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27/01/2018 09:12 CET | Actualizado 27/01/2018 09:12 CET

Las niñas de Alcàsser: Nieves Herrero nunca estuvo sola

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El 13 de noviembre de 1992 desaparecieron las niñas de Alcàsser y el 27 de enero de 1993 se hallaron sus cadáveres. Y nosotros los periodistas nos encargamos de ofrecerles esa realidad y desmenuzársela durante meses. Años.

Cuando desaparecieron, los programas de sucesos acababan de arrancar. Ernesto Sáenz de Buruaga estrenó en 1992, en La 2 de TVE, ¿Quién sabe dónde?, que luego heredaría Paco Lobatón, ya en la Primera de TVE. Mientras tanto en Tele 5 (que entonces no era Mediaset) se emitía Hablando seentiende la gente o Su media naranja. Antena 3 (que entonces no era Atresmedia) inauguraba con Nieves Herrero al frente, De tú a tú, donde todo era emoción y sentimientos.

Nieves Herrero pasó a ser la culpable de todo, como si el resto nos hubiéramos quedado de brazos cruzados. Pero no lo hicimos.

Nieves Herrero pasó a ser la culpable de todo, como si el resto nos hubiéramos quedado de brazos cruzados. Pero no lo hicimos.

Voy a hablarles de Alcásser. De las niñas y de nosotros los periodistas.

Yo trabajaba entonces en un periódico. Allí me pilló la desaparición, la búsqueda, el hallazgo de los cadáveres y TODO lo que vino después. No escribí de otra cosa durante meses. Creo que debimos estar un año entero. Cuando se celebró el juicio contra Miguel Ricart, en 1998, ya estaba currando en la tele. En ambos momentos me dediqué a la causa. Así que conozco el suceso bien: me encargué de destriparlo y tocar hueso.

La noche en que Nieves Herrero quemó las naves yo estaba allí, en aquel edificio de la Societat Musical de Alcásser, que Antena 3 había alquilado a toda prisa para emitir en directo De tú a tú con 1000 periodistas de todo el país que queríamos tener lo mismo que ella tenía. Ella había sido más rápida, más lista, más agresiva, más productiva, más periodista intrépida. Mientras, nuestros jefes, o los pacos lobatones, como si de la voz de la conciencia se tratara, nos decían: «Tú también tendrías que conseguir esa entrevista, esa declaración, también podrías hacerte con ese familiar y sentarlo frente a la cámara de televisión o de fotos y bombardearlo hasta que llorara. Tú también. ¿Por qué ella lo ha conseguido y tú no?».

Esto, y ninguna otra cosa, es lo que pensábamos los que estábamos a allí. Y si no lo pensábamos nosotros lo hacían nuestros jefes, nuestros productores, nuestros directores, nuestros ejecutivos para pensarlo. Conseguir aquello era un logro, un tanto, un beneficio neto, un beneficio industrial, un momento histórico para el periodismo de sucesos. No lograrlo era, simplemente, un fracaso.

Años después de aquella noche tuve una conversación tranquila (tuve muchas, pero recuerdo esa especialmente) con Fernando García, el batallador padre de Miriam, una de las niñas asesinadas. Le pregunté por qué aquella noche se subió a la tarima para responder, en medio del dolor total que tenía, a una Nieves compungida, y qué sintió después, cuando aquel hecho fue tan atacado. Me contestó que Nieves había hecho mucho por ellos durante la búsqueda, más que ningún otro periodista, que él le había prometido que sería la primera en saberlo cuando todo se aclarara (para bien o para mal).

Cuando llegó de Londres aquel día, Antena 3 lo estaba esperando en el aeropuerto con un coche y él se subió y se dejó llevar. Él y los suyos se dejaron arrastrar por lo que creían que debía ser el final justo, aunque triste, de la película. La propia Nieves apeló a todo esto aquella noche. Y muchos años después dijo abiertamente que aquel programa "fue un error de pies a cabeza".

