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Soy asexual y así es mi vida amorosa

Las personas asexuales experimentan atracción del mismo modo que un aficionado al arte contempla una escultura.
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Las citas nunca han sido mi fuerte. No se me da bien maquillarme, no me gusta ir a restaurantes y rara vez tengo dinero para gastármelo en comida o bebida en alguno de ellos, por no hablar de cómo me obsesiono con la cantidad de formas en que puede torcerse una cita. Siempre me pongo en la peor situación, como por ejemplo el terrible momento en el que reaccionan al enterarse de que soy asexual.

Las personas asexuales o acesexuales como yo sienten entre poca y nula atracción sexual. Es posible que aun así quieran mantener relaciones o experimenten atracción estética y admiren a las personas del mismo modo que un aficionado al arte contempla una escultura. En mi caso, me gusta dar la mano, acurrucarme con otra persona, susurrarnos cosas al oído, hacer el típico paseo cursi por la playa, mirar adornos de Navidad..., pero no tengo ningún interés en la penetración ni en el sexo oral. No me interesa nada que tenga que ver con el sexo, en realidad.

Ni siquiera me gusta mucho besar: demasiados dientes y demasiada saliva para mi gusto. Me he sentido así desde que tengo memoria. Cuando me pusieron la vacuna del virus del papiloma humano en primaria, quise decirle al enfermero: “No la necesito”.

He salido con un puñado de hombres, pero ninguna relación ha llegado a buen puerto. Siempre he tenido miedo a que me faltara algo o he pensado desde el primer momento que la relación no iba a funcionar. Tal vez pasaba justo porque era lo que temía que pasara: mi asexualidad me jodía bien.

“Ni siquiera me gusta mucho besar: demasiados dientes y demasiada saliva para mi gusto.”

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Estoy en mi segundo año de carrera y estoy intentando descargarme alguna aplicación para ligar. No sé cuál, pero tampoco importa demasiado, porque nunca he encontrado una página para ligar hecha para mí. Existen páginas para asexuales, pero las opciones son muy limitadas por la poca gente que las usa.

Iba de problema en problema ignorando conscientemente señales de alerta.

El primer problema con las aplicaciones: ”¿Qué quieres que te mostremos?”. ¿Pongo hombres, mujeres o ambos? No está la opción de “Ninguna opción”. La cosa es que no solo te preguntan: ”¿Con quién quieres salir?”. En realidad la pregunta es: ”¿Quién te atrae sexualmente?”.

Desde el instituto he sentido atracción romántica hacia varias personas, incluido mi amigo M, que se solía a quedar en mi cuarto y dormía a mi lado. Hace unos años, sentí lo mismo por una chica de mi carrera y la evitaba a propósito porque sabía que lo nuestro no funcionaría.

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“He intentado imaginarme acostándome con gente con la que quiero salir y, como mucho, me imagino a otras dos personas en situación.”

En mi tercer año de carrera, estoy interesada en un tío que se llama Z. Es gracioso, mono y agradable, pero no siento ningún deseo sexual hacia él. Es un sentimiento que está más bien en el pecho y que se expresa mejor con mi sonrisa y con cómo se ralentiza el tiempo cuando estoy a su lado. Se lo cuento a mi amiga J, que sabe que soy asexual, y me pregunta: ”¿Te acostarías con él?”.

Le respondo: “No lo sé, quizás”, y deseo que ese quizás sea cierto, pero solo de imaginármelo me entran escalofríos. He intentado imaginarme acostándome con gente con la que quiero salir y, como mucho, me imagino a otras dos personas en situación. No me incomoda imaginármelo, pero tampoco me excita. Simplemente pienso: “Ah, están haciéndolo. Bien por ellos, supongo”.

