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18/12/2018 07:27 CET | Actualizado 18/12/2018 07:27 CET

La sangre derramada en Yemen

Giles Clarke via Getty Images
Una niña desnutrida en Yemen.

Yemen sufre una situación nefasta en materia de derechos humanos. La guerra civil en el país es más sangrienta que nunca, y las dos partes en conflicto, la del presidente Hadi apoyado por Arabia Saudí, y la de los hutíes y fuerzas aliadas, continúan violando sistemáticamente el derecho internacional de Derechos Humanos y el derecho internacional humanitario.

Naciones Unidas alerta de que la coalición apoyada por Arabia Saudí es la mayor causante de víctimas civiles en el conflicto armado; aunque, lamentablemente, las dos partes en conflicto dejan a su paso un ingente número de víctimas. Ataques a zonas residenciales, ataques de francotiradores, uso de bombas de racimo, ataques a mercados, bodas, infraestructuras públicas y privadas, y un largo etcétera, nos permite afirmar que Yemen sufre una de las peores crisis en materia de derechos humanos de todos los tiempos.

Asimismo, la libertad de expresión está también gravemente mermada; periodistas asesinados o retenidos son la norma más que la excepción. Las organizaciones de derechos humanos están gravemente perseguidas en Yemen, así como también cualquier foro de pensamiento que apueste por los derechos y libertades públicas. En materia de derecho de reunión y asociación, Yemen es, en este momento, un país con graves deficiencias.

Según nos alerta el último informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos del 33º período de Sesiones del Consejo de Derechos Humanos (A/HRC/33/38), en 2016 casi 3600 civiles murieron y más de 6000 resultaron heridos; al menos 7,6 millones de personas (de los cuales, 3 millones son mujeres y niños) sufren actualmente de malnutrición, y al menos 2,8 millones de personas, es decir, más de 400.000 familias, se han visto obligadas a huir debido a la guerra. Y todo esto es consecuencia, en buena medida, de la venta de armas a las partes en conflicto. Alentar la guerra, mirar hacia otra parte u obviar el conflicto, es ser partícipe necesario de graves violaciones de derechos dumanos.

Alerto de un discurso hipócrita por parte de buena parte de los gobiernos europeos y del gobierno estadounidense al respecto de la realidad del conflicto en Yemen.

El ataque indiscriminado a zonas residenciales es, sin duda, el aspecto más preocupante del conflicto abierto en Yemen. Las consecuencias humanitarias son de una gravedad inusitada. La comunidad internacional no puede quedar al margen de esta realidad ni un segundo más y debe actuar en consecuencia y cesar la venta de armas a las partes en conflicto, entre otras cuestiones. La Organización yemení para los Derechos Humanos Mwatana alerta de que el conflicto en Yemen no cesará hasta que se actúe contundentemente en materia de derechos humanos, y se impida la venta de armas a las partes.

El uso de bombas de racimo, y del conjunto de armas en general, hace que las víctimas civiles se incrementen alarmantemente y que el conflicto yemení se recrudezca sin remedio. Concretamente, se hace necesario alertar acerca de que la coalición apoyada por Arabia Saudí ha empleado bombas de racimo fabricadas por Estados Unidos en el conflicto abierto en Yemen, lo que supone una grave violación del derecho internacional en esta materia.

Naciones Unidas ha sido clara en todo momento. En el informe del Alto Comisionado previamente citado (2016) se hace un llamamiento expreso a la comunidad internacional para que "se abstenga de alentar o de armar a las partes en conflicto". Es por esto que no se entiende cómo los estados siguen incumpliendo las recomendaciones y resoluciones del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Denuncio que los estados están haciendo caso omiso, con conocimiento de causa, a las recomendaciones de Naciones Unidas y que, en base a este hecho, deben ser reprobados. Los estados que financian la guerra en Yemen a través de la venta de armas, a sabiendas de que están incumpliendo el informe A/HRC/33/38, son colaboradores necesarios de delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra, y por tanto, deben asumir las consecuencias que de ello se deriven.

Alerto de un discurso hipócrita por parte de buena parte de los gobiernos europeos y del gobierno estadounidense al respecto de la realidad del conflicto en Yemen, que no hace otra cosa sino ahondar en la crudeza del propio conflicto. La comunidad internacional debe actuar, urgentemente. Los gobiernos que miren hacia otra parte, en el mejor de los casos, o que vendan armas a las partes en conflicto, en el peor de ellos, tendrán que explicar dentro de unos años por qué apostaron por la barbarie en vez de por la paz y concordia. Ni las bombas seleccionan a sus víctimas ni dejan indemne a la población civil. Ya basta de banalizar los asesinatos que se producen en Yemen.

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