Viva la televisión (V): Buenafuente o la risa que salvó a Concha Velasco

¿Quién era el cómico catalán que llegaba todos los hogares españoles, sin vaivenes, sin renunciar a sus leyes fundacionales de la risa?
Andreu Buenafuente y Concha Velasco, en 2017. 
Andreu Buenafuente y Concha Velasco, en 2017. 

Andreu Buenafuente llegó a la tele generalista, a Antena 3, en 2005. Tras años de programas de comedia en TV3, aquella noche iba a darse a conocer en el resto del país. Antena 3 estaba liderada por un “rocoso Mauricio Carloti”, tal y como dice Pedro Sangro en el libro El entretenimiento en televisión. Crónicas Marcianas era el imbatible late night de Tele 5 y Buenafuente había sido fichado por la cadena de la competencia para hacerle frente. Así que el cómico catalán tenía que:

  • Superar el share de Crónicas de manera inmediata; como siempre, no tenía un par de años para lograrlo.
  • Tenía que hacerlo con herramientas distintas. Sin chabacanerías. Con un humor diferente. Tenía que cautivar al público español que no le conocía, igual que había cautivado a los catalanes, que digamos, llevaban años de carcajadas gracias a sus formatos televisivos.

¿Y quién era el cómico catalán que llegaba esa noche a todos los hogares españoles, sin vaivenes, sin renunciar a sus leyes fundacionales de la risa? Hago un brevísimo resumen de lo que él mismo me ha contado hace unos días:

“Yo era un niño pegado a la tele, aparcaba la mochila, me ponían la merienda y me dejaban ver la tele. Mis padres se lamentaban luego, pero me dejaban. Yo no estudiaba jamás. Para ser breve te diré que me han marcado muchas cosas en la tele. Jesús Hermida, por ejemplo. Aunque no entendía muy bien el valor de lo que decía, sí se me estaban quedando muchas cosas en la retina. A los 17 años empiezo a imitarle… La posibilidad de que un tipo ande por un plató y diga lo que le da la gana, no sé, se me quedó. Y luego empiezo a ver mucha tele norteamericana. Veo a Letterman, a Carson. Y llega en el 94 Joan Ramon Mainat y me propone hacer televisión. Y lo que hago es dar el salto de la radio, donde ya hacía humor, y juntar las piezas”.

El resto lo sabemos. Así que aquella noche de 2005, ese niño televisivo, fan de los lates americanos, se marcó un monólogo para abrir boca, que funcionó como una declaración de intenciones. Entre otras muchas cosas hilarantes, Andreu citó al jefazo de Antena 3, Mauricio Carlotti, que era, es, un hombre de corta estatura. Andreu contó así su llegada a la cadena:

“Entré y dije, voy a ver al jefe. Subo pa’rriba y me abre la puerta un niño bajito y me dice, ‘Hola, soy Carlotti’. Y yo le dije: ‘Niño, dile a tu padre que salga’. Y me dijo: ‘no, es que el director soy yo’… Primera cagada… Como era bajito…”.

Esta broma, que parece una tontería, era catártica, era provocadora, era, decía, una declaración de intenciones. Pregunté a sus guionistas cómo se gestó aquello y todos me dijeron que el gag tenía toda la pinta de ser del propio Andreu. Y efectivamente:

Esa frase estaba en guion porque la propuse yo mismo, sí. Estuvimos preparando ese programa durante muuucho tiempo. Tuvimos una preproducción de cuatro meses, muy larga, ahora mismo es una barbaridad. Eran otros tiempos, claro. Tuvimos mucho contacto con Carlotti, que era el hombre que me fichó, que desde el principio se mostró muy a favor de obra. Venía alguna vez a alguna reunión e intentaba aligerar. Yo tenía mucho contacto con él y vi también que tenía mucho sentido del humor. Y la verdad es que me gustaba mucho un chiste que circulaba en la época que decía “Llama un tío a la Casa Rosada de Argentina y le contestan: ‘soy Alfonsín, dígame’. ‘Pues dile a tu padre que se ponga’, responde él”. Esto es una chorrada muy grande y por alguna razón se me quedó grabado. Me pareció chulo ponerlo, la verdad. Se me ocurrió jugar con la estatura. Nos pareció siempre un tipo muy abierto, así que la frase pasó todas las cribas. Lo más divertido es que Mauricio estaba esa noche en ese plató de Sant Just Desverns, en Barcelona, que era desde donde hacíamos el programa. Desde luego él no lo sabía, solo lo sabíamos nosotros. Al acabar me dijo con retranca algo así como “hombre por favor, luego no dirás que no te dejamos hacer”.

Buenafuente siguió con su late. Consolidó su formato y consiguió el consenso del resto del país: era un buen cómico y tenía un buen equipo. Apenas un par de años después, una noche cualquiera, una Concha Velasco despechada (su sonada y dolorosa ruptura con Paco Marsó fue portada de todas las revistas y alimento de todos los magacines televisivos del momento) estaba tumbada en la cama del hotel al que se había retirado al perder su casa. Lo que ocurrió se lo contó Velasco al propio Buenafuente en el documental que hizo El Terrat sobre el cómico catalán y su universo, El culo del mundo, que se puede ver en Filmin.

“Me quedé sin casa cuando me separé de Paco y me vine aquí, a este hotel. Tenía además una deuda con Hacienda y la típica depresión de cuando te deja un hombre. Fumas, bebes más de la cuenta… Yo estaba en la cama y puse la tele. Y ahí estaba Paco Marsó diciendo: “Yo en realidad no he querido nunca a Concha, nuestra relación nunca fue autentica”, y cosas así. Y yo en la cama, viendo cómo el periodista le atacaba y él se iba metiendo en un berenjenal, diciendo que me había sido infiel, que el 99% de los hombres lo eran… Así que me fui al minibar, cogí todas las botellitas que había, y con el Lexatín que tenía… pues eso. Y en ese estado estaba cuando de pronto dije, voy a ver a Buenafuente. Y me pongo a reír, a llorar, a reír… Y dije, bueno, me lo pensaré mañana, como Scarlata. La misma risa hizo que pudiera ir al baño y… fuera todo. La cama del hotel se quedó destrozada. Pero supe que no haría esto nunca más”.

Así que se puede decir que Buenafuente salvó del suicidio a Concha Velasco. Si esto no es un VIVA LA TELEVISIÓN como una catedral, yo ya no sé…