Viva la televisión (IX): Agassi o cómo un reportaje cambió su vida dos veces

Una historia desoladora primero y hermosa después del tenista Andre Agassi. La tele influye. Claro que sí.
Imagen de archivo de Andre Agassi. 
Imagen de archivo de Andre Agassi. 

Un mismo programa de televisión, (hoy hablo del reputado 60 minutes estadounidense) con la misma buena intención de contar historias que sirvan, puede causar desastres o glorias. Con dos miradas, dos receptores distintos. Ese es el gran poder de la tele y por eso es tan definitivo tantas veces lo que sale en pantalla. Traigo a esta serie de #Vivalatelevisión, una historia desoladora primero y hermosa después del tenista Andre Agassi. La tele influye. Claro que sí.

Si no habéis leído Open, del tenista Andre Agassi, hacedlo. ”Agassi odiaba el tenis”, así empieza este libro rotundo, su autobiografía. Es un libro triste y duro de leer. El padre de Agassi, un iraní desquiciado que había sido boxeador y que estaba obsesionado con el tenis, intentó convertir en campeones a cada uno de sus hijos, pero sólo lo logró con Agassi. El jugador, que ganó ocho Grand Slam, tuvo una relación complicada con su padre, que le obligó a practicar y practicar y le robó los dulces años infantiles.

En el libro, que Agassi escribió ayudado por el premio Pulitzer J.R.Moehringer, hay varios momentos televisivos que cuentan muchas cosas. De su influencia (a veces para bien, a veces para mal), de cómo algo tan banal como un reportaje puede determinar una vida entera. Un día, el adolescente Agassi (que ya dedicaba su vida al deporte que odiaba y amaba pero que no tenía valor de abandonar) llegó a casa tras un entrenamiento duro que le había llevado casi todo el día:

“Mi padre me acorrala en la cocina. Me pide que me siente. Él se sienta en frente y empieza a hablarme de un reportaje que ha visto en ‘60 minutes’. Trataba sobre un internado para tenistas jóvenes situado en la costa oeste de Florida, cerca de la bahía de Tampa. Es la primera escuela de esas características, dice mi padre, un campamento para tenistas jóvenes dirigido por Nick Bollettieri, antiguo oficial de paracaidistas.

−¿Y?

−¿Y? Que vas a ir.

−¿Qué?

−Aquí, en Las Vegas no estás mejorando, ya has derrotado a todos los contrincantes locales.

−¿Cuánto cuesta esa academia de tenis?

−Unos doce mil dólares al año.

−No podemos permitírnoslo.

−Solo vas a ir tres meses y eso son tres mil.

−Tampoco podemos.

−Es una inversión en ti. Buscaremos la manera.

−No quiero ir.

Pero por la cara que pone veo que está decidido.

−¿Y el colegio? −pregunto−, estoy en séptimo.

−Hay un colegio en el pueblo de al lado. Estudiarás y entrenarás el resto del tiempo.

Suena agotador. Poco después mi madre me dice que de hecho el reportaje era una denuncia sobre la personalidad de Bolletieri, que en la práctica dirigía una factoría de tenis en la que explotaba a los niños”.

Efectivamente, en el reputadísimo espacio 60 minutes se contaban las tripas de aquel internado y quedaba claro que Nick Bolletieri era, sí, un entrenador tirano. La historia causó un cierto revuelo en el entorno del tenis, pero no hizo mella en el padre de Agassi, que finalmente obligó a su hijo a ir al campamento. El horror que supuso aquello para el joven tenista está milimétricamente contado en el libro. Nunca volvió a ser el mismo después de aquel tiempo en aquel tiempo. Bolletieri funcionaba como un gurú y en su academia valía todo para conseguir la victoria: jugar con la ilusión, con la ambición, con la soledad, con la necesidad de afecto que tenían aquellos chavales que habían sido arrancados de sus familias.

“Muchos años después se topó con un reportaje de '60 minutos', el mismo programa que había marcado buena parte de su adolescencia y en realidad su vida.”

Además de para romperle el corazón, sirvió para una cosa más aquel reportaje: le mostró a Agassi lo que NUNCA querría en su vida, ni en la de sus hijos, ni en la de nadie a quien estimara. Le enseñó lo que producía la falta de empatía, la desmesura, la locura por el éxito, el dolor que suponía todo aquello en un corazón humano. En un crío sobre todo.

Muchos años después, cuando ya aquel niño contrariado y triste, era el tenista triunfador, con sus traumas y sus pesadillas, que había ganado todos los trofeos posibles y estaba a punto de retirarse del tenis de élite, una tarde, sentado frente a la televisión con su mujer Steffi Graff y sus dos hijos, se topó con un reportaje de 60 minutos, el mismo programa que había marcado buena parte de su adolescencia y en realidad su vida.

“Por casualidad veo un reportaje sobre las llamadas escuelas autónomas y vivo mi momento Eureka. Se trata de unas escuelas cuya financiación proviene en parte del estado en parte de fondos privados (…) Con una de esas escuelas podemos hacer las cosas a nuestra manera, tendríamos libertad para crear algo único, especial, podríamos convertirlo en un modelo de escuela autónoma en todo el país que podría cambiar la educación tal como la conocemos ahora.

No se me escapa lo paradójico del caso. Un reportaje de ’60 minutos’ hizo que mi padre me enviara a un internado y me rompiera el corazón. Y ahora otro reportaje del mismo programa me iluminaba el camino a casa, me proporcionaba un mapa para encontrar el sentido de mi vida, mi misión”.

Y eso es exactamente lo que sucedió, lo que Agassi y su socio lograron poniendo dinero, usando la fama para el propósito, buscando talentos que se unieran. Han pasado por esas escuelas, que siguen en activo, centenares de niños que de otra manera no habrían conseguido educación ni amparo.

El mismo programa de televisión, la misma intención de contar historias que sirvan, y dos miradas, dos receptores distintos. Ese es el gran poder de la tele y por eso es tan definitivo tantas veces lo que sale en pantalla.

Tras aquel primer 60 minutes que vio el padre de Agassi (y que no entendió), el entrenador Botellieri pasó a ser un personaje controvertido. Aquel reportaje tuvo en 2017 una especie de secuela. El reputado documentalista Jason Kohn presentó en el festival de Sundance El amor no vale nada, sobre la figura de este entrenador de estrellas (además de Agassi está detrás de Mónica Seles, Jim Courier o Anna Kournikova) y los estragos que causó. En el documental, que recomiendo, (se puede ver en Movistar Plus), Botellieri deja esta frase para la historia: “Soy un ganador y me rodeo de ganadores (...) No se puede llegar a la cima sin hacer nada malo”.