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31/03/2018 10:18 CEST | Actualizado 31/03/2018 10:18 CEST

La Operación 'Zelig' de Pablo Casado, el Albert Rivera del PP

CARLOS PINA

Se ha abierto la veda. El PP necesita caras nuevas que puedan competir con Albert Rivera y la juventud que exhala Ciudadanos. 2019 será el año de las elecciones municipales, unas cuantas autonómicas y ¿quién sabe?, si a Rajoy le diera un aire, puede que hasta generales. A este contexto se suma la delicada situación de Cristina Cifuentes con su master, a quien en el partido tienen muchas ganas por no haber disculpado al sector corrupto.

Los líderes de Ciudadanos y PSOE, Albert Rivera y Pedro Sánchez son lucidos, en físico y en edad. Es en ese hueco donde la generación entre 35 y 45 años ha visto en Pablo Casado a un político con recorrido, como para hacer frente a la sangría de votos del PP. Y Casado, si algo ha demostrado a lo largo de los años, es que tiene una capacidad similar a la de Woody Allen en 'Zelig' para mudar de piel como un camaleón. La última tendencia en los partidos de presumir de mujeres ha sacado a la palestra el nombre de Ana Pastor aunque puede ser pasajero.

El grupo de apoyo a Casado está convencido de que tiene un perfil ideal para medirse con Rivera, pues es eficaz en el cumplimiento de un plan preestablecido

"Si vamos a cambiar de candidato habría que romper generacionalmente. El próximo aspirante del PP a La Moncloa va a tener que gobernar aliado con otro líder. Está claro que un solo partido no podrá hacerlo en solitario. No me imagino a la vicepresidenta Soraya, acostumbrada a manejarse libremente, compartiendo La Moncloa. Es imposible que sea ella", insiste un dirigente popular más joven que la media y que forma parte del grupo en torno al vicesecretario de comunicación, que crece al mismo ritmo que bajan los datos de los sondeos para horror de la calle Génova.

Cada nueva encuesta vuelve a poner el dedo en la llaga sobre la continuidad de Rajoy. "Políticamente es el mejor, pero los votantes se nos están escapando a Ciudadanos. Hay una parte del discurso de Rivera que es imposible que Rajoy pueda reproducir: el de la regeneración. Habría que plantearse un cambio si queremos conservar el Gobierno", explica un diputado popular de mediana edad, muy nervioso como la mayoría de sus colegas ante la posibilidad de tener que desalojar su escaño la próxima legislatura.

Mientras los nombres de Saénz de Santamaría, la mejor valorada del Gobierno por el CIS, y del eterno delfín Alberto Núñez Feijoo son fijos en las quinielas, surgen nuevos nombres como el de Ana Pastor, presidenta del Congreso y del círculo de confianza del presidente. "Es muy concienzuda y política, pero a la gente que ha trabajado con ella les exige por encima de lo humanamente posible", advierte una compañera que en alguna ocasión ha padecido su talante.

La idea de que los populares tienen una sede hasta en el pueblo más recóndito del país es una de las escasas esperanzas a las que se agarran los que han decidido mantener la calma ante la ola de inquietud que recorre al partido. Y aunque Ciudadanos carece de la suficiente implantación nacional, en los últimos tiempos se está volcando en recorrer las zonas rurales y en presentar en las sesiones de control preguntas sobre la despoblación de España y otras cuestiones dirigidas fundamentalmente a seducir a ese votante que todavía está en poder del PP.

El grupo de apoyo a Casado está convencido de que tiene un perfil ideal para medirse con Rivera, pues es eficaz en el cumplimiento de un plan preestablecido. El único temor, que le corten la cabeza antes de tiempo.

Hay un movimiento importante en torno a Pablo Casado. Él tiene ganas, pero igual no le dejan

"Hay un movimiento importante en torno a Pablo Casado. Él tiene ganas, pero igual no le dejan. Si te fijas, quienes tienen criterio y vida propia, como Alfonso Alonso, han sido convenientemente alejados. No me atrevería a señalar a Soraya, aunque cuando se le envió al País Vasco muchos en el partido vieron su mano", comenta una diputada, afín al aspirante a la alcaldía de Madrid.

Entre sus partidarios existe la convicción de que la alcaldía de Madrid es un buen trampolín para dar el salto a Moncloa. No hay más que ver el apoyo incondicional que Casado presta a Cristina Cifuentes, presidenta del partido en Madrid, en redes sociales como este tweet del 20 de marzo:

La razón es que necesita el apoyo de Cifuentes -o no, veremos qué ocurre con las notas del master- para lograr la proeza de devolver al partido el ayuntamiento, que durante 24 años estuvo en poder del PP. Quién le iba a decir cuando era el niño bonito de Esperanza Aguirre que acabaría teniendo que posicionarse del lado de su enemiga sin despeinarse. Pues eso, camaleónico.

Los más veteranos del Congreso le recuerdan cuando desembarcó en la carrera de San Jerónimo. "Pablo Casado era un pijo traidorzuelo del sector Aznar. Aupado por Esperanza Aguirre. Ésta, Aznar y Botella fueron a su boda en 2009, que fue todo un acontecimiento en Elche. Se fue trasladando de bando poco a poco, al ver que con sus padrinos no tenía futuro. "Se le admitió con ciertas reservas, pero por otro lado venía bien, pues tenía una cosa muy valorada en cualquier partido: habla inglés con la fluidez de quien ha estudiado allí", relata un diputado que vivió cerca de él esa época.

La fidelidad a su jefe del momento y su valor para cambiar de criterio según sople el viento son virtudes que sus seguidores ven necesarios

Caída ya Aguirre en desgracia y cuando Rajoy trataba de mantener un pacto de no agresión con Aznar, dejándole una cuota de diputados afines en el parlamento, Casado logró acta en 2011.

"Cuando llegó de diputado se había quedado solo como la una, nadie confiaba en él. Todo el mundo sabía que era el espía de Aguirre. Es muy de convicciones como ella. Estaba muy seguro por aquel entonces de que la UE era un error y ahora la defiende a capa y espada. Trabajaba bien, era leal y cumplía los encargos de hacerse amigo de quien tocase. Era de 10 siempre. Algunos de los sorayos le llamaban el pijo porque le consideraban de otra camada", recuerda un analista de Génova.

La fidelidad a su jefe del momento y su valor para cambiar de criterio según sople el viento son virtudes que sus seguidores ven necesarios. Si se suma el físico y su enorme simpatía y buen talante, se unen las cualidades necesarias para dar la batalla a Rivera. Los populares critican y alaban a la vez al líder de Ciudadanos por su facilidad para convertirse hoy en adalid de una causa y cinco minutos después defender la contraria.

Claro que todos estos movimientos, algo más sibilinos que el lanzamiento de nombres femeninos como el de Ana Pastor al hilo del 8-M, por no hablar de Soraya, dependerán siempre del actual inquilino de La Moncloa, de nombre Mariano Rajoy. Y no es moco de pavo.

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