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13/02/2017 07:21 CET | Actualizado 13/02/2017 07:21 CET

Ave Pablo! Morituri te salutant

El grito de los gladiadores del "errejonismo", no al entrar sino al salir ya derrotados de la arena de Vistalegre, suena igual al de los luchadores que combatían en la antigua Roma. Temen lo que les espera, tras la inapelable victoria de Pablo Iglesias y, con ella, la de su entorno más cercano. Nadie confía en que haya clemencia tras una guerra que ha dejado demasiadas heridas y no pocos rencores, pese a que si algo han penalizado las bases ha sido la pelea y el ruido interno.

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Entre yo o el caos, Podemos eligió el yo. Entiéndase por la primera persona el yo de Pablo Iglesias, of course. El secretario general de los morados sale de su segunda Asamblea Ciudadana con una mayoría aplastante. Gana la secretaría general con un 89 por ciento de los votos y controlará el 60 por ciento del Consejo Ciudadano, tras obtener una mayoría absoluta que le garantiza una dirección a su medida (37 puestos frente a los 23 de los errejonistas y 2 de los anticapitalistas).

Ave Pablo! Morituri te salutant. Salven las distancias, los tiempos y las personalidades, pero el Yo, Iglesias que sale de Vistaelegre II recuerda en algo a Yo, Claudio, aquella magistral miniserie británica en forma de autobiografía inventada por el emperador romano que narraba los entresijos del poder y en la que tantas veces escuchamos aquello del "Ave, Caesar, ...".

El grito de los gladiadores del "errejonismo", no al entrar sino al salir ya derrotados de la arena de Vistalegre, suena igual al de los luchadores que combatían en la antigua Roma. Temen lo que les espera, tras la inapelable victoria del secretario general y, con ella, la de su entorno más cercano. Nadie confía en que haya clemencia tras una guerra que ha dejado demasiadas heridas y no pocos rencores, pese a que si algo han penalizado las bases ha sido la pelea y el ruido interno.

Iglesias arrasa a un Errejón al que deja tocado y a la espera de destino

En lo inmediato, Vistalegre ha coronado a un Iglesias que sale reforzado tras poner a la organización en la disyuntiva de votarle a él o perderle para siempre. Nunca sabremos si su órdago iba o no de farol, aunque no tenía pinta. El caso es que su estratagema de convertir la votación de los documentos y el equipo de dirección en un plebiscito le ha funcionado. Las bases no estaban dispuestas a perder como líder a quien les llevó de la nada a los 71 escaños, aunque esté por ver si el giro a la radicalidad y las esencias de la vieja izquierda que también han avalado en Vistalegre les devolverá o no a la casilla de salida.

También falta saber si la promesa de Iglesias de acatar el mandato de las bases -unidad- queda en una ofrenda de cara a la galería o si, por el contrario, es capaz de integrar y reconstruir los puentes rotos con el "errejonismo".

Las primeras señales no son muy halagüeñas para la deseada cohabitación pacífica. Nada más anunciarse el triunfo apabullante, el "renacido" se abrazó uno a uno sobre el escenario del Palacio de Vistalegre con todos los miembros del nuevo Consejo Ciudadano, pero los estrujones no fueron idénticos. Los hubo más y menos intensos. Y en el que le unió a Iñigo Errejon no se apreció ni efusividad ni intensidad alguna. Unos segundos, para la foto, y ya. Hizo, después, suyo el clamor por la unidad pero añadió la "humildad" para el propósito de ser útiles, en lo que se entendió como un claro mensaje a su ex número dos.

Suben las apuestas sobre Montero y la posibilidad de que ocupe la portavocía parlamentaria

Aún habría más señales de la distancia que existe entre ambos. Por ejemplo la imagen en la que Iglesias se rodeó de su núcleo duro mientras cantaba L' Estaca de Lluìs Llach y dejaba en segundo plano a un Errejón introspectivo.

Al todavía secretario político le sobraban motivos para mostrarse cariacontencido sobre el escenario cuando Iglesias pronunciaba las primeras palabras tras la reelección. Y es que la distancia emocional entre ambos es más ancha aún que la estratégica o la política. Aun así no será Errejón quien deje el camino libre, no de la secretaría política -que sabe con seguridad que no volverá a ocupar-, sino de la portavocía parlamentaria, que es el puesto en el que le gustaría seguir según él mismo ha confesado. No a cualquier precio, aclaran los suyos.

Las primeras señales no son muy halagüeñas para la deseada cohabitación pacífica

El caso es que el todavía secretario político queda tocado y a la espera de destino mientras Pablo Echenique se consagra como número dos, tras recibir más puntuación que Errejón. Iglesias tiene intención de mantenerle en la secretaría de Organización, donde le situó tras la destitución de Sergio Pascual. Suben las apuestas también sobre Irene Montero y la posibilidad de que sustituya a Errejón como portavoz parlamentaria, una hipótesis que el sector crítico entendería como una "irresponsabilidad absoluta".

Para conocer la configuración de la nueva dirección política y parlamentaria habrá que esperar unos días, pero Iglesias ya ha hecho saber que está dispuesto a corregir la imagen excesivamente masculinizada de los morados en lo que a puestos de responsabilidad se refiere. De momento, las bases le han otorgado un poder casi absoluto. Y pinta en bastos porque está dispuesto a ejercerlo en el sentido más estricto del verbo. Ave, Pablo!

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