios de comunicación social eficaces para transmitir emociones que necesitamos. A través del sexo y el afecto la oxitocina, las endorfinas, la serotonina, aumentan. Creando lo que se puede denominar una estabilidad química emocional básica. Al estar privados de ese afecto, son muchas las personas que están confinadas en sus hogares familiares, que están solos, o que comparten piso (pero no con su pareja). Necesitan —igualmente— de esa liberación hormonal. Y con un estado de hermetismo social, van a necesitar más todavía. Pero el sexo y el afecto siguen distintos códigos en sus mensajes. Por eso es importante siempre desde la sexología diferenciarlo. Porque, aunque puedan ir cogidas de la mano, no siempre es así y su repuesta no es igual.

“¿Y nos extrañamos de que la gente, confinada en su casa y en su intimidad, recurra al sexo, la masturbación y a la búsqueda del placer por uno mismo, en estos tiempos en los que no podemos hacer mucho más?”

Nos han criado para el individualismo y un hedonismo capitalista, moralizado con principios heteronormativos. Con cánones de belleza y de postureo difíciles de alcanzar. ¿Y nos extrañamos de que la gente, confinada en su casa y en su intimidad, recurra al sexo, la masturbación y a la búsqueda del placer por uno mismo, en estos tiempos en los que no podemos hacer mucho más? ¿Algún periodista ha preguntado a Amazon si ha experimentado subidas o bajadas en sus artículos destinados al ejercicio físico? ¿O ha investigado alguien la subida de consumo por Internet de las marcas de ropa? Quizás algún medio dedicado a la economía. Y sin plantearse un posible problema de consumo compulsivo, que es evidente.

Por lo tanto, ¿llegaremos a desmoralizar el sexo y a normalizarlo algún día?