¿Utilizó Nieves Herrero a los familiares, al pueblo entero? ¿Se aprovechó de su popularidad, de sus antecedentes? Sin duda. Lo hizo ella y lo hicimos todos. El resto hicimos menos, sencillamente porque no pudimos, o no supimos, hacer más.

Vendrán ahora muchos colegas a decirme que hable por mí, que ellos también estuvieron allí y que en absoluto tienen esta visión. Bueno. Si alguno puede, que me diga un solo nombre de un solo director, jefe inmediato que aquella noche de autos advirtiera así a sus periodistas desplazados a Alcásser: «Mucho ojo, este tema es muy delicado y nos podemos estar pasando de la raya. Si no quieren hablar los padres, no te preocupes, tú no fuerces nada, no utilices el dolor ajeno, ni las pocas luces de algunos familiares, ni lo apabullados que se encuentran, para conseguir la entrevista. Te vuelves con lo que tengas. Tú eres un profesional y ya sabes lo que hay que hacer». Eso, o cualquier cosa parecida. Venga.

Nieves Herrero localizó a Fernando en Londres el día en que encontraron muertas a las niñas, el día del tremendo programa de televisión. Y es verdad que su equipo persiguió sin tregua a los familiares. Si acudías a casa de Miriam, allí estaba un enviado de Antena 3; si ibas al aeropuerto, allí estaban los productores de Antena 3 esperando a Fernando para subirlo en el Mercedes, custodiarlo y tener así la seguridad de que por la noche iba a estar con ellos sin conceder otras entrevistas. Era un acuerdo.

Paco Lobatón, que también estaba allí aquella noche, pero que salió mejor parado de la críticas, también consiguió algunas perlas, pero en fin, no era lo mismo. Aún así, en cuanto a términos de audiencia se refiere, logró un primer puesto con 8.692.000 espectadores. El segundo, pese a todo ("Me he pasado el día vomitando", dijo Nieves Herrero poco después) fue para Antena 3 con unos seis millones. La fuerza de la pública en aquel momento era mayor.

La prensa escrita es menos escandalosa que la tele porque necesita menos fastos para existir. La televisión requiere focos, cables y que el señor o la señora lloren justo en el momento del directo o cuando la cámara los enfoque. Para lograr eso hay que hacer más esfuerzos, cruzar más límites, ser menos austero, menos comedido, más indiscreto, más exagerado. Ésa era la diferencia aquella noche entre los que escribíamos y los que grababan.

Las televisiones se pasaban a las amigas, a los parientes menores, a los vecinos alterados. A los que les había dejado Herrero. Iban de un micrófono a otro, de un set a otro, repitiendo frases, lágrimas, quejidos. Forzados algunos por nosotros mismos, naturales otros.

Y llegó el 11 de mayo de 1997, cuatro años después: ese día arrancó en Valencia el juicio contra el único acusado hallado hasta el momento: Miguel Ricart. Y entonces los lobos fueron: Tele 5 con Pepe Navarro y «Esta noche cruzamos el Mississippi», y Canal 9 con «El juí del cas Alcàsser», un programa diario de más de dos horas que cubría y recubría la vista que se celebraba en Valencia. Yo estaba allí, trabajando, en aquel programa de la tele pública autonómica.

Recuerdo que lo que en realidad había querido el director de Canal 9, Jesús Sánchez Carrascosa, era emitir el juicio en directo. El presidente de la Sala se lo negó, pero él no se rindió. El informativo llevaba diariamente un resumen del juicio, y luego durante la tarde, en pleno horario infantil, nosotros machacábamos de nuevo con Miguel Ricart diciendo, con Miguel Ricart negando, con su hermana Encarnita en el plató, con Kelly, la hermana de Antonio Anglés, convenientemente disfrazada para no ser reconocida, también en el plató (ambas cobraban una cantidad semanal por venir al programa). Y por supuesto Fernando y Juan Ignacio, el criminólogo. Y otros tantos invitados que contaban y volvían a contar, que especulaban, mediatizaban, comentaban, herían, recordaban lo que no se debía recordar.

