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05/12/2020 10:50 CET | Actualizado 05/12/2020 10:50 CET

Una deliciosa última tourné

Un espectáculo que también, como los que referencia, quedará después para el recuerdo.

“¿Pero qué invento es este…?”, dice un personaje en escena, como un elemento más del metateatro, absolutamente delicioso, que plantea Félix Sabroso en La última tourné, que ahora se representa en el Teatro Calderón de Madrid.  

Qué felicidad ver un teatro lleno, dentro de la lógica restricción de aforo, y de las necesarias medidas de seguridad. Y qué felicidad que el público se divierta, aplauda y celebre cada momento de La última tourné. Me hizo recordar la publicidad típica de aquellos espectáculos del siglo pasado, “venga a vernos, y olvídese por un tiempo de los problemas”. Y eso es, olvidarse de lo que ocurre y viajar a otro mundo de plumas y lentejuelas, de puñaladas y comicidades muy humanas. 

La revista, como género musical muy español, contaba una o varias historias, alternadas con números musicales, que a veces no tenían mucho que ver con el argumento central del espectáculo. Un género muy madrileño y muy bufo, que tuvo su época de oro en los tiempos de posguerra y posteriores, con Celia Gámez, Lina Canalejas, Tony Leblanc o Juanito Navarro, y su época de plata, ya a principios los ochenta, con Esperanza Roy, los espectáculos producidos por Matías Colsada, y sobre todo los éxitos de Lina Morgan en el Teatro de La Latina. Y después, a partir de mediados de esa década, vino el declive. Y eso es lo que cuenta La última tourné, la historia de una compañía en horas bajas, con su primera vedette superviviente, resistiendo a la decadencia, a lo Gloria Swanson; su segunda vedette que quiere quitar el puesto a la primera; la vedette cómica, que se considera actriz, pero los demás le creen sólo la “payasa” de la compañía, y que aquí ha perdido la gracia. O sus personajes masculinos, uno que finge ser italiano siendo realmente de Albacete; el que ha de volver a representar a su pueblo, donde le apedreaban de pequeño por ser gay, o el director de la compañía, tan pícaro como seductor, que busca una paz en el grupo, más por comodidad que por otra cosa. Manuel Bandera, Bibiana Fernández, Alaska, Mario Vaquerizo, Marisol Muriel y Cayetano Fernández, dan vida a esta maravillosa fauna.   

La última tourné tiene más miga de la aparente, es más que un divertimento, habla de una época, de una forma de entender el teatro como una forma de vida, entra en un mundo de cambios, con unos personajes tan ácidos, (in)voluntariamente cómicos, como cargados de ternura. Unos personajes bombón, en un marco entre lo kitsch y lo divino. Y muestra, no sólo la trastienda del teatro, si no también la trastienda humana, la de los celos, los pisotones, las miserias y las biografías inventadas. Una compañía de variedades, que decide reinventarse haciendo “teatro, teatro”, intentando poner en marcha un montaje de Lorca que no llegan a comprender, cuestión que propicia ese elemento metateatral, que habla de los métodos de interpretación o de los incipientes espectáculos al estilo de la Fura dels Baus en la época. 

La ambientación, no sólo física, está clarísima.  El espectáculo tiene continuas alusiones, ya sea a Marujita Díaz, a los Hermanos Calatrava o a la anunciada Expo de Sevilla, mientras entonan Libérate o Compuesta sin novio. Y está muy bien escogida la sala, el Teatro Calderón, donde se estrenó en su día, Mamá quiero ser artista!, con Manuel Bandera en el reparto, por cierto. Precisamente, Bibiana Fernández, cita y dedica en el número final, entre otras estrellas de aquel género, a Concha Velasco.  

De lo mejor, los momentos de alusión dramática entre Bibiana Fernández y Manuel Bandera, que recuerdan a esa otra emotiva delicia teatral que era El amor está en el aire. Y ese momento celestial de Alaska en el portal de Belén, aguantando entre náuseas. Memorable. Y el metateatro hasta el final, ya que la compañía saluda presentándose a sí mismos por el nombre de los personajes, no de los intérpretes. Sólo falta al final del espectáculo, en el fin de fiesta, una escalera, para que los artistas bajasen rítmicamente esos peldaños como lo hacía inigualablemente la Roy o la Velasco. 

No se lo pierdan, me parece único, un espectáculo que también, como los que referencia, quedará después para el recuerdo.  

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