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20/07/2018 07:13 CEST | Actualizado 20/07/2018 07:13 CEST

Transfobia y gestación subrogada: el caso de Miriam Ruiz

PIXABAY

La familia siempre ha sido uno de los grandes tótems a conquistar por todas las corrientes ideológicas, por todos los dogmas, por todos los 'ismos'. Con el control del modelo de familia se consigue doblegar a la sociedad, adoctrinar y pervertir, entre otras cosas, los afectos. En el señalamiento a la diversidad familiar se encuentra el origen primigenio del bullying, del acoso, del odio.

Miriam Ruiz es una mujer transexual ovetense residente en Alemania. Miriam se casó en 2016 con su ahora exmarido, José Zapata. Juntos decidieron iniciar un proceso de gestación subrogada en Ucrania, que culminó con éxito a mediados de 2017 con sus dos hijos, Aiden y Skye. En Ucrania, Miriam es la madre a todos los efectos de esos niños, en España se debía iniciar un proceso de adopción. Dicho proceso se inició, y a 12 días de su culminación, el exmarido de Miriam decidió llevarse con él a los dos hijos de la pareja, por lo que Miriam no es, en España, la madre de esos niños. El juzgado de Primera Instancia n. 9 de Oviedo desestimó la solicitud de Miriam de recuperar a sus hijos. Miriam ha recurrido y defiende que ha sido un secuestro parental. Yo también defiendo la tesis de Miriam. No me cabe duda, a tenor de los textos y tratados internacionales.

La Observación General 18 del Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas, a cuenta de la no discriminación, ampara a todas luces a Miriam Ruiz. Esta Observación en su punto 7 afirma que "el Comité considera que el término discriminación, tal como se emplea en el Pacto, debe entenderse referido a toda distinción, exclusión, restricción o preferencia que se basen en determinados motivos, como la raza, el color, el sexo, el idioma, la religión, la opinión política o de otra índole, el origen nacional o social, la posición económica, el nacimiento o cualquier otra condición social, y que tengan por objeto o por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades fundamentales de todas las personas". Es evidente que Miriam sufre una clara y evidente discriminación por su condición de mujer transexual, negándosele así la igualdad real y efectiva en el derecho a formar una familia, entre otras violaciones y menoscabos de derechos fundamentales, por motivos evidentes y que explicaré más adelante.

Por otra parte, los Principios de Yogyakarta, dependientes del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas, en su última revisión, afirman en su artículo 24 que "respecto a la gestación subrogada no puede caber discriminación en cuanto a orientación sexual, identidad de género, expresión de género o características sexuales".

Ya basta de fomentar la transfobia y la subrofobia para no enfrentarnos al progreso

El auto desestimatorio de la juez destila transfobia en cada párrafo. Primero afirma que Miriam es una mujer porque "para el ordenamiento jurídico español lo es", pero más tarde dice que en Ucrania la autora (Miriam Ruiz), "ocultó su condición de transgénero". La señora jueza se equivoca con su transfobia. Si Miriam es una mujer a todos los efectos en su país, no ha lugar el comentario posterior: Miriam no ocultó nada porque Miriam es una mujer a todos los efectos, y no caben más comentarios ni especulaciones. Cualquier otra cosa, cualquier otra justificación de su identidad de género, contraviene los derechos humanos, los textos internacionales a este respecto, y, por supuesto, la legislación española y comunitaria.

Nos queda mucho por hacer para seguir rompiendo esquemas y barreras. Miriam es la madre legítima de esos menores y su lucha es la lucha de todos los que creemos en la igualdad real y efectiva. Defender a Miriam es romper las barreras del heteropatriarcado.

Hace tiempo que mujer cisgénero no es la que pare, ni hombre cisgénero es el que fecunda inevitablemente. El caso de Thomas Beatie, el primer hombre embarazado, nos sacó de esta zona de confort que el heteropatriarcado se ha empeñado en meternos entre ceja y ceja. Por suerte, podemos gritar alto y claro que hay diferentes formas de expresión de género, que hay diversos modelos de familia y que la ciencia está al servicio del progreso de la humanidad.

Miriam es una mujer, digna, que ha formado una familia para la que la sociedad no está preparada

Estoy seguro que Miriam recuperará a sus hijos con su recurso judicial, estoy también seguro que se aplicarán los tratados internacionales con más diligencia. Y, sobre todo, estoy seguro que la transfobia, la subrofobia y el odio hacia modelos de familia no normativos son animales mitológicos a extinguir.

Ya basta de señalar a menores de edad y a sus modelos de familia. Ya basta de fomentar la transfobia y la subrofobia para no enfrentarnos al progreso, y para seguir así defendiendo la norma patriarcal de que mujer cis es la que pare y hombre cis el que fecunda. Hace tiempo que muchos superamos esas barreras. Miriam es una mujer, digna, que ha formado una familia para la que la sociedad no está preparada. Sanemos entonces la sociedad, y garanticemos los Derechos Humanos de Miriam, entre ellos, el Derecho a Formar una Familia y el Derecho a no ser discriminada por ello en base a su identidad de género.

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