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30/04/2018 07:35 CEST | Actualizado 30/04/2018 07:35 CEST

No quiero a mis hijos por igual

Escrito por Casey Huff

"¿A quién quieres más?". Mis hermanos y yo le hemos debido de hacer esta pregunta a mi madre unos cuantos miles de veces a lo largo de los años.

Pero nunca respondía. Nuestra madre jamás dejó escapar ni la más mínima sílaba. Su mirada jamás la delató, ni por un momento.

Siempre que preguntábamos se le quedaba cara de póker y su mirada brillaba a la par que nos aseguraba que nos quería a los tres por igual. Nunca nos dimos por satisfechos y seguimos preguntando, pero su respuesta era siempre la misma.

Este recuerdo me vino a la mente hace unos dos años, cuando pasé de ser madre de un hijo a, de repente, convertirme en madre de dos. Era una pregunta que me venía a la mente de forma instantánea.

Me venía a la mente en plena noche, cuando estaba apoyada en el marco de la puerta de la habitación de mi hijo, contemplando cómo respiraba tranquilamente. Parecía que su respiración me daba la vida.

Me venía a la mente cuando observaba a mi pequeño correr desenfrenadamente entre los aspersores y sentía que me invadía la felicidad.

Me vino a la mente por primera vez en el segundo en el que vi cómo se dibujaban dos líneas rosas en la prueba de embarazo.

La verdad es que no quiero a mis hijos por igual. Pero ahora me he dado cuenta de que ese no es el objetivo. Mi amor hacia ellos es único.

Ese pensamiento hacía que me sintiera consumida por el miedo: ¿Qué pasa si no quiero a mis niños por igual? Esa pregunta me atormentó continuamente a lo largo de mi segundo embarazo.

La preocupación me quitaba el sueño noche tras noche, y yo daba vueltas en la cama preguntándome cómo iba a hacer espacio en mi corazón para otra persona.

El sentimiento de inquietud me hizo llorar de camino al hospital tras dejar a nuestro hijo mayor en el colegio. La próxima vez que le viera se habría convertido en un hermano mayor, y yo me preguntaba cómo iba a conseguir sentir el mismo amor por el nuevo que por él.

Al igual que con muchas otras cosas, si hubiera sabido entonces lo que sé ahora, no me habría preocupado en absoluto.

Cuando nació el segundo niño, mi corazón aumentó de manera exponencial en un solo instante, superando todas mis expectativas. Quería a mi nuevo hijo con todo mi corazón. ¿Y a su hermano mayor? De hecho, era como si le quisiera incluso más que antes.

La verdad es que no quiero a mis hijos por igual, para nada. Pero ahora me he dado cuenta de que ese no es el objetivo. Mi amor hacia ellos es único, al igual que ellos son únicos.

Quiero a mi hijo mayor por ser una réplica perfecta del mejor hombre que conozco: su papá.

Quiero al pequeño por ver cómo su sonrisa imita a la mía y deja entrever el hueco entre sus dos incisivos.

Quiero al mayor porque es mi compinche y siempre está dispuesto a explorar y embarcarse en aventuras.

Les quiero a los dos, igual que me gustan el día y la noche, no a uno más que a otro. Les quiero lo mismo, pero por distintas cosas.

Quiero al pequeño por su cercanía, por cómo se acurruca en mi pecho y deja caer todo su peso sobre mí.

Quiero al mayor por cómo le brillan los ojos y la forma en que demuestra su ingenio.

Quiero al pequeño por cómo le brillan los ojos cuando se gira a contemplar el mundo que le rodea.

Quiero al mayor por su valor, y al pequeño por su ternura.

"¿A quién quieres más?". La misma pregunta de siempre, la que le hacíamos a mi madre todos los días. Solo que ahora soy yo quien sonríe y no dice nada.

Por mucho tiempo pensé que mi madre tenía un favorito entre los tres hermanos. Sin embargo, cuando fui madre me di cuenta de la sinceridad que había tras esa respuesta diplomática que siempre nos daba.

Ahora lo entiendo. De verdad.

¿Y a mis hijos? Les quiero a los dos, igual que me gustan el día y la noche, no a uno más que a otro. Les quiero lo mismo, pero por distintas cosas.

Este artículo fue publicado originalmente en 'Motherly', apareció posteriormente en el 'HuffPost' Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por María Ginés Grao.

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