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16/04/2019 07:44 CEST | Actualizado 16/04/2019 07:44 CEST

Si te miro fijamente pierdo la memoria

mrs via Getty Images

Sostener la mirada a otra persona no suele pasar desapercibido. Genera en los que se miran sensaciones y percepciones especiales e incluso modifica nuestra forma de pensar durante la mirada.

Algunos investigadores han incluso llegado a la conclusión de que el contacto visual modifica las capacidades cognitivas, memorísticas y del aprendizaje.

La mirada del jabalí

En una ocasión hace años estuve en un zoológico con animales en amplios recintos en libertad. De pronto, mi atención se centró en un enorme jabalí macho que descansaba apaciblemente junto con algunas hembras. El animal atrapó mi mirada y, ante mi sorpresa, se levantó, se acercó a la reja que nos separaba y se quedó inmóvil mirándome fijamente a los ojos durante algunos instantes que me parecieron eternos. Nunca supe lo que el cerebro del jabalí estaba registrando en ese momento. ¿Estaría examinándome o juzgándome? ¿O era mi mirada la que lo había hipnotizado? Seguramente nunca sabré la respuesta pero en esos instantes de intercambio visual con el animal, el mundo de alrededor se volvió gris y borroso. Desde ese momento cambié mi percepción de los jabalíes. Su recuerdo se “humanizó” en mi memoria de niña.

Me pierdo en tu mirada

Sin llegar a extremos sentimentales fruto de numerosas canciones románticas algunos estudios han demostrado que sentir la mirada fija de otra persona incluso desconocida mientras desarrollamos una tarea mental nos hace perder la concentración. El tiempo ideal establecido para evitar “estragos mentales” es de 3 segundos. Por encima de ese tiempo se pueden generar alteraciones cognitivas momentáneas.

En un estudio efectuado por investigadores de Japón una serie de voluntarios tenían que hacer un juego de asociación de palabras mientras aparecía en un vídeo una cara que establecía contacto visual. Los resultados demostraron que los voluntarios tenían dificultades para seguir el juego cuando aparecía la cara. Este hecho se explicaba porque el mero contacto visual aunque no acompañado de la presencia real de la persona interfiere en la capacidad cognitiva. Durante el contacto visual el cerebro se encuentra desarrollando una alta actividad que merma las facultades para poder ejercer simultáneamente otras tareas cognitivas con éxito.

Por otra parte, como en mi experiencia con el jabalí, el contacto visual puede modular la percepción que recibimos de la mirada ajena. Como ya se comentó en otro artículo de mi blog, la percepción forja la realidad a su manera en cada mente.

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Escáner de un cráneo humano en el que se aprecian los ojos y el cerebro. 

No mantengas fija la mirada si no quieres perder memoria

En otro estudio se investigó la manera en la que mantener fija la mirada puede influir en los recuerdos. Los participantes del estudio tenían que describir momentos pasados de su vida en dos condiciones distintas: manteniendo la mirada en un punto fijo en una pantalla o moviendo los ojos libremente por la pantalla.

Los resultados mostraron que los recuerdos evocados y relatados con la mirada fija eran más lentos de ejecución y se describían con menos detalle visual que aquellos efectuados mientras de vagaba libremente con la mirada.

Los investigadores concluyeron que mantener la mirada fija podría comprometer los recursos cognitivos necesarios para la reconstrucción de la memoria autobiográfica tanto en las imágenes evocadas como en el contexto espacio-temporal.

Con un par de ojazos

El movimiento de las pupilas de los ojos suele ser un buen delatador de sentimientos que percibimos con la vista. Cuando expresamos sorpresa o excitación emocional e intelectual dilatamos las pupilas mientras que cuando sentimos repulsa o desagrado tenemos a entrecerrar los ojos y reducir el tamaño de las pupilas.

La relación entre la excitación (también sexual) y la dilatación de la pupila no pasó desapercibida desde épocas remotas de nuestra historia. En muchas culturas las pupilas más dilatadas eran un atributo de belleza. La historia comenta que durante el Imperio Romano las mujeres romanas utilizaban la planta belladona (rica en atropina) para poder dilatar sus pupilas y estar así más atractivas. Incluso la reina Cleopatra se interesó por esta práctica. La belladona también se utilizaba como narcótico o afrodisíaco según los relatos. ¡Cuidado! Puede resultar tóxica.

Mientras escribía este artículo he aprovechado para probar la experiencia de recrear la vista alrededor para concentrarme mejor. Confirmo que el rato en el que he estado mirando a un punto fijo delante de mí han sido los menos productivos en mi escritura.

 

Para saber más, visita mi blog: www.raquelmarin.net

Dale vida a tu cerebro. ¡En tercera edición!

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