Más adelante, sigo siendo asexual y sigo sin saber muy bien cómo funciona el mundo de las citas entre acesexuales. He salido unas cuantas veces con otro tío, L. Es gracioso, tiene unos ojos juguetones y una sonrisa perpetua, pero un día empieza a mandarme mensajes sexuales. Nada de fotos, nada explícito, solo algo como ”¿Qué llevas puesto?”.

Respondo con memes e intenta sexualizarlos. No le pido que pare, pero sigo cambiando de tema. Al final, no le respondo y dejamos de quedar con frecuencia.

“Todas las citas como acesexual empiezan con una mentira por omisión que acaba llevándonos a una verdad incómoda.”

Sé que podría haberle dicho: “Soy acesexual, mejor no hablemos de esto, ¿vale?”, pero también sé que en realidad no podía decirlo. Al segundo de mandar el mensaje habría acabado con toda posibilidad de tener una cita con él (o de que fuéramos a ninguna parte).

Pero, una vez más, no decirle nada provocó el mismo resultado.

A veces pienso que estoy usando mi asexualidad como excusa para explicar por qué no consigo salir con nadie y por qué no consigo que ninguna relación funcione. Tener citas como acesexual es complicado. Todas las citas empiezan con una mentira por omisión que acaba llevándonos a una verdad incómoda. Hay que saber cuándo y cómo desvelarlo. Tienes que dejar claros tus límites con una persona antes incluso de conocerla y tienes que desear que no te esté mintiendo cuando te dice que no pasa nada y desear que tú misma no te estés engañando sobre tu comodidad en el caso de que decidas experimentar.

Hay relaciones que se rompen por detalles más pequeños, como por ejemplo si la otra persona es más de gatos o de perros (la respuesta correcta es ser más de perros). Y pedirle a alguien que renuncie a algo tan importante parece cruel. Como si estuviera haciéndoles algo malo.

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“Acabo de tener una cita con un chico. Le doy un beso, no porque me apetezca, sino porque las películas me han enseñado que eso es lo que toca hacer.”

Estoy en el instituto y acabo de tener una cita con un chico. Me está dejando en casa de mis padres. Justo antes de salir, le doy un beso, no porque me apetezca, sino porque las películas me han enseñado que eso es lo que toca hacer.

Es un beso horrible. Él no es malo besando (o eso pienso), pero es la confirmación de que detesto besar y que no quiero ir más allá. Estoy entre aturdida y ansiosa por terminar el beso.

Al día siguiente, me dice que me quiere y yo le digo gracias. Le explico que me gusta y que quiero que sigamos siendo amigos.

Incluso ahora, me doy cuenta de que no solo quiero que seamos amigos. Quería que el beso acabara, pero también quería seguir saliendo con él. No sé cómo explicarlo, porque en mi mente, las personas se besan en las citas, y si esto es así, ¿cómo voy a tener citas yo?

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Nunca he salido con otra persona asexual. No es que me oponga, solo que no somos muchos y aún tenemos que desarrollar un código universal de parpadeos frenéticos para localizarnos. Evidentemente, solo porque una persona sea asexual, no significa que vayamos a congeniar. ¿Y si le gustan más los gatos que los perros? ¿Y si ha votado a Trump?

Acabo de sacarme un posgrado y no estoy más cerca de desentrañar el mundo de las citas. Pero, claro, ¿acaso hay alguien que lo haya logrado? Como persona asexual, puede que tenga más incógnitas que despejar, pero las incógnitas forman parte de las relaciones. Y si algo sé después de tantas relaciones fallidas es que las relaciones solo pueden funcionar si afrontas esa incógnita desde el primer momento.

No me puede dar miedo hacer preguntas.

Estoy preparando un nuevo perfil de citas. Aún no sé qué querré que me muestre la aplicación, pero sé que mi en perfil aparecerá que lo que me gusta (los libros, los burritos y los videojuegos), lo que detesto (la cebolla, el tabaco y la música country) y lo que soy: escritora. Y que prefiero los perros. Y que soy asexual.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘Huffpost’ Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.