Viva la televisión (IV): Brays Efe

Apenas tenía amigos con los que jugar después de las clases. Se iba a casa y veía en TVE una serie que le gustaba: 'Ana y los 7'.
Brays Efe en el papel de Paquita Salas. 
Brays Efe en el papel de Paquita Salas. 

A lo largo de los años me he encontrado muchas historias como esta que cuento hoy de Brays Efe. Historias minúsculas que encierran un mundo entero y que tienen que ver con la televisión, la de andar por casa, la que hemos denostado todos alguna vez incluso. En esta campaña #vivalatelevisión también hay sitio para ellas, no solo para las grandes. Y si las juntamos con otros relatos también pequeños sobre fracasos pequeños, sobre los NO que nos dijeron o que dijimos alguna vez, nos sale una colección estupenda de abrigos para estos tiempos raros.

Ana Obregón y yo: el bálsamo de Ana y los 7

Brays Efe, el actor que encarna a la ya mítica Paquita Salas, tenía 13 años. Era un niño gordito y amanerado. De pequeño, evidentemente, le hicieron bullying en el colegio. Apenas tenía amigos con los que jugar después de las clases. Así que se iba a casa y una noche a la semana veía en TVE una serie que le gustaba: Ana y los 7. Era como un bálsamo, un momento de sosiego, sin angustias escolares, sin burlas, sin insultos. Estamos en 2002 (la serie duró hasta el 2005: 91 capítulos y una media de 29,4% de audiencia y 5.333.000 espectadores).

“El primer capítulo me fascinó. La sintonía, el tono, todo. Conectó conmigo. Lloré mucho al final, cuando Lucía baja las escaleras, cuando Ana se va, gritando su nombre. Esa serie me acompañó mucho”, me cuenta Brays desde su casa, en plena cuarentena, como todos.

Los años pasaron y ese niño, ese adolescente ninguneado en el patio del colegio, (donde otros niños como él también veían Ana y los 7) quiere ser director de cine. Y tiene dos amigos, Los Javis, que también quieren dedicarse a eso, a la ficción, a la creación audiovisual. No tienen trabajo, se juntan en sus casas para imaginar. El resto ya es historia. Atresmedia les da su primera oportunidad en Flooxer y ellos, los tres, nos regalan Paquita Salas. Lo dije en su día: me rendí a los pies de esta serie en el minuto uno, el día glorioso en que aparecieron en el Festival de televisión de Vitoria. Atresmedia nos citó en una comida para enseñarnos aquella web serie insólita. Y Brays llegó como Paquita y su “ella es actriz, que se ha hecho cursos”.

El caso es que aquel adolescente, ya cuando alcanza el reconocimiento, cuando le llega su éxito profesional, de pronto, en la segunda temporada de la serie, ya con Netflix como soporte, se pone a escribir uno de los capítulos de Paquita. Y junto a los Javis deciden que justo ese episodio lo ha de protagonizar Ana Obregón.

“Imagínate lo que era para mí. Ese capítulo me conectaba con aquel niño que fui y que veía Ana y los 7. Era un homenaje y lo disfruté mucho. Y fue interesante porque en el fondo era una manera de decirles a todos los niños que me maltrataron de pequeño, aquí estoy, en estos carteles, en esa serie, escribiendo escenas para Ana Obregón, a la que todos veíamos de pequeños”, me cuenta él con cierta emoción.

“Es bonito esto, Brays, gracias”, le digo yo al notar su contención.

“Además ella estuvo tremendamente generosa”, sigue contándome. “Bueno igual todo esto suena tremendamente egocéntrico, ¿no?”, me pregunta.

“No”, le digo, “no lo creo”. Yo lo que creo es que todos los niños que lo maltrataron, si se han convertido en adultos lesivos, estarán jodidos con esta historia. Y eso me gusta.

Brays Efe. 
Brays Efe. 

Epílogo: los fracasos

El año pasado, en Málaga, en el Screen TV, tras un encuentro de los Javis y Brays, en el teatro Albéniz (con el teatro hasta los topes) ya en el pico de popularidad, Javier Ambrossi me contaba esto, esta pequeña tragedia íntima televisiva:

“Estoy aquí por cosas que no salieron bien. Tenía una carrera actoral terrorífica. Una vez, en un estreno de Sin tetas no hay paraíso, donde hacía un papel episódico, me quitaron de un photocall. Llegó el tipo de prensa y me dijo ‘¿Tú quién eres?’, y me quitó de allí. Ahora puedo hablar de eso, sé que cosas como esa me han llevado hasta aquí. Otro día, en un rodaje de la serie Imperium, donde tenía un papel pequeño, se me olvidó el texto. Tenía que dar nombres de esclavos y me quedé en blanco. Así que llegué a casa hecho polvo y me dije que tenía que hacer algo distinto con mi vida”.

Y Javier Calvo añadió: “Después de salir en Física o Química nadie me llamaba. Yo no entendía qué pasaba. Le preguntaba a mi representante y me decía, ‘tienes que cortarte el pelo, la gente tiene que olvidarse de cómo eres, no tiene que saber lo que eres’...’”.

Pero después de Flooxer (sin cuya puntería no estaríamos aquí hablando de esto) llegó Netflix, con toda su artillería pesada. Y ¿por qué?

“Yo creo que vieron que todo era verdad, que los que nosotros queríamos hacer era lo que de verdad se veía en la serie. Nos habíamos inspirado para crear el personaje de Paquita en el propio Brays, porque somos amigos, y nos gusta su pronto, su intensidad... todo eso se nota en la serie. Nos fascina de verdad”, me cuenta Javier Ambrossi.

“La segunda temporada de Paquita la rodamos en tres semanas, así que sigue siendo una serie modesta económicamente. Se puede hacer. Te ajustas a lo que tienes. Lo que sucede, conviene, así que, si tenemos que simplificar, lo hacemos”, remata Javier Calvo.

Y Netflix y ellos tres nos dejaron esta promo bárbara mezclando historias televisivas y volviéndonos locos: