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29/12/2018 10:15 CET | Actualizado 29/12/2018 10:15 CET

Bienvenida a España, Pandora

Albert Gea / Reuters

La distopía ya está aquí. Lo podemos comprobar en las conversaciones que se dan en los lugares de ocio, en los supermercados, en el puesto de trabajo; la entrada de Vox en el Parlamento andaluz ha supuesto la cristalización de un proceso de descomposición democrática que llevamos padeciendo como mínimo un lustro. Podemos aseverar sin miedo a equivocarnos que lo peor de nosotros mismos ha llegado para quedarse por un tiempo indeterminado.

La normalización en el debate público del discurso de Vox, contrario a los derechos humanos, es el síntoma que pone de manifiesto el fracaso de la política; y de ese fracaso colectivo, los políticos que dirigen y han dirigido el país tienen buena parte de responsabilidad. La política no se hace a golpe de titular, no debe apostar por el cortoplacismo ni por la irreverencia.

Ciudadanos y el Partido Popular tendrán que explicar dentro de unos meses por qué decidieron blanquear a la extrema derecha. Pero ya dará igual, entonces asistiremos al embrutecimiento de la política como norma. Y así vamos, en espiral, hacia el abismo. Que Ciudadanos quiera hacernos creer que no ha pactado nada con Vox insulta a nuestra inteligencia, y que el PP se vanaglorie del diálogo con esa fuerza política insulta a nuestra dignidad. El encanallamiento de la política se ha convertido, desgraciadamente, en el modus operandi de nuestra clase política dirigente.

Para la derecha, la Constitución Española es una piedra con la que golpear al disidente.

Pero no todos los males liberados del ánfora de Pandora se pueden achacar a la derecha. La izquierda ha seguido un discurso cuanto menos taciturno en lo referente a la igualdad entre españoles orillando explícitamente la Constitución Española en lo referente a Cataluña, achicándola, estableciendo así el diálogo con dicha comunidad autónoma dentro de un marco político viscoso. La izquierda republicana que peleó contra los nacionalismos sin tregua estaría observándonos con impotencia, con rabia ante la traición manifiesta de su legado.

Para la derecha, la Constitución Española es una piedra con la que golpear al disidente, y para parte de la izquierda esa misma Constitución se ha convertido en un texto mayestático, del que hacer una reivindicación expresa en los comunicados con el Gobierno de Cataluña es un hecho sacrílego. La Constitución ha sido entregada así en bandeja a lo peor de nosotros mismos, una vez más.

Despierten: Pandora ya está aquí, exultante. ¿La esperanza seguirá dentro de su ánfora?

Y mientras tenemos que asistir a la exaltación del neofascismo en nuestras instituciones, que utiliza una idea mítica de España para intentar imponer así su modelo totalitario de sociedad; una sociedad sin negros, musulmanes, personas LGTBI y con las mujeres víctimas de violencia machista en permanente desprotección. Y lo peor es que este relato tosco tiene carta de normalidad. Jamás pensé contemplar la normalización de la piara en política. Es realmente desolador.

Ya es tarde para casi todo. España está sumida en una tormenta perfecta que el poder político fomenta y, sorpresivamente, hasta aplaude; un poder político nefando que entrega deliberadamente a España a las fauces del león para mayor gloria y satisfacción de la grada de turno, de este lodazal en el que han convertido las instituciones democráticas. Despierten: Pandora ya está aquí, exultante. ¿La esperanza seguirá dentro de su ánfora?

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