Un dato elocuente. Una de esas tardes/noches, Enrique Anglés, un de los ochocientos hermanos de Anglés, un enfermo mental, por cierto, estuvo en la tele y dijo cosas. Al día siguiente fue a declarar al juicio y dijo otras.

Entonces, el fiscal Enrique Beltrán, le reconvino:

- Usted ayer por la noche decía una cosa y hoy está diciendo la otra.

- Sí, respondió Enrique, pero eso es la tele y esto es un juicio.

Ese programa lo levantábamos cada tarde periodistas, periodistas de verdad. Y cada tarde, cuando acabábamos, disponíamos un taxi a toda velocidad para llevar a Fernando y Juan Ignacio al aeropuerto. Cada noche acudían en avión a Madrid (eran tiempos sin AVE), después de nuestro espacio para nutrir otro, repetir lo mismo o descubrir novedades turbias en el programa de Pepe Navarro, en Tele 5. Aquí una de las barbaridades que se dijeron por la tarde en Valencia y por la noche en Madrid.

Una de esas noches se emitía Tómbola, formato inventado por el director de Canal 9, Jesús Sánchez Carrascosa (que, por cierto, venía de ser jefe de gabinete de Zaplana). No recuerdo por qué, lo que sí recuerdo es que nos pidió, como quien no quiere la cosa: «A ver si podéis hacer algo para que esta noche no vayan a Tele 5, que tenemos programa y el "Mississippi" nos quitará audiencia».

Él dirá que era broma. A mí no me lo pareció. No hicimos nada, en cualquier caso, estad tranquilos. Tómbola gozaba de buena salud. Se había estrenado por todo lo alto el 13 de marzo de ese año, con aquella invitada estelar, Chabeli Iglesias, largándose del plató tras llamar 'gentuza' a los invitados. Inaugurando un formato histórico, por cierto. Pura televisión pública.

Tras las niñas de Alcássser llegaron Rocío Wanikoff, Marta del Castillo, Asunta Basterra o Diana Quer. Y aquí seguimos ofreciendo "lo que el público reclama"

Y DESPUES, ¿QUÉ?

Han pasado 25 añosdesde aquel día en que Nieves Herrero se pasó sola al otro lado. Tras las niñas de Alcássser llegaron Rocío Wanikoff, Marta del Castillo, Asunta Basterra o Diana Quer. Y aquí seguimos ofreciendo "lo que el público reclama". Dando información detallada que nada importa para el caso, que de nada sirve. Ahora no hay una sola Nieves. Ni un par de teles. Ahora hay centenares de Nieves y centenares de medios, formas y maneras. Esa es la diferencia.

Acabemos con algunos ejemplos y hagamos de la anécdota categoría.

Caso Marta del Castillo

La Noria llevó al plató a Rosalía, la madre del Cuco, encubridor del supuesto asesino de Marta del Castillo. Jordi González salió al paso de las críticas y juró por su madre que sentía mucho el asesinato de la joven.

Caso Asunta

Titulares de distintos especiales de Antena 3 y Tele 5, conducidos por Nacho Abad y Sandra Barneda. Casi todas las noticias son vendidas como exclusivas:

"La madre de Asunta fue a la peluquería 24 horas antes del asesinato de su hija".

"¿Dónde están las alfombrillas del coche de la madre de Asunta?",

"Una testigo confirma que no trataba bien a su hija", leemos. Lo que vemos es a la reportera de Antena 3 hablando con la farmacéutica a quien se supone que Rosario había comprado las pastillas. La farmacéutica de espaldas, no quiere dar la cara y no recuerda bien las pastillas, pero sí la actitud de la madre. No, no la conocía. No, no la había visto más veces.

Caso Diana Quer

Es imposible resumir aquí TODA la desmesura. Voy a quedarme con algo sútil, esta vez es un titular en un periódico, no una imagen grotesca de la tele: 'El error de «El Chicle»: No quitó el móvil a Diana antes de meterla en el maletero'